El golpe de Pinochet, Socompa y el exilio. Por José Pommereck


Carlitos Loyola fue el primero en preguntar por qué se suspendían las clases, y no era un fanático de la escuela o un come libros. Él estaba encantado de volver a su casa a media tarde. Desde la segunda fila lo miré asombrado sin escuchar la respuesta del profesor, porque me pareció que mi amigo ya sabía lo que pasaba, aunque el epicentro de la tragedia ocurriera mil kilómetros al sur. Y no era precisamente un terremoto de lo que estábamos hablando. En realidad el discurso del profe era muy confuso: que si había muerto el presidente de Chile, que si La Moneda había sido destruida, que si los militares iban a poner orden a tanto despelote. O sea que no entendíamos nada salvo Carlitos que a sus quince años ya sabía por qué Salvador Allende había nacionalizado el cobre para que fuera de los chilenos y que su papá, ingeniero de la mina, se había puesto muy contento cuando aquello. Sigue leyendo