‘Contra una vuelta a la normalidad’. Por 200 personalidades de la cultura y la ciencia mundiales


200 personalidades de la cultura y de la ciencia, lideradas por la actriz Juliette Binoche y el astrofísico Aurélien Barrau, lanzan un manifiesto por un cambio de sistema económico y social, que ya han firmado Pedro Almodóvar, Javier Bardem, Penélope Cruz, Cate Blanchett, Robert de Niro o Madonna

La pandemia de la covid-19 es una tragedia. Sin embargo, esta crisis tiene la virtud de invitarnos a que nos enfrentemos a las preguntas esenciales.

El balance es sencillo: los “ajustes” ya no son suficientes, el problema es sistémico.

La actual catástrofe ecológica forma parte de una metacrisis: ya nadie duda de la extinción masiva de la vida en la Tierra y todos los indicadores anuncian una amenaza directa para nuestras existencias. Más que de una pandemia, por grave que esta sea, se trata de un colapso global cuyas consecuencias serán desmedidas.

En consecuencia, llamamos solemnemente a los dirigentes y a los ciudadanos a salir de la lógica insostenible que aún prevalece, para trabajar por fin en una refundación profunda de nuestros objetivos, valores y economías. El consumismo nos ha llevado a negar la propia vida: la de las plantas, la de los animales y la de un gran número de humanos. La contaminación, el calentamiento global y la destrucción de los espacios naturales conducen al mundo a un punto de ruptura. Por estas razones, sumadas a una desigualdad social cada vez mayor, nos parece impensable “volver a la normalidad”. La transformación radical que se requiere, a todos los niveles, exige audacia y coraje. No tendrá lugar sin un compromiso masivo y determinado. ¿Cuándo llegarán los actos? Es una cuestión de supervivencia, tanto como de dignidad y de coherencia.

Firmantes del artículo, aparecido originalmente en Le Monde:

Lynsey Addario, reportera ; Isabelle Adjani, actriz ; Roberto Alagna, cantante lírico ; Pedro Almodovar, director de cine ; Santiago Amigorena, escritor ; Angèle, cantante ; Adria Arjona, actriz ; Yann Arthus-Bertrand, fotógrafo, director de cine ; Ariane Ascaride, actriz ; Olivier Assayas, director de cine ; Josiane Balasko, actriz ; Jeanne Balibar, actriz ; Bang Hai Ja, pintor ; Javier Bardem, actor ; Aurélien Barrau, astrofísico, miembro honorario del Instituto Universitario de Francia ; Mikhail Baryshnikov, bailarín, coreógrafo ; Nathalie Baye, actriz ; Emmanuelle Béart, actriz ; Jean Bellorini, director de teatro ; Monica Bellucci, actriz ; Alain Benoit, físico; Charles Berling, actor ; Juliette Binoche, actriz ; Benjamin Biolay, cantante ; Dominique Blanc, actriz ; Cate Blanchett, actriz ; Gilles Bœuf, expresidente del Museo Nacional de Historia Natural; Valérie Bonneton, actriz ; Aurélien Bory, dramaturga ; Miguel Bosé, actor, cantante ; Stéphane Braunschweig, director de teatro; Stéphane Brizé, director de cine ; Irina Brook, directora de teatro ; Peter Brook, director de teatro ; Valeria Bruni Tedeschi, actriz, director de cine ; Khatia Buniatishvili, pianista ; Florence Burgat, filósofa, directora de investigación en el Inrae;; Guillaume Canet, actor, director de cine ; Anne Carson, poeta y escritora; Michel Cassé, astrofísico ; Aaron Ciechanover, Premio Nobel de Química; François Civil, actor ; François Cluzet, actor ; Isabel Coixet, directora de cine ; Gregory Colbert, fotógrafo, director de cine ; Paolo Conte, cantante ; Marion Cotillard, actriz ; Camille Cottin, actriz ; Penélope Cruz, actriz ; Alfonso Cuaron, director de cine ; Willem Dafoe, actor ; Béatrice Dalle, actriz ; Alain Damasio, escritor; Ricardo Darin, actor ; Cécile de France, actriz ; Robert De Niro, actor ; Annick de Souzenelle, escritora ; Johann Deisenhofer, Premio Nobel de Química ; Kate del Castillo, actriz ; Miguel Delibes Castro, biólogo de la Real Academia de Ciencia ; Emmanuel Demarcy-Mota, director de teatro ; Claire Denis, directora de cine ; Philippe Descola, antropólogo, medalla de oro del CNRS ; Virginie Despentes, escritora ; Alexandre Desplat, compositor ; Arnaud Desplechin, director de cine ; Natalie Dessay, cantante lírica ; Cyril Dion, escritor, director de cine ; Hervé Dole, astrofísico; Adam Driver, actor ; Jacques Dubochet, Premio Nobel de Química; Diane Dufresne, cantante ; Thomas Dutronc, cantante ; Lars Eidinger, actor ; Olafur Eliasson, escultor ; Marianne Faithfull, cantante ; Pierre Fayet, miembro de la Academia de ciencias; Abel Ferrara, director de cine ; Albert Fert, Premio Nobel de Física ; Ralph Fiennes, actor ; Edmond Fischer, Premio Nobel de Medicina; Jane Fonda, actriz ; Joachim Frank, Premio Nobel de Química; Manuel Garcia-Rulfo, actor ; Marie-Agnès Gillot, bailarina ; Amos Gitaï, director de cine ; Alejandro Gonzales Iñarritu, director de cine ; Timothy Gowers, medalla Fields de matemáticas ; Eva Green, actriz ; Sylvie Guillem, bailarina ; Ben Hardy, actor ; Serge Haroche, Premio Nobel de Física; Dudley R. Herschbach, Premio Nobel de Química; Roald Hoffmann, Premio Nobel de Química; Rob Hopkins, fundador de Ciudades en transición; Nicolas Hulot, presidente de honor de la Fundación Nicolas Hulot para la Naturaleza y el Hombre; Imany, cantante ; Jeremy Irons, actor ; Agnès Jaoui, actriz, directora de cine ; Jim Jarmusch, director de cine ; Vaughan Jones, medalla Fields de matemáticas; Spike Jonze, director de cine ; Camélia Jordana, cantante ; Jean Jouzel, climatólogo, premio Vetlesen ; Anish Kapoor, escultor, pintor ; Naomi Kawase, directora de cine ; Sandrine Kiberlain, actriz ; Angélique Kidjo, cantante ; Naomi Klein, escritora ; Brian Kobilka, Premio Nobel de Química; Hirokazu Kore-eda, director de cine ; Panos Koutras, director de cine ; Antjie Krog, poeta ; La Grande Sophie, cantante ; Ludovic Lagarde, director de teatro ; Mélanie Laurent, actriz ; Bernard Lavilliers, cantante ; Yvon Le Maho, ecofisiólogo; Roland Lehoucq, astrofísico ; Gilles Lellouche, actor, director de cine ; Christian Louboutin, creador ; Roderick MacKinnon, Premio Nobel de Química; Madonna, cantante ; Macha Makeïeff, directora de teatro; Claude Makélélé, futbolista ; Ald Al Malik, rapero ; Rooney Mara, actriz ; Ricky Martin, cantante ; Carmen Maura, actriz ; Michel Mayor, Premio Nobel de Física; Médine, rapero ; Melody Gardot, cantante ; Arturo Menchaca Rocha, físico, expresidente de la Academia de Ciencias de México ; Raoni Metuktire, jefe indio de Raoni ; Julianne Moore, actriz ; Wajdi Mouawad, director de teatro, autor ; Gérard Mouroux, Premio Nobel de Física; Nana Mouskouri, cantante ; Yael Naim, cantante ; Jean-Luc Nancy, filósofo ; Guillaume Néry, campeón del mundo de apnea; Pierre Niney, actor ; Michaël Ondaatje, escritor ; Thomas Ostermeier, director de teatro ; Rithy Panh, director de cine ; Vanessa Paradis, cantante, actriz ; James Peebles, Premio Nobel de Física; Corine Pelluchon, filósofo ; Joaquin Phoenix, actor ; Pomme, cantante ; Iggy Pop, cantante ; Olivier Py, director de teatro ; Radu Mihaileanu, director de cine ; Susheela Raman, cantante ; Edgar Ramirez, actor ; Charlotte Rampling, actriz ; Raphaël, cantante ; Eric Reinhardt, escritor ; Residente, cantante ; Jean-Michel Ribes, director de teatro ; Matthieu Ricard, monje budista ; Richard Roberts, Premio Nobel de Medicina ; Isabella Rossellini, actriz ; Cecilia Roth, actriz ; Carlo Rovelli, físico, miembro de honor del Instituto Universitario de Francia; Paolo Roversi, fotógrafo ; Ludivine Sagnier, actriz ; Shaka Ponk (Sam et Frah), cantantes ; Vandana Shiva, filósofo, escritor ; Abderrahmane Sissako, director de cine ; Gustaf Skarsgard, actor ; Paolo Sorrentino, director de cine ; Sabrina Speich, oceanógrafa ; Sting, cantante ; James Fraser Stoddart, Premio Nobel de Química; Barbra Streisand, cantante, actriz, directora de cine ; Malgorzata Szumowska, directora de cine ; Béla Tarr, director de cine ; Bertrand Tavernier, director de cine ; Alexandre Tharaud, pianista ; James Thierré, director de teatro, bailarín ; Mélanie Thierry, actriz ; Tran Anh Hung, director de cine; Jean-Louis Trintignant, actor ; Karin Viard, actriz ; Rufus Wainwright, cantante ; Lulu Wang, directora de cine ; Paul Watson, escritor ; Wim Wenders, director de cine ; Stanley Whittingham, Premio Nobel de Química; Sonia Wieder-Atherton, chelista ; Frank Wilczek, Premio Nobel de Física; Olivia Wilde, actriz ; Christophe Willem, cantante ; Bob Wilson, director de teatro ; Lambert Wilson, actor ; David Wineland, Premio Nobel de Física; Xuan Thuan Trinh, astrofísico ; Muhammad Yunus, economista, Premio Nobel de la Paz; Zazie, cantante.

Un pensamiento en “‘Contra una vuelta a la normalidad’. Por 200 personalidades de la cultura y la ciencia mundiales

  1. Me pregunto qué clase de anormalidad es la que reivindican estos bienintencionados y admirados firmantes, amantes del arte y del realismo mágico (algunos también del surrealismo). Se suponía que el desarrollo cognitivo de nuestra especie era para emanciparse de un mundo caótico, para planificar anticipadamente las coordenadas básicas de su

    del proceso vital, para garantizar derechos a todos los individuos y para lograr un control interno basado en el conocimiento científico frente a todos los acontecimientos vitales (incluida la muerte). El hecho de que sigamos viviendo en un mundo caótico y que busquemos respuesta a muchas preguntas en la fantasía de la religión demuestra lo poco que hemos avanzado en nuestra relación con la naturaleza y nosotros mismos tras milenios de barbarie.

    Hasta qué punto tenemos claro de qué clase de normalidad nos queremos emancipar? En la nueva normalidad, el acto de llamar a la vida a más seres humanos a través de la procreación, la conducta más relevante con diferencia, se seguirá haciendo sin ningún tipo de garantías sociales y ambientales? Entre las cosas que ha destapado la pandemia, figura que 2000 millones de trabajadores operan en la economía informal, sin derechos de ningún tipo y una pavorosa vulnerabilidad, que les ha llevado a la disyuntiva de tener que elegir entre morir de hambre o de la enfermedad vírica. Se trata de la mitad de la población trabajadora del planeta, que vive en un mundo de penumbra, alegalidad y precariedad, no sólo en el ámbito laboral y todo lo que implica en supuestos de enfermedad, minusvalías o vejez sino también de derecho a la vivienda, educación o incluso legalidad civil, como los millones de venezolanos que ni cédula de identidad tenían antes de Chávez, equiparados al nivel de la fauna silvestre.

    Si de verdad nos queremos emancipar de la normalidad global, habría que empezar por otorgar a la procreación el máximo rango legal, social y cultural, que nunca tuvo por “exigencia de guión”, desde el momento en que garantizar los derechos de todos los miembros de la comunidad en armonía con el entorno (como han hecho siempre los bosquimanos del Kalahari y otras culturas) dejó de tener carácter prioritario y el hombre y su capacidad procreadora fueron esclavizadas al servicio de unos pocos privilegiados y su ambición de alcanzar máxima expresión y desarrollo como individuos. Desde el minuto cero de la nueva normalidad, los nacimientos tendrían que contar con todas las garantías sociales y ambientales, por lo que tendrían que ser deseados, responsables y planificados, recurri’endose a una huelga de vientres planetaria en caso contrario pues el derecho a la paternidad no puede ser superior al derecho a una vida digna.

    Del capitalismo y su versión más devastadora (el neoliberalismo) hemos destacado a menudo muchos aspectos negativos pero hay uno al que no se le ha dado la importancia que merece: ser un modelo de crecimiento exponencial. Ello tiene graves implicaciones. Gracias a que nuestra especie produce una generación cada 20 años y a que cada día más personas son conscientes de que la paternidad debe ser ejercitada de forma deseada y responsable, todavía no nos hemos extinguido. Si produj’eramos una generación cada 20 minutos ( como los virus y las bacterias) nos habríamos extinguido a los pocos días de dar comienzo la era del capitalismo, al ser un modelo de crecimiento exponencial (y de forma especial con el desarrollo tecnológico actual, que pone al alcance del hombre todos los recursos del planeta en las tres dimensiones y en el corto plazo).

    Nos podemos considerar inmensamente afortunados de no tener una tasa reproductiva como la de los microorganismos, pues los capitalistas, con cerebro de bacteria, lo habrían agotado todo hace mucho tiempo de haber existido suficiente fuerza de trabajo y consumo. Nos guste o no, lo que somos a nivel cognitivo y a nivel evolutivo como especie se lo debemos a nuestra baja tasa reproductiva y a que necesitamos 20 años de madurez y aprendizaje para ser adultos. Imaginemos lo que podríamos ser ahora de haber profundizado en una procreación responsable y en armonía con el medio ambiente.

    El fallo de la célula maligna capitalista reside en la fórmula: D-M-D’, que significa inversión de capital en medios de producción para multiplicar aquel, a ser posible de forma exponencial, sin que importen las consecuencias negativas sobre la especie humana, el medio ambiente y las generaciones futuras. No es tanto el efecto devastador que está causando la economía real actual (con ser mucho y en parte irreversible) como el que promete causar la punta de lanza: el capital financiero, diez veces superior, al que también hay que darle de comer para que produzca renta. Es este capital financiero el que no para de diseñar proyectos de futuro que prometen trasladarnos pronto al Apocalipsis. Ya se trate de proyectos que tengan que ver con la roturación de la Amazonía, la explotación de los casquetes polares derretidos, la reparación de los devastadores efectos del cambio climático, nuevas guerras de rapiña, derivados financieros y otras operaciones de casino, la expansión de la deuda pública y privada hasta el infinito y cualquier cosa que pueda hacer productivo al capital financiero ocioso, el Apocalipsis está servido y está claro de que sólo hay una forma de evitarlo: la reforma del derecho de propiedad.

    El derecho de propiedad debería ser básicamente público y estar al servicio del interés general en armonía con el medio ambiente y las generaciones futuras. Bajo ningún concepto nadie debería tener un derecho de propiedad erga omnes por encima de sus necesidades, con un pequeño margen por el hecho de que existe variabilidad genética y reconociendo quizá el derecho a una renta básica universal para garantizar el derecho a la libertad y espiritualidad plena, la completa emancipación, aunque no creo que nadie sintiera su necesidad formando parte de una sociedad basada en la cooperación, el humanismo, la solidaridad, el arte y la armonía con el medio ambiente. Todas esas grandes fortunas privadas que amenazan nuestra supervivencia con su devastador crecimiento exponencial serían confiscadas y depuradas de sus inútiles excedentes de capital y al periodo trascurrido lo denominariamos paleoantropoceno, que habría que arrojar al basurero de la Historia.

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