El arte callejero y revolucionario de Banksy. Una exposición en París. Por Patricia Pérez Pérez


Impregnado del genio artístico de Blek le Rat e influenciado por la rabia creativa de Jean-Michel Basquiat, sus policías armados nos miran con caras versión smileys en uno de los más opulentos hoteles de Las Vegas (Palms Casino Resorts); cuadros suyos se infiltran en la Tate Gallery o en el British Museum, en el MOMA o en el Louvre, colocándose con mensajes graciosos o irónicos al lado de otras grandes y reconocidas obras maestras; la subasta de su célebre Soup Can versión « Tesco » (más barata que la Campell), en Auckland, relega a un segundo plano las obras de Picasso y de Andy Warhol, y su muñeco de talla humana con uniforme naranja y capucha, como los prisioneros torturados en la Base naval de Guantánamo, se inserta hora y media y sin permiso en el decorado de las montañas rusas del gran parque de Disneyland, en California, haciendo correr tras el invisible autor de los hechos a los agentes del FBI en 2006.  

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