A Eusebio Leal, ¡lo recordaremos!. Por Teresa Candia


Cuando pasen los años, y ocurra lo que tan previsoramente nos describió Fina García Marruz, y la memoria de los hombres se vaya desvaneciendo ante la atención viva de las piedras, el recuerdo de Eusebio, vivirá.

Pero, ¿qué recordaremos?, Seguramente siempre se hablará del Historiador de La Habana, digno sucesor de su mentor; del locuaz y gráfico orador; del reconstructor de una barriada que se caía a pedazos; del restaurador, del digno defensor habanero –y por extensión del cubano-, del devoto cristiano, amigo de obispos y cardenales, del autodidacta que se refugió en la palabra hablada para rehuir la escritura, del trabajador tesonero, del formador de jóvenes aprendices de oficios olvidados, del contador de anécdotas y leyendas. Sería insuficiente.

Sería como hablar de Martí solo destacando su faceta de innovador en la poesía moderna, o de Mella como el vital joven universitario, o de Mestre como el constructor, del maestro Frank , o de los poetas que fueron Raúl Gómez García y los hermanos Saiz, Todo ello sería válido, pero insuficiente.

Aún falta hablar del revolucionario Eusebio Leal Spengler: Martiano, Fidelista, Revolucionario, en su versión más amplia, en su accionar, en el campo de la política, en el análisis de los problemas del mundo y de su pequeña patria: hijo del tiempo que le tocó vivir. Para ello, sólo hay que escuchar, o releer sus discursos, sus entrevistas, sus agradecimientos por las altas distinciones a las que fue merecedor, o sus numerosas intervenciones sin remilgos en la Asamblea Nacional del Poder Popular,

Se calificaba a sí mismo como disciplinado militante, y limitado analista político, pero introduce criterios, -debatibles o no- pero suyos; refuta comentarios; califica, señala, apunta; defiende sus ideas con fervor y con respeto a los otros, exento de dogmatismos religiosos o políticos; profundo conocedor del lenguaje, podía incidir en los más intrincados asuntos utilizando parábolas, metáforas, símiles, para sin ofender, ni herir, exponer sus incisivos planteamientos. Discutir, convencer, y (utilizando sus propias palabras) encontrar en “la unidad y lucha de contrarios”, el camino hacia la verdad, o a su aproximación.

Un ejemplo de hombre revolucionario, que escogió su destino: involucrarse en la lucha, “buscar el camino y seguir adelante”, “sin neutralidad posible”, que supo defender sus ideas, sin bajar la cabeza o dar la espalda para escabullir un debate, o para hacer valer su criterio: ¡Así, también, debemos recordarlo!

3 pensamientos en “A Eusebio Leal, ¡lo recordaremos!. Por Teresa Candia

  1. Si, Eusebio Leal fue un hombre luz de su tiempo.
    Con sus investigaciones trajo luz al pasado incierto que probaron la continuidad del pensamiento de Fidel impregnado en los conceptos de Libertad de Céspedes, la intransigencia de Maceo, el tesón de Máximo Gómez y el antimperialismo de Martí.
    Dió luz a la patria en el proceso de reconciliación revolucionaria con la diáspora; el diferendo militancia comunista vs creencias religiosas; las deterioradas relaciones entre la iglesia católica y la Revolución y fueron cruciales sus intervenciones en el justo rescate popular de los sentimientos y el ético respeto a los símbolos patrios.
    Su obra material que no permitirá históricamente su olvido fue alcanzada por haber dado luz a las raíces que nuestra cubanidad tuvo en su participación a partir de personalidades o acontecimientos que en esas locaciones tuvieron lugar.
    Eusebio iluminó con manifestaciones de arte revolucionario hijos de humildes campesinos, trabajadores asalariados e intelectuales comprometidos con su tiempo aquellos espacios Recuperados para seguir construyendo interactiva mente con el pueblo y quienes nos visitan la cubanidad de estos tiempos.
    Siempre iluminó a visitantes y todo nuestro pueblo que sólo en la Revolución cubana fue posible la verdadera rehabilitación patrimonial de la Habana colonial, cuando salvó de los instintos de demolición para la construcción de modelos foráneos urbanísticos como borradores de historia y raíces.
    Nunca perdió su raíz humilde y lejos de sentir que halagaban su persona, hizo saber a todos que en su persona recibía el elogio a la Revolución y la voluntad política de su gobierno en el proceso de salvaguardar la historia de nuestra identidad y procedencia conservando el patrimonio histórico.
    Eusebio murió como vivió, iluminando el futuro, defendiendo su tiempo, que es nuestra Revolución socialista.

  2. Una gran pérdida. Don Eusebio Leal no dejaba indiferente a nadie. Sus discursos eran un deleite para los sentidos y para el intelecto. Siempre comprometido con la revolución y, sobre todo, con su gran obra personal, al frente de la Oficina del Historiador de La Habana, que ha restaurado el inmenso patrimonio de la ciudad sin olvidarse de la deuda histórica con sus moradores.

    Hace años quise expresarle mi admiración con el regalo de un libro, que le entregó mi suegra. El tuvo la deferencia de mostrarme su agradecimiento por escrito. En alguna ocasión nos lo encontramos por la Plaza de San Francisco de Asis y aprovechamos para saludarle. Lo vimos mi esposa y yo por última vez en el teatro Martí, con motivo de la representación de la obra de teatro “Cinco Horas con Mario”. Creo recordar que era el mes de Enero de este año. Nos quedamos con las ganas de saludarle. Como español, hay muchas cosas de mi país de las que avergüenzo, pero comprendo y comparto la admiración que sentía Don Eusebio por lo más valioso del arte y de la cultura de mi país, que lograron florecer y brillar con luz propia a pesar de los páramos inquisitoriales, de la mala sangre y pésimos pastos con que fue alimentado el pueblo español durante siglos.

    Si Carlos III fue el mejor alcalde de Madrid, Don Eusebio pasará a la historia como el mejor alcalde de La Habana, a pesar de su condición plebeya y de no existir este cargo institucional. El que para muchos cubanos ostente tal distinción da buena cuenta de la envergadura de su obra y del enorme magnetismo de su personalidad. De sus relaciones con el clero católico, prefiero no tener información. Parece ser que tuvo en algún momento de su vida vocación sacerdotal, pero no pudo entender que ello fuera incompatible con la mujer como fuente de inspiración y de amor carnal. Un ejemplo más de compromiso con la vida y todo lo bello y digno que en ella existe frente a tanta beatería, boato e hipocresía que caracteriza al mundo latino.

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