Lo que ha llegado para quedarse. Por Karima Oliva Bello


Una de las frases que más se escucha en la actualidad es que la enseñanza virtual llegó para quedarse. Pero también el trabajo en casa, guardar una sana distancia en los lugares públicos, llevar cubre-bocas, etc. Por ahí va la lista.

En estas 5 décadas de avance del neoliberalismo, donde quiera que se ha producido una crisis, ya sea por catástrofes naturales o causadas por el hombre, esta ha sido utilizada para introducir cambios (sociales, políticos y económicos) funcionales a la dinámica de profundización del capitalismo, impensables en condiciones normales. Sencillamente, no hubiesen sido aceptados. Como diría Milton Friedman, “lo políticamente imposible se convierte en políticamente inevitable”. Uno de los aspectos centrales de la plataforma ideológica del neoliberalismo ha sido la imposición del culto a los principios de la individualización y privatización de la vida: es necesario producir un sujeto centrado en la competencia y el consumo (aunque cuide algunas normas generales de buena convivencia), cuya mayor preocupación sea escalar y “salvarse” él mismo.

Esta crisis, que por sus particularidades nos ha confinado a casa, favorece la inducción en nuestras cotidianidades de transformaciones que moldean lo más profundo de nuestras subjetividades. Cada una de las cosas que parecieren haber llegado para quedarse, si bien se justifican por las condiciones de pandemia, suponen, de manera nunca antes vista, el distanciamiento social, el repliegue hacia los espacios privados y la adjudicación de un protagonismo también, sin antecedentes, a la tecnología, mediando procesos que antes se desarrollaban a través de un contacto físico real. Es inminente cumplir con estas medidas para proteger nuestra vida y la de los demás. No cumplirlas aumenta el riesgo al que estamos expuestos. Es deseable estar preparados para integrar de manera más eficiente la tecnología en nuestras prácticas cotidianas, como un medio que optimice nuestros fines.

Pero, en un futuro, cuando hayamos superado la pandemia, no podemos renunciar a la ocupación de los lugares que nos pertenecen, las calles, las escuelas, las aulas, las plazas, las empresas, los mercados, los parques, los cines, los teatros; no podemos renunciar al contacto físico, real, cara a cara, ese que nos permite sentir con proximidad la alegría o tristeza de la amiga o amigo; no podemos perder la costumbre del abrazo ni renunciar a la potencia que surge de mirarnos, oírnos, coincidir. ¡Coincidir! Nada de eso debiera pasar a un segundo plano. No podemos olvidar que somos y estamos aquí, juntos y juntas, compartiendo alegrías y penas, acompañándonos en lo arduo y en lo bello del camino. Que tenemos sueños comunes como condición de posibilidad para poder alcanzar nuestros anhelos personales. No podemos renunciar a eso que más nos humaniza, nuestra capacidad de encontrarnos, de reconocernos, de acompañarnos.

Ese miedo al otro que hemos aprendido en estos días largos, porque el otro potencialmente puede enfermarnos, ese recelo ante el otro, tendremos que desaprenderlo luego, desaprenderlo en nuestras mentes y también en nuestros cuerpos. Esta manera en que el biopoder está disciplinándonos, tendremos luego que subvertirla. Por eso, prefiero pensar que no estamos solo luchando contra esta pandemia para sobrevivir cada uno, estamos también luchando por recuperar el encuentro, el mirarnos a la cara, el darnos un abrazo, el trabajar codo a codo.

 

3 pensamientos en “Lo que ha llegado para quedarse. Por Karima Oliva Bello

  1. No vamos a cuestionar ninguna de las medidas adoptadas en Cuba, que llegaron para quedarse y cuya justificación es la prevención de un virus importado, de origen desconocido y que está provocando gran conmoción mundial, como resultado en gran medida de la mala gestión de la pandemia que se viene realizando en el mundo desde que los chinos pusieran muy alto el listón sobre qué se debía hacer para que un problema sanitario no acabara convirtiéndose en un grave problema económico y social. Quienes parecen empeñados en deshacer con los pies lo que los chinos hicieron con sus habilidosas manos en tiempo récord ya han provocado con su actitud millones de contagios, miles de fallecimientos, un enorme daño económico, un cambio brutal en la vida cotidiana y la transmisión descontrolada del virus por todo el planeta, lo que no ha sido incompatible con el saneamiento de de la economía financiera, haciendo todavía mayor la brecha entre rentas de capital y rentas de trabajo y mucho más ricos a los milmillonarios.

    Por supuesto que ningún virus de laboratorio es capaz por sí mismo de lograr estos resultados, independientemente de que su origen sea o no de laboratorio. Es la gestión que se está haciendo de la pandemia en los grandes centros de poder lo que ha convertido a la COVID-19 en una poderosa herramienta para que se cumplan las enseñanzas de quien puso letra y música a esa versión radical del liberalismo que es el neoliberalismo (el señor Milton Friedman) y cuyos referentes históricos son el arte de la piratería y las prácticas mafiosas, que tienen en cualquier regla o norma que proteja derechos y la vida un objetivo a batir o eludir. Tanto se ha luchado contra el estado y lo social en las últimas décadas que, como resultado, son los peones o sicarios de sus mayores enemigos quienes ahora ocupan los puestos de máxima responsabilidad, ocurriendo lo que era previsible para que a unos pocos privilegiados les sigan saliendo las cuentas de la acumulación creciente de riqueza, sin importarles el coste que pueda representar para los demás.

    No es sólo la mala gestión de la pandemia del coronavirus en las naciones neoliberales lo que nos debe hacer sospechar que los acontecimientos adversos a nivel sanitario, económico y social no ocurren por simples negligencias, sesgos, fallos. En los años 80, cuando el neoliberalismo era un experimento de laboratorio en dictaduras militares como Chile y Argentina, otra pandemia conmocionó al mundo, con efectos más devastadores pero de fácil prevención, el VIH, una enfermedad incurable y que, cuando no es mortal, provoca un grave deterioro en la calidad de vida de los enfermos, además de consumir enormes recursos sanitarios y económicos. Lo cierto es que, a estas alturas del siglo XXI, todavía no se ha respondido con un protocolo sanitario parecido al de la COVID-19, buscando en los grupos de riesgo a los seropositivos y sus contactos y adoptando todo tipo de medidas preventivas hasta su erradicación, que es lo que se debió hacer desde un principio, cuando se descubrió el virus y sus formas de transmisión. En mi país, España, cerca de la mitad de los seropositivos desconocen su situación y, aunque ya no es una enfermedad con las tasas de morbimortalidad de hace décadas, sigue provocando deterioro en la calidad de vida y un alto coste económico su tratamiento.

    O en los años 80 nuestros gobernantes no tenían tanta conciencia sobre el derecho a la salud ni recursos sanitarios como ahora (lo que sabemos que no es cierto, por poca que tuvieran) o hay factores en juego en el (mal) manejo de la pandemia que deben hacernos sospechar sobre su posible instrumentalización con otros fines, que no deben estar muy lejos de un intento de rescate de un capitalismo de amiguetes multimillonarios a los que les tienen que salir las cuentas de la acumulación creciente, aunque el coste para el resto de la humanidad sea cada vez más elevado a todos los niveles. Recuerdo de una entrevista que le hicieron a Vandana Shiva la indignación que le produjo observar en la Cumbre de París sobre el clima la prepotencia y liderazgo de Bill Gates, un señor que se representaba a sí mismo o, como mucho, al segmento de los milmillonarios, que, por lo visto, son una megafauna dispuesta a transformar el mundo para no renunciar a sus privilegios crecientes, aunque el resultado sea mucho más devastador que el que estamos presenciando con el coronavirus y del que hay muchos precedentes en la Historia, pero algunos serían novedosos, como el cambio climático y puede que el confinamiento en un mundo virtual y manipulado para convertirnos en androides (más de lo que ya somos).

  2. EL SER HUMANO COMO UNIDAD BIOPSICOSOCIAL TIENE QUE MANTENER NECESARIAMENTE EN EL MEDIO NATURAL Y SOCIAL MEDIDAS PROFILÁCTICAS PARA PROTEGER SU SALUD. DEPENDERÁ DE LA EFICIENCIA DE LOS SISTEMAS SANITARIOS Y DE LOS MODOS DE PRODUCCIÓN SOCIALES QUE ESTO PROBLEMAS DE SALUD SE PUEDAN ENFRENTAR CON ÉXITO. ANTE LA ACTUAL CATÁSTROFE SANITARIA DE ESTE CORONAVIRUS Y LA DESTRUCCIÓN DEL MEDIO AMBIENTE POR LA CONTAMINACIÓN INDUSTRIAL EN EL MUNDO, EL SISTEMA SOCIAL CAPITALISTA Y SUS RELACIONES DE PRODUCCIÓN EN SUS DISTINTAS VARIANTES NO PUEDEN SEGUIR EXISTIENDO. LA CLASE TRABAJADORA TIENE QUE TOMAR EL PODER POLÍTICO Y CONTROL DEL ESTADO A TRAVÉS DE SUS ORGANIZACIONES EN TODAS LAS NACIONES EN MEDIO DE ESTA TRAGEDIA MUNDIAL Y PROGRAMAR SOBRE BASES CIENTÍFICAS LAS REFORMAS O TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS Y LAS MEDIDAS SANITARIAS ADECUADAS PARA CONTINUAR ENFRENTANDO ESTA PANDEMIA QUE PUEDE MATAR A MILLONES DE SERES HUMANOS. ESTAS MEDIDAS SANITARIAS DEBEN MANTENERSE DURANTE EL TIEMPO QUE SEA NECESARIO PARA GARANTIZAR LA SALUD Y LAS VIDAS DE LAS MASAS TRABAJADORAS SIN NINGUNA PRISA DE VOLVER A LA NORMALIDAD. LOS BURÓCRATAS Y TECNÓCRATAS POLITIQUEROS DE LOS GOBIERNOS LOS CAPITALISTAS Y COMERCIANTES NUNCA LES HA IMPORTADO NI LES IMPORTARÁ LA SALUD NI LA VIDA DE LOS POBRES SOLO SU DINERO Y PRIVILEGIOS, POR ESO QUIEREN VOLVER A LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS, AUNQUE ESTO SEA UN GENOCIDIO. LAS RIQUEZAS Y LA PRODUCCIÓN DE BIENES LAS CREAN LOS TRABAJADORES CON LOS RECURSOS QUE NOS DA LA NATURALEZA; NO SE NECESITAN LOS CAPITALISTAS, LOS CUALES SON UN PRODUCTO HISTÓRICO QUE VIENE DESDE LA SALVAJE EXPLOTACIÓN ESCLAVISTA. NO DEBE HABER MÁS HAMBRE Y MISERIA POR LA PANDEMIA. DEBEMOS DESARROLLAR LA AGRICULTURA Y REPOBLAR LOS CAMPOS DONDE PODEMOS MANTENER MÁS FACIL EL DISTANCIAMIENTO SOCIAL Y ELIMINAR LOS BARRIOS MARGINADOS Y SU HACINAMIENTO. PROTEGER LOS BOSQUES, LAS SELVAS Y EL MEDIO AMBIENTE. EL DINERO NO ES MÁS QUE UN MEDIO DE INTERCAMBIO EN PAPELES IMPRESOS. LAS CRISIS ECONÓMICAS LA GENERA EL SISTEMA DE RELACIONES CAPITALISTAS. AVANCEMOS DESDE EL PODER POLÍTICO HACIA LA SOCIEDAD FUTURA DE LA ERA DE LOS ROBOT Y LA AUTOMATIZACIÓN DE LA PRODUCCIÓN Y EL OCIO CREATIVO DE LA SOCIEDAD HUMANA, DONDE DESAPARECERÁ EL TRABAJO FATIGA Y RUTINARIO Y LAS MÁQUINAS SIN MANO DE OBRA HUMANA PRODUCIRÁN LO NECESARIO PARA NUESTRO BIENESTAR.

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