Allí y aquí. Por Teresa Melo


“Hemos vencido el virus”, dijo en uno de sus shows mediáticos, justo cuando su país anunciaba la cifra del día: 91 000, récord en el mundo… Pero él había vencido “su” virus, real o no, y le bastaba. Nunca ha dicho: lo siento, a las familias de los más de 230 000 muertos y los más de 9 millones de contagiados (de ellos, 700 fallecidos y 30 000 enfermos, como resultado de sus propios mítines en 18 Estados, según investigaciones exhaustivas de la Universidad de Stanford, en California). No importa. Nada importa. Al menos ha sido sincero: no lo siente. Ha jugado con esas vidas y ha mentido y ocultado información y desafiado a científicos y denigrado a periodistas y promovido medicamentos ineficaces y ha obligado a naciones con gobiernos afines a su política a retirar miles de médicos cubanos, de territorios donde no ha vuelto a verse ninguno, y ha saboteado a las organizaciones continentales y mundiales de la Salud, porque sí, porque es un juego que sirve solo a él, a sus intereses mezquinos, a su afán imperial. Sigue leyendo