Fidel: Los libros y la Revolución. (Entrevista de Fabio Fernández a Iroel Sánchez)


Meses atrás el Doctor en Ciencias Históricas y profesor de la Universidad de La Habana, Fabio Fernández, me remitió este cuestionario sobre la relación de Fidel con el trabajo del Instituto Cubano del Libro durante la etapa en que allí laboré como parte de una investigación que está realizando. Hoy, a cuatro años de su partida física, lo publicamos como homenaje a ese extraordinario lector e intelectual humanista que fue el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana.


Fabio Fernández (FF): Durante su gestión al frente del Instituto Cubano del Libro, ¿qué orientaciones recibidas emanaron directamente de Fidel?
Iroel Sánchez (IS): La madrugada en que Fidel me comunicó mi designación al frente del Instituto Cubano del Libro (ICL) sus palabras fueron «necesitamos el libro para la revolución que estamos haciendo». Con la palabra «revolución» se refería, obviamente, a lo que él denominó Batalla de ideas y que Fernando Martínez Heredia describiera como ofensiva de Fidel para “frenar desigualdades y reforzar al socialismo”. En el mundo editorial, a mi juicio, las más trascendentes serían:
1. El desarrollo de lo que se conoce comúnmente como «ediciones territoriales», que implicó la adquisición de tecnología para que cada una de las provincias y el municipio especial Isla de la Juventud tuviera capacidad propia de edición e impresión de libros, con consejos editoriales conformados por los autores más relevantes de cada territorio, tanto en la literatura como en las ciencias.
2. La biblioteca familiar de la que se hicieron por indicación suya tres colecciones: Una para Cuba, una para la pos alfabetización en Venezuela y otra con diccionarios y un manual de oratoria.
3. La extensión de lo que era la Feria del Libro de La Habana a todas las provincias del país. Esto implicó el propósito de poner a disposición de los lectores durante el evento una cifra superior a cinco millones de ejemplares de una amplia variedad de títulos, para lo cual se hicieron importantes inversiones.
4. La importación de diccionarios y colecciones de enciclopedias a todas las bibliotecas escolares y públicas.
5. La producción de libros para entregar a los graduados de cada uno de los niveles de enseñanza del país.
También hubo acciones más específicas con varios libros como el incremento de la edición del libro Propagandas silenciosas, de Ignacio Ramonet del que habíamos hecho diez mil ejemplares y el pidió subirla en tiempo récord a cien mil, además de realizar una presentación masiva en el Tetro Karl Marx.
FF: ¿Cómo se insertó el ICL dentro de los programas de la Batalla de Ideas?
IS: Objetivo esencial de la Batalla de ideas fue fomentar en los cubanos y cubanas lo que Fidel definió como una cultura general integral, por ende el libro y la lectura ocuparon en ello un lugar central, como base toda cultura.
Durante la lucha por el regreso del niño Elián, Fidel sostuvo un encuentro con Directores Municipales de Cultura donde surgió el tema de la insatisfacción de las aspiraciones de escritores residentes fuera de la capital de ver publicadas sus obras, y ahí él planteó como solución la idea de crear capacidades de impresión y edición en todas las provincias y dotar a cada municipio de una computadora y un consejo editorial donde las instituciones representativas de los intelectuales (UNEAC, AHS, UNHIC…) tuvieran un papel central. Eso empezó a concretarse a mediados de agosto del año 2000 cuando salieron los primeros libros.
Luego, al concluir la Feria del Libro de 2001, Fidel encabezó un encuentro de reconocimiento al Comité Organizador del evento, al que acudió en compañía de Gabriel García Márquez. Allí él insistió en la necesidad de extender la Feria del Libro de La Habana a todas las provincias y ofreció apoyo para incrementar la producción editorial disponible en el evento de modo que eso fuera posible. Nosotros exhibíamos como un logro el haber puesto a la venta medio millón de ejemplares, él planteó la necesidad de alcanzar los cinco millones. No era algo salido del aire, llevaba los estados de opinión del pueblo en que se planteaban quejas porque la Feria se quedaba en La Habana, o porque determinada edición se agotaba muy rápido.
La idea de masificar la cultura, en la que él insistía en esos años, tuvo una expresión muy concreta en la Biblioteca Familiar, él siguió ese proyecto al detalle, los títulos, la impresión, la tirada, la promoción y su venta, por su alcance en el pueblo y su sentido democratizador de la cultura.
Para Fidel la realización de cada idea es como una bola de nieve que al rodar va sumando y sumando, como una cebolla de capas infinitas.
FF: ¿En el ámbito editorial, cuáles fueron las líneas priorizadas por Fidel?
IS: Fidel no promovió un uso instrumental del libro, ni un reduccionismo de este al uso político o propagandístico. En la colección Biblioteca Familiar, aunque se interesó en todos los detalles, y a pesar de su amplísima cultura y capacidad intelectual, respetó íntegramente la propuesta que se le hizo, que incluyó desde Cervantes hasta Stephen Hawking. Igual cuando en una de las enciclopedias importadas se encontró una biografía del Che que mentía sobre su relación con el Che, su reacción no fue retirarla, sólo sugirió incluir la carta de despedida que este le hiciera dejando lo que el texto original de la enciclopedia decía.
Más que temas priorizados, creo su interés estaba en abrir las puertas más amplias a la cultura, haciéndola cada vez más accesible a las mayorías.
FF: ¿En qué medida el ICL de la primera década del siglo XXI siguió las matrices del proyecto editorial impulsado por la Revolución desde su inicio?
IS: Creo se siguen entrecuzando, como las espirales de un ADN, una vocación democratizadora de la cultura más alta, sin concesiones populistas, como muestra la primera publicación de la Imprenta Nacional que creó la Revolución, El Quijote de Cervantes, hasta los más complejos temas de las ciencias, con la implementación de condiciones para que las capacidades intelectuales y el talento que las transformaciones de estos años ha desarrollado en todo el país puedan expresarse en forma de publicaciones.
FF: ¿Qué elementos de interés destacaría en el ámbito de la relación entre Fidel y las Ferias del Libro?
IS: Es sabido que Fidel es un intelectual, un humanista y un lector extraordinario, pero esa cultura que acumuló no la quería solo para sí y vio en las Ferias del libro un vehículo para contribuir a ese propósito de poner a disposición del pueblo la más amplia cultura.
También vio en las Ferias del Libro un espacio para relacionarse con escritores y personalidades de la cultura cubana y extranjera como un igual, su curiosidad intelectual era infinita. Un espacio que ilustraba su idea de que la lectura era un espacio de realización humana con posibilidades infinitas.
Lo reafirman su presencia en las inauguraciones, su asistencia a presentaciones de libros, sus diálogos con los autores fuera del programa oficial, pero sobre todo su convocatoria a hacer cada vez más por acercar el libro como portador de cultura al pueblo.

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