24 de febrero. Por Rubén Martínez Villena


Hubo una larga pausa en el sangriento drama;
Hubo un resurgimiento de ensueños y de afán
y diecisiete años avivaron la llama
que ardiendo en cada pecho se convirtió en volcán.

Se oyó el grito de Baire que libertad reclama,
Resplandeció una estrella en medio del huracán
y en el fulgor de oro que el símbolo derrama
apareció un Apóstol de mano de un titán.

Febrero veinte y cuatro; un cuatrienio de guerra;
y después que la sangre se extendió por la tierra,
para que germinara la siembra de Martí;
entre pliegues azules y entre pliegues de armiño,
una estrella tan pura como un sueño de niño,
ascendió por un mástil, engarzada en rubí.

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