5 pensamientos en ““Ay, qué duro está Lacalle!” (video) Por Agarrate Catalina

  1. ¡Muy bueno! Inteligente y divertido. Me hizo lamentar que no tengamos este tipo de humor político en Cuba.

  2. ¡Ay de los que actúan en farsas demagógicas al compás de la letra del Imperio!¡Hay de los que andan de demagogos por las tierras de América hablando en nombre de los pueblos y acumulando fortunas a su pesar!¡Hay de los efímeros que no dejan huellas de virtud por las que puedan ser recordados!¡Hay de los incapaces de representar los sentimientos de gratitud de su pueblo y ni siquiera respetarlos! Los neolamebotas pasan a la prehistoria de la emancipación americana junto a otros personajes de la neocolonialidad, Lacalle acaba de aplicar.

  3. Que pena,que nos pasa a nosotros que nos hemos separados de este mundo en el que fuimos pioneros y que ha seguido creando maravillas,este es un espectáculo de primera calidad,que además no se ha dejado de facturar en toda America Latina y nosotros de espalda a ellos nuestro mundo natural,incluso con algunos de nuestros principales autores coqueteando con una democracia que no a dejado de ser lo que siempre combatimos y que cada día está más desacreditada y despreciada,estas súper producciones debían trasmitirse todo el tiempo por la Tv y te aseguro que tendríamos menos mediocres tratando de envenenar.

  4. Sencillamente sublime la puesta en escena de Agárrate Catalina, que debería convertirse en el Gregorio Sansa de la nueva narrativa carnavalesca en América Latina y en España, donde a las domesticadas murgas de pasarela políticamente correctas les queda mucho por aprender de este brillantísimo grupo uruguayo.

    Agárrate Catalina es sin duda el Teófilo Stevenson de las murgas carnavalescas uruguayas y probablemente del mundo latino, con la única diferencia de que no fue con los puños sino con la afilada lengua con lo que noquearon a Lacalle, que debió pasar unos días en la UVI, al igual que una parte relevante de la sociedad uruguaya, tan podrida como la coalición multicolor que la gobierna, donde encontró acomodo ese partido de la extrema derecha de Manini (el Bolsonaro uruguayo que llegó a ser comandante en jefe del ejército con Tabare Vázquez y que, como el brasileño, piensa que el gran error de la añorada dictadura fue no haber asesinado lo suficiente) que homologa a Uruguay como nación del primer mundo. Tan demoledor efecto la convierte en un peligro público, de ahí la justificada preocupación de sus miembros y la desesperada búsqueda de un “buen abogado”.

    Muchos creyeron que los cambió el tiempo y la izquierda pero sacaron billete de ida y vuelta, apoyando al principio un ilusionante proyecto, hasta que se dejaron podrir por falsimedia, demostrando una vez más que entre el amor y el odio sólo hay una delgada línea imaginaria, que más parece una acomodaticia puerta giratoria. Pero, como tantas veces, algo debió hacer mal la izquierda para que una parte del sufrido pueblo uruguayo mirara con nostalgia al sable del coronel.

    Una vez más la falsa izquierda socialdemócrata llegó al poder con promesas incumplibles y, aunque se realizaron cambios importantes en muchos aspectos, se acabó generando desafección hacia la izquierda y hacia la democracia. Cuando es tu misma gente la que te traiciona o al menos así te lo hace ver el imaginario creado por falsimedia, llegas a aceptar incluso que se acabe el recreo, ese espacio en que te sientes dueño de tu proceso vital y te permites ser feliz y tolerante. Pero no podemos olvidar que la socialdemocracia es la tercera pata de la mesa sueca de la oligarquía, los mismos que aprobaron los presupuestos de guerra en Alemania que desencadenaron la I Guerra Mundial y que convirtieron a las clases populares en carne de cañón al servicio del capital y en contra de sus hermanos de clase cuando tocaba hacer del socialismo una revolución planetaria. Bastaría con que dejáramos de confundir socialdemocracia con izquierda y plutocracia y su sistema de partidos oligárquicos alternantes con democracia para que viéramos la realidad desde una nueva perspectiva y a los “tipos en camioneta” (que diría Michel Moore), que de pronto aparecen en escena reivindicandose en calidad de salvadores de la patria, como la peor versión de la carne mercenaria al servicio del capital.

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