Aliados sumisos de un imperio desprestigiado. Por René Váquez Díaz


Con el triunfo de la Revolución, millones de cubanos humildes descubrieron su propia existencia. Y se alfabetizaron. Construyeron hospitales con atención médica gratuita, sin distinción de raza o situación económica o social, hasta en las montañas más apartadas. Y se vacunaron por primera vez en la historia de Cuba, contra enfermedades curables que los mataban. ¿Por qué el pueblo tuvo que levantarse en armas para que los guajiros fuesen dueños de la tierra que labraban? ¿Por qué sólo la Revolución victoriosa, que costó tanta sangre, hizo posible que los niños cubanos  de cualquier parte del país pudieran ir a círculos infantiles, a la escuela y a las universidades creadas en contra del dictador preferido y cariñoso de Estados Unidos? Sigue leyendo