Conversando con los chinos sobre ciencia, desarrollo y socialismo. Por Agustín Lage


La semana pasada ocurrió una conferencia virtual entre un equipo del Partido Comunista de China y uno del Partido Comunista de Cuba, con una sesión titulada: “Seminario Teórico entre el PCC y el PCCh: Las responsabilidades de la ciencia en el camino al socialismo”.

 Ya desde el título del tema se identifica el mensaje sobre el rol tiene la ciencia en el desarrollo social y económico, y especialmente en el socialismo. Es un mensaje que todos los cubanos debemos captar y comprender, pues en el desarrollo socioeconómico y en el socialismo (en ambas cosas) se decide el futuro de la Patria.

 Los compañeros que organizaron el evento desde el PCC me invitaron a hacer una ponencia. Ahora, y con permiso de ellos, reproduzco aquí lo esencial de lo que dije en ese evento. Es esto:

 LAS FUNCIONES DE LA CIENCIA EN EL PROYECTO DE DESARROLLO ECONOMICO Y SOCIAL SOCIALISTA DE CUBA.

 Las funciones de la ciencia en las sociedades humanas han ido cambiando y expandiéndose con el tiempo. Desde que comenzó a surgir poco a poco el método científico en el siglo XVII, y hasta finales del siglo XIX, la investigación científica era una actividad de individuos motivados y creativos, primero aislados y más tarde vinculados a sociedades científicas y a universidades. En la primera mitad del siglo XX  hubo dos cambios importantes. 

  El primero es que la investigación científica comenzó a introducirse en las empresas, con el surgimiento de laboratorios industriales en varias de ellas. El segundo es que la promoción de la investigación científica comenzó a ser tarea de los Estados, con el surgimiento de instituciones estatales de investigación y/o presupuestos diferenciados para impulsar investigaciones vinculadas a misiones específicas. Comenzó a hablarse entonces de “economía basada en el conocimiento”.  

 Las responsabilidades de la ciencia en el camino al Socialismo 

 Dejar atrás el capitalismo como sistema socioeconómico es la tarea principal que la humanidad  tiene ante si en estos inicios del siglo XXI. Es el sistema que produjo las sangrientas guerras del siglo XX, creó indecentes desigualdades de ingreso y propiedades entre países y dentro de los países, excluyó millones de personas de su participación en la economía, y causó el deterioro del medio ambiente que hoy nos amenaza a todos. La humanidad no podrá sobrevivir sin superar el capitalismo. 

Es una tarea enorme y compleja. Las dificultades y retrocesos que hubo en el siglo XX, en la construcción de alternativas al capitalismo, no hacen menos necesaria y urgente la tarea. Solamente nos ilustran sus complejidades.  

 La pregunta es si puede la ciencia (y de que manera puede) asumir responsabilidades en ese paso imprescindible de la civilización humana. 

El transito hacia una economía basada en el conocimiento, en la generación y valorización de activos intangibles, y en inversiones sobre innovaciones cuya recuperación contiene más incertidumbres que en la economía tradicional, hace más evidente la disfuncionalidad esencial del sistema capitalista.  

Si asumimos que la eficiencia de la inversión y del trabajo incluye la sostenibilidad social y  ambiental a mediano plazo, y la reducción de las desigualdades, entonces los mecanismos del mercado son obviamente e inmensamente ineficientes. 

Durante mucho tiempo un sentido común construido por economistas defensores del sistema capitalista sostenía que la igualdad y el crecimiento económico eran fenómenos contrapuestos, y que  habría que aceptar que las acciones tendientes a reducir desigualdades, de una forma u otra terminarían reduciendo el dinamismo de la economía. La esclavitud en el continente americano generó crecimiento económico para las metrópolis europeas. Pero después el desarrollo tecnológico fue imponiendo una visión opuesta, que evidencia que la desigualdad es ineficiente. 

El tránsito hacia una economía de alta tecnología, basada en el conocimiento, requiere expandir el gasto social en bienes públicos tales como la educación, la salud, la seguridad social y la ciencia, lo cual solamente puede ser garantizado por la inversión estatal. 

La polémica ideológica sobre las desigualdades conecta con el debate sobre los derechos de propiedad.  Como descubrió Marx, el capital siempre tiende a concentrarse, a menos que existan decisiones políticas y marcos regulatorios se lo impidan. 

La abolición de la esclavitud deslegitimó el derecho a “poseer” otra persona, pero la propiedad privada sobre los medios de producción sigue legitimando el derecho a poseer los frutos del trabajo de otra persona. Para nosotros, los comunistas, sean unos u otros los términos que se utilicen en el debate, la esencia sigue siendo la vieja contradicción del capitalismo entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación.  

El conocimiento, y especialmente el conocimiento científico y tecnológico es un producto social. Nadie puede poseer privadamente todas las piezas de conocimiento precedente necesario para descubrir o para inventar algo. En las sociedades modernas los dispositivos institucionales para la creación y circulación del conocimiento (sistema educacional, instituciones científicas, etc) están en el sector presupuestado, que se financia en la mayoría de los países (incluyendo países capitalistas) con dinero público administrado por el Estado. Los dispositivos institucionales para la transformación de los conocimientos en productos y servicios comercializables están en el sector empresarial. 

¿Cómo se produce la conexión entre ambos? La ideología capitalista intenta conectarlos por mecanismos de mercado a través del sistema de patentes, que se apropia de un bien publico (el conocimiento generado en instituciones publicas) para ponerlo en manos de una empresa privada que lo utiliza. Es un sistema que genera enormes costos de transacción  y  es cada vez menos funcional, a medida que el contenido científico de los bienes y servicios es mayor. La conclusión final es simple, como todas las grandes verdades: el capitalismo no es compatible con la economía basada en el conocimiento. 

Pero una cosa es comprender un proceso, y una necesidad histórica de cambio, y otra muy diferente es generar la voluntad política y la cultura para lograr esos cambios.   La ciencia solamente no bastará, pero ayudará a crear el contexto necesario para que la cultura y la política hagan su trabajo. La cultura y la política movilizaran voluntades para construir una sociedad más equitativa; pero hará falta también lograr que esa equidad se transforme en crecimiento económico. Ahí están las nuevas responsabilidades de la ciencia. 

Las responsabilidades de la ciencia en Cuba  

Cuba construye una alternativa, una sociedad mejor y posible, que ha demostrado que se pueden alcanzar elevados niveles de salud, educación y seguridad social, aun con escasos recursos, si se reparten bien, afirmación que se demuestra objetivamente por la disociación entre el PIB por habitante, y los indicadores sociales.  

La construcción en Cuba de una economía próspera, sobre la base de la equidad y la cultura, ha estado más de 60 años, y sigue estando, amenazada por el bloqueo económico más largo y brutal de la historia, y por una guerra de ideas (más bien de imágenes, porque ideas no tienen muchas) muy bien financiada que intenta presentar los efectos de la agresión externa como si fueran debilidades internas del socialismo. 

 Aunque la lucha por crear una conciencia mundial en contra el bloqueo a Cuba debe continuar e intensificarse, el escenario previsible hoy es que mantengan ese bloqueo, porque los millonarios que gobiernan el mundo necesitan que la alternativa al capitalismo que Cuba construye no tenga éxito. Nosotros tenemos que saber que hay que seguir resistiendo, y además, desarrollar creativamente nuestra economía y nuestro modelo de sociedad, aún con el bloqueo. Y en el siglo XXI esa economía tiene que estar basada en el conocimiento y en la ciencia.

La manera en que expresamos el objetivo mayor del proyecto social de los cubanos de construir una sociedad justa, próspera y sostenible, nos dice también que la justicia social es objetivo primordial, pero por si sola no basta. Hace falta que genere prosperidad y sostenibilidad, lo que significa que hay imperativos económicos. Esos imperativos económicos a su vez, en el siglo XXI, exigen una economía innovadora y conectada con la economía mundial. Y ahí es donde aparecen con toda claridad las nuevas responsabilidades de la ciencia.  

Después del salto revolucionario de los años 60 que incluyó el desarrollo científico entre las metas mayores del país, y después del segundo salto de los años 90 que reforzó las conexiones de la ciencia con la producción y la economía, necesitamos ahora, entrando el siglo XXI, dar el tercer salto que coloque la ciencia y la innovación en el centro del funcionamiento de la economía. Fidel lo vio y lo dijo en 1993 al expresar que: “La ciencia y las producciones de la ciencia, deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional……Tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia, y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro”.  

Sin pretender análisis concluido ni mucho menos recetas, apreciamos que, de los debates que ocurren en caliente en diferentes espacios en el momento en que se escribe este ensayo (2022) van emergiendo estas ideas: 

  • El Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación de Cuba tiene que crecer, no en proporción al crecimiento económico sino por delante de este, y alcanzar cotas superiores de inversión en ciencia como fracción del PIB, así como niveles superiores por millón de habitantes de cantidad de investigadores, patentes y publicaciones científicas.
  • El crecimiento de la actividad científica depende de la capacidad de movilización de financiamiento. Estos recursos deben provenir en su mayor parte del sistema empresarial, pero manteniendo también un componente de financiamiento presupuestado. Ello va a requerir probablemente el diseño de instituciones financieras nuevas para la ciencia, bancarias y no-bancarias, y de un marco regulatorio especifico, que incluya también incentivos para que las empresas inviertan en Investigación-Desarrollo.  
  • La cantidad de personas que necesitamos formar en Ciencia no debe estar limitada por los recursos disponibles. No subordinar la formación de capital humano a las posibilidades de empleo por la economía fue otra idea audaz muy defendida por Fidel desde los años 60. El volumen y calidad del capital humano para la Ciencia es un activo económico en sí mismo.
  • La internacionalización de la actividad científica es una consecuencia objetiva del desarrollo. Las instituciones científicas y empresas de alta tecnología deberán desplegar una red de alianzas externas que garantice que la internacionalización ocurra por vías institucionales y no por emigración individual. En el mundo hiper-conectado que va emergiendo, todos los países, pero especialmente los países pequeños, son dependientes de la diversidad y calidad de sus conexiones con el mundo.  
  • Hay un nexo entre el desarrollo científico y el desarrollo del sistema empresarial estatal, incluyendo la descentralización de decisiones hacia las empresas, y la dinámica de surgimiento de nuevas empresas estatales. Desarrollo científico y desarrollo del sistema empresarial estatal se condicionan mutuamente. 
  • Hay un nexo entre investigación empresarial y exportaciones. El incentivo para la introducción de productos y servicios de alta tecnología es débil si está solamente en función de una demanda doméstica pequeña, que no permite economías de escala (excepto para la producción de alimentos). En la medida en que las empresas se conecten directamente con las exportaciones se reforzará su percepción de la necesidad de invertir en ciencia e innovación.   
  • Las Universidades están llamadas a convertirse en el principal dispositivo de “incubación de empresas” en el país, especialmente empresas innovadoras pequeñas, y empresas de alta tecnología capaces de construir ciclos completos de investigación-producción-comercialización. La conexión entre el sector empresarial y el sector presupuestado (sin desconocer las especificidades de cada uno) es una de las grandes ventajas del socialismo, basada en que las empresas fundamentales no son privadas.  
  • Las tecnologías que se prevén determinantes del desarrollo tecnológico en los próximos años, y que constituyen la llamada “cuarta revolución industrial” (inteligencia artificial, robótica, sensores, procesamiento masivo de datos, manufactura aditiva, nanociencias, nuevos materiales, energía inteligente, nuevas biotecnologías y otras) requieren un impulso diferenciado, pues su potenciación usualmente no ocurre en respuesta a problemas prácticos inmediatos. Cuba tiene la capacidad de crear el potencial humano y la base institucional para ello, pero nos faltan mecanismos integradores de esfuerzos que se han hecho por separado.  
  • El desarrollo científico cubano, en tanto que proceso social y cultural, implica una amplia formación de toda la población en sus capacidades de entender el carácter objetivo y verificable del conocimiento científico, y el método de construcción de conocimiento, y rechazar la pseudo-ciencia y la superstición. Ello está directamente vinculado con el desarrollo de un sistema educacional científico, desde la escuela primaria. 
  • En el desarrollo de la ciencia en Cuba, el desarrollo territorial local debe ocupar un lugar clave, y no puede ser visto solamente como un proceso de transferencia, de “arriba” hacia “abajo” de competencias y decisiones. Este desarrollo científico territorial se favorece por la presencia de la educación superior en los municipios, especialmente el Centro Universitario Municipal, que está llamado a expandir su rol como constructor y circulador de conocimientos, y como catalizador de las interacciones entre las instituciones científicas, educacionales y el sistema empresarial.

 Asumir las nuevas responsabilidades de la ciencia en Cuba implica hacer crecer nuestro sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación, encontrar y desplegar formas diversas y creativas de financiarlo, reforzar sus conexiones con el sistema empresarial cubano y con el sistema educacional, y reforzar y diversificar sus conexiones con el mundo.

 Nada de lo que necesitamos que suceda sucederá guiado por las fuerzas ciegas y cortoplacistas del mercado. Por el contrario, es un proceso que debe ser conducido por el estado socialista a través de sus diferentes roles, como dueño de las empresas principales, como fisco, como regulador, como cliente de productos y servicios seleccionados, como constructor de capital humano, como catalizador de las conexiones internacionales a través de relaciones políticas, y en fin, como estratega y representante de los intereses de todos.

 El estado no puede prever de manera determinista como se comportará el mundo más allá del plazo de algunos años, pues hay procesos que son intrínsecamente probabilísticos, distribuidos y adaptativos; pero si puede construir contextos que aumenten las probabilidades de que avancemos hacia la sociedad justa, prospera y sostenible que queremos.

 Nuestro proyecto social no le apuesta al mercado, aunque lo utilice en función de objetivos mayores. Le apuesta a la conducción consciente basada en el consenso y en la cultura, de donde emana su capacidad de proteger la justicia social y la visión de largo plazo.

 谢谢

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular

(De pensamiento es la guerra)

2 pensamientos en “Conversando con los chinos sobre ciencia, desarrollo y socialismo. Por Agustín Lage

  1. Me encantó este discurso de Lage. Muy esclarecedor. Ciencia ciencia y más ciencia.

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