La verdad sobre el remolcador “13 de marzo”. Por Fidel Castro

Fragmento de la Comparecencia del presidente Fidel Castro ante la Televisión cubana y las ondas internacionales de Radio Habana Cuba, 5 de agosto de 1994

Es un plan integral, en todos los terrenos. Las presiones que hacen contra los hombres de negocios extranjeros que quieren hacer inversiones en Cuba son terribles, son increíbles -y la venía haciendo no solo el anterior gobierno, sino el actual gobierno de Clinton-, son muy fuertes, porque ellos quieren hacer fracasar a toda costa el esfuerzo económico del país, como parte de su plan integral para destruir a la Revolución. Las horas de radio, la propaganda subversiva, todo esto está dirigido desde fuera y es estimulado desde el exterior. Pero, claro, ya este hecho concreto, este fenómeno quizás se haya manifestado con mucha más claridad en las últimas semanas; es a partir del accidente del remolcador 13 de Marzo. Creo que una de las conductas más infames y más groseramente cínicas del gobierno de Estados Unidos se manifestó a raíz de ese accidente. Todo el mundo sabe que la Revolución Cubana tiene una tradición de decir la verdad en todas las circunstancias y que la Revolución Cubana nunca ha mentido, y lo que sabemos lo decimos a medida que lo vamos sabiendo. Tan pronto llegaron las noticias del accidente del remolcador, se realizó de inmediato una investigación profunda y exhaustiva, a través de la información que daban los sobrevivientes, los que habían sido rescatados, lo que informaba cada uno de ellos; a través de la información que daban algunos de los responsables del secuestro del barco; la información minuciosa y detallada que daba cada uno de los que estaban en los remolcadores de cada uno de los hechos que habían ocurrido, y a medida que se conocían se informaba. Tres informaciones se dieron, a medida que se recogían más datos, exactamente sobre lo que había ocurrido. Los que se llevaron el remolcador tenían cómplices, entre ellos el que tenía la llave del candado, y tenían el patrón de otro remolcador. Destruyeron las comunicaciones, y los obreros de los remolcadores ni siquiera tuvieron oportunidad de comunicarse con los guardafronteras; los guardafronteras se enteraron después. Todo esto ocurrió en una hora y 20 minutos, aproximadamente, desde que se llevaron el barco hasta que se hundió el barco. Ellos hicieron esfuerzos por tratar de impedir la salida, incluso el barco secuestrado, el barco robado, chocó con uno de los barcos que trataba de impedirle la salida allí a la entrada de la bahía, y ese remolcador y los otros continuaron tratando de parar, de alguna manera, el remolcador, de impedir que se lo robaran. Los guardafronteras, informados después, recibieron instrucciones de ir hacia el lugar donde se estaban produciendo los hechos, pero todo eso ocurrió bastante rápidamente. Se conoce perfectamente lo ocurrido: un barco se situó delante para tratar de reducir la velocidad, otro barco se situó detrás, otro barco iba al costado, pero ninguno de los tripulantes tenía la intención de hundir el barco aquel. Estaban tratando algo muy difícil, realmente, que es retener un barco. Todo esto ocurre de noche, en una noche oscura, mar fuerte; en esas condiciones estaban ellos tratando de evitarlo, mientras llegaban las patrullas de Guardafronteras. Es así como se produce el accidente: el que va detrás choca con la popa -y los marineros y todos los que andan en cuestiones de mar saben que eso es perfectamente posible- del remolcador hurtado, que se habían robado, con el 13 de Marzo, y así es como se produce el choque que da lugar al hundimiento; fue así, fue un accidente realmente, y eso lo indagaron profundamente las autoridades, el Ministerio del Interior indagó y no hubo la menor intencionalidad de hundir el barco. ¿Qué vamos a hacer con esos trabajadores que no querían que les robaran su barco, que hicieron un esfuerzo verdaderamente patriótico, pudiéramos decir, para que no les robaran el barco? ¿Qué les vamos a decir? “Oigan, dejen que se roben el barco, no se preocupen por el barco”, y salen a tratar -que no es su tarea- de que no les roben el barco. Los guardafronteras no tuvieron nada que ver, llegaron allí unos minutos después que se produce el accidente.

Los remolcadores que trataban de impedir el robo les tiraron los salvavidas de que disponían, unos pocos salvavidas. Aquellos se habían montado en un remolcador que tenía hasta una vía de agua, en muy malas condiciones para hacer eso; fue una irresponsabilidad tremenda, ese remolcador se hundía solo aunque no hubiesen chocado con él. Ellos tenían unos pocos salvavidas -esos remolcadores son pequeños, tienen pocos tripulantes-, les tiran los salvavidas que tienen y sacan, incluso, alguna gente, y con algún peligro, porque tenían el peligro de que les secuestraran sus propios remolcadores. Llegaron las patrulleras Griffing, con muchos más recursos, muchos más salvavidas, mucha más experiencia, y sacaron a 25 personas del agua; entre remolcadores y patrulleras sacaron a 31 personas del agua. Pero se produce un lamentable, un desagradable, un desgraciado accidente en todo aquello. A todos nos dolía que eso ocurriera. El comportamiento de los obreros fue un comportamiento ejemplar, no se puede decir que no, porque trataron de que no les robaran su barco.

¿Qué les vamos a decir ahora, dejen que les roben los barcos, sus medios de trabajo? El comportamiento de los guardafronteras fue intachable, salvaron 25 vidas. Bien, eso fue lo que ocurrió, y tan pronto se tuvo la información se dieron más detalles. Tres informaciones se han dado de lo ocurrido. Sin embargo, el accidente del remolcador se convirtió en materia prima para una campaña terrible contra nuestro país; se convirtió en la materia prima para una campaña de calumnias repugnante, verdaderamente repugnantes, y en eso participó el gobierno de Estados Unidos de manera deliberada, porque entonces, sin averiguar más nada de lo que pasó y cómo pasó, culpaba a las autoridades cubanas del hundimiento del barco. Con una perfidia increíble, decían:

“Embarcaciones gubernamentales”. En el Estado socialista todo es del Estado: los ómnibus, los trenes, los barcos, los mercantes, los remolcadores; pero son manejados por los civiles, y las autoridades estaban representadas allí, fundamentalmente, con las patrullas guardafronteras. Pero yo veía muy pérfido el propósito de llamar “gubernamentales” a las embarcaciones, porque lo que querían decir con eso es que era una responsabilidad gubernamental el hundimiento del barco. Además, hacían declaraciones, agitación en el Senado, advertencias de que no se hicieran esos actos de fuerza brutales -llamaban “brutales”-, todo eso gratis, cuando las autoridades, realmente, habían salvado 25 vidas. ¿Por qué se hacía todo eso? Fue divulgado, han hecho no solo una campaña difamatoria sino han de querer llevar a Naciones Unidas el problema, dentro del esquema y del modelaje que están haciendo, para querer intervenir en los países con la utilización de estos organismos internacionales. Está clara la idea, las intenciones, empezando por ahí, y seguir estimulando. Mientras el gobierno cubano viene tomando medidas desde el primer incidente por Cojímar, el segundo incidente por Regla, los guardafronteras han recibido, por parte del Ministerio del Interior, toda la advertencia acerca de la forma en que deben actuar para evitar incidentes, evitar en lo posible el uso de armas; realmente se les ha dicho: “No usen las armas”. Pero, realmente, retener a un barco de noche, cuando ya tiene una dimensión determinada, por parte de una patrullera, es prácticamente una cosa imposible. La gente de Guardafronteras han recibido numerosas instrucciones sobre cómo abordar este problema, y, además, por qué, porque nosotros no tenemos especial necesidad de impedir que un barco se vaya. ¿Qué les vamos a hacer por cumplir con su deber? No tenemos especial necesidad de impedir que un barco venga a llevarse a alguien; ese es un problema de Estados Unidos, más que nuestro. Ahora, este problema se podría resolver mediante una sincera colaboración entre Estados Unidos y Cuba, que no la han querido hacer, porque son demasiado demagogos, son demasiado hipócritas, son demasiado cobardes para establecer una colaboración con Cuba en torno a la solución del problema, y entonces nos dejan a nosotros la solución del problema y nos dejan a nosotros los incidentes. Mal que bien, la gente de Guardafronteras es gente armada, la policía es gente armada. Si le tiran un vehículo arriba a un policía, lo más probable es que trate de defenderse; si le disparan, o le crean una situación provocadora a una lancha, hay riesgo de que se dispare, y hemos estado dedicados, precisamente, a instruir a nuestro personal de que no se produzcan esos incidentes, de que no se produzcan esos disparos, incluso, de que es preferible que se marche la lancha. Esa ha sido nuestra tarea. Ahora, ¿podemos nosotros evitar un accidente como el que se produjo con relación al remolcador y que dio lugar a la infame y repugnante campaña que hicieron?, a las cuales se sumaron algunos aquí adentro, que no quiero mencionar ahora -siempre habrá tiempo en la historia para exigirle las responsabilidades que le corresponden a cada cual. A exigirnos investigaciones!, si los primeros que investigamos fuimos nosotros, sin que nadie nos lo exigiera, y nadie nos lo puede exigir, porque solo nuestra conciencia, nuestro deber y nuestro sentido de la responsabilidad nos puede exigir y nos exige hacer una investigación en cualquier caso de este tipo que se produzca; pero, entonces, a exigir investigaciones! ¿Cómo pagan nuestro esfuerzo por estar cuidando las leyes, cada vez que se produce un accidente acusándonos de asesinos, acusándonos, incluso, de almacenar cadáveres? ¿Cómo se puede acusar de semejante cosa a esta Revolución, que no tiene un solo antecedente a lo largo de su historia de una cosa semejante? Regaron bolas, rumores de que había cadáveres almacenados, nos acusan de almacenadores de cadáveres. Esa es la propaganda que hacen todas esas estaciones, todos esos medios difusores, y, claro, todo eso es un tremendo estímulo y una exhortación a violar la ley. Con lo que hicieron a raíz del incidente del remolcador 13 de Marzo, fue dar la consigna de robarse aquí cuanto barco se pudieran robar. Efectivamente, creo que ese remolcador se lo roban el 13 de julio.

Pero ya el 26 de julio se roban una lancha, de las que realizan el transporte de pasajeros de Casablanca a Regla, que transporta unas 10 000 a 12 000 personas todos los días. Se roban la lancha de pasajeros, algunos se tiran al agua, a otros los lanzaron al agua desde el barco, y, desde luego, había mujeres y niños, y amenazaron, incluso, que si se acercaban las lanchas patrulleras iban a volar el barco, iban a matar a la gente, ese tipo de cosas que acostumbran a hacer los secuestradores, porque estos lo hicieron con armas de fuego y con armas blancas. Este es un barco que no es para travesía, un barco que constituye un peligro utilizarlo para hacer una travesía, que si hay un mar fuerte se hunde. Por allá los recogieron unos guardacostas norteamericanos y, entonces, devolvieron las armas, que eran los instrumentos de la prueba del acto de piratería que se había cometido, porque eso no es un secuestro, es un acto de piratería, con rehenes.

Una parte de los que iban en el barco se montó en el guardacostas, los que estaban complotados, algunos que siempre compulsan, en medio de las circunstancias, en medio del mar, un guardacostas, una cosa más segura, y los otros regresaron. Y devolvieron los guardacostas las armas, las que tenían que haber llevado como prueba del delito y del acto de piratería. Eso fue el 26 de Julio, la lancha Baraguá. Había pasado apenas una semana y el 3 de agosto secuestran La Coubre con procedimientos similares, lanzando gente al mar. Ahí estaban las patrullas, a las patrullas se les dieron instrucciones en los dos casos: “Eviten accidentes, no traten de impedir la salida del barco, de interceptarlo, para evitar accidentes. Síganlo por si algunas personas son lanzadas al mar, o por si la embarcación se hunde auxiliar a las personas que van en esa embarcación, tanto a los complotados como a los rehenes”; pero se volvieron a llevar un segundo barco, el 3 de agosto, con rehenes, en una semana! Ahora, el 4 de agosto -todo esto, mientras estábamos nosotros en la Asamblea Nacional, el 3 de agosto, el 4 de agosto-, se llevan por segunda vez el Baraguá, con los mismos procedimientos: pistolas, granadas –en algunos casos llevaban granadas-, armas blancas, amenaza de matar, lanzar gente al agua, y se les volvió a dar por tercera vez las instrucciones a las patrulleras: “No traten de interceptar, para evitar un accidente; síganlo para caso de que sea necesario darles auxilio si se produce un hundimiento”. En estos tres casos, siempre han ido ancianos, mujeres y niños secuestrados y como rehenes. Una cosa abominable, realmente. Ya nada más falta establecer una ruta entre Regla o Casa Blanca, y la Florida; porque nosotros podemos establecerla sin necesidad de esos riesgos, sin necesidad de esos problemas, ya que los reciben allí con “tanto amor” en el medio de la corriente del golfo.

¿Por qué? Además, esto se produce con los cubanos, tengan muy presente eso. En la frontera con México, tienen un muro que es diez veces el muro de Berlín, con cuanto equipo sofisticado existe para evitar que se cruce una frontera, y muere allí mucha gente todos los años tratando de cruzar. Tienen toda una escuadra para impedir que los haitianos lleguen a Estados Unidos, y van abordando barcos, y en el abordamiento de esos barcos se hunden barcos, y ni se sabe cuánta gente se ha ahogado como consecuencia de las medidas tomadas por los guardacostas norteamericanos para que los haitianos no vayan a Estados Unidos. Todos los días se ahogan; pero de eso no se habla! En el Canal de La Mona, en Santo Domingo, se ahoga mucha gente tratando de eludir las medidas. Allí no hay guardacostas norteamericanos que reciban a los dominicanos para llevarlos hasta Puerto Rico, ni hay flotillas de camiones y de ómnibus para llevar a los mexicanos que crucen del otro lado de la frontera, ni hay prerrogativas ni privilegios de ninguna clase para cualquier latinoamericano o cualquier ciudadano del mundo que trate de entrar ilegalmente en Estados Unidos. Si es un barco cargado de ciudadanos chinos, remueven cielo y tierra para que no pueda desembarcar en México ni en ninguna parte y lo devuelvan a China. Ah!, pero si se trata de ciudadanos cubanos, como está de por medio la Revolución Cubana y la idea de destruir a la Revolución Cubana, hay flotillas de aviones, de guardacostas y de cuantos medios existan para auxiliarlos. ¿No es una provocación descarada, desvergonzada? Detrás de estos sucesos está esto otro, porque alrededor de esto han creado una gran agitación, una esperanza.

Saben que los guardafronteras cubanos no les van a disparar, aunque les disparen no van a disparar a la lancha de pasajeros porque hay ancianos, hay mujeres, hay niños, hay personas que no tienen nada que ver con el secuestro, que son inocentes. Si saben que los guardafronteras no van a disparar contra ellos y que los reciben allá con todas las facilidades y no se toman medidas de ningún tipo, pues entonces han ido creando en torno a esto la ilusión de poderse ir en cualquier cosa y viajar. A esa gente -que una buena parte de ellos son delincuentes, o gente con causas pendientes, lumpen, elementos

antisociales a los que jamás les darían permiso para ingresar en Estados Unidos- las reciben, y en toda una serie de elementos antisociales y delincuentes han creado la ilusión y la esperanza de evadir las leyes y obtener sus objetivos robándose lanchas, al extremo que han obstaculizado, casi han interrumpido el transporte entre la Bahía de La Habana con motivo de estos incidentes. Ahí están las causas. Lo de hoy está asociado a eso ya, a ese estímulo, incrementando la osadía y la audacia de estos elementos lumpen que llevaron a cabo las provocaciones.