La Revolución mexicana, el movimiento muralista y la escritura de Alejo Carpentier (1). Por Patricia Pérez Pérez


“Aquí, la Revolución, (acaso fallida, acaso más lograda de lo que se creía: habría que esperar antes de emitir un juicio certero), después de hacerse carne en tierras bien embebidas de sangre – sangre de legítimos ancestros y sangre de intrusos – se había trepado a las paredes”.

      1. Carpentier, La consagración de la primavera, 1978.

No se puede hablar hoy del arte del siglo XX sin hacer referencia a una corriente pictórica que encuentra sus raíces en el pasado de México y en su Revolución: el llamado movimiento “muralista”. Libre de modelos importados, esta expresión latinoamericana en la pintura nació de la necesidad de representar al hombre mexicano en su contexto, confiriéndole así una dimensión universal[2]. Resulta igualmente imposible estudiar la obra de Alejo Carpentier sin considerar la importancia que la Revolución Mexicana y el Muralismo adquirieron en su concepción del ser americano y su expresión creadora. Sigue leyendo

Bajo el signo telúrico de las grandes tormentas. Por Alejo Carpentier


“Puede desarrollarse un ciclón al Este de la Florida”… leíase ayer en nuestro periódico. Y muchos, al tropezar con la palabra “ciclón”, no acertarían a figurarse hasta qué punto pueda parecer extraño, a un europeo, eso de oír hablar de ciclones. Cuando Goethe, en una carta famosa, hablaba de la amable naturaleza, “por siempre domada y sosegada” del Viejo Continente, su mente había dejado atrás las eras de los ciclones, y también las de las grandes inundaciones y grandes furias del cielo. Cuando el Sena crece exageradamente, lo más que pueda ocurrir, en París, es que se inunden dos calles y una plaza aledaña. La peor de las trombas -todavía quedan algunas, allá- no pasa de echar abajo tres o cuatro chimeneas de fábricas… Y es que donde la tala ha clareado las tierras durante siglos, transformando las selvas primitivas en campos de labranza, los ríos se amansan y hasta el cielo cambia de fisonomía. No están abajo, ya, los grandes Laboratorios de la Humedad, para hinchar unas nubes en constante actividad, que, de súbito, se enfurecen y estallan sobre el espinazo de montañas vírgenes, que aún asumen las funciones de divisorias de las aguas que la Biblia les encomendara en los primeros capítulos del Génesis. El meteoro de Europa es meteoro de pequeñas dimensiones, como hecho para el escenario de Bayreuth. El rayo ha dejado de ser una manifestación de la cólera divina, desde que Benjamín Franklin lo cazara con un pararrayo. Y la lluvia torrencial ha sido substituida, hace tiempo, por la garúa que cala lentamente, por persuasión, a los transeúntes que nada hacen por evitarla, en las calles de sus ciudades… Sigue leyendo

Baracoa: “cabalmente dentro de nuestra geografía”


Alejo Carpentier

Imagen de la bahía en Baracoa

Hoy cumple 500 años de fundada la primera ciudad cubana. A propósito, reproducimos acá estas palabras del escritor cubano Alejo Carpentier, en  la introducción de su novela La consagración de la primavera.

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Los avatares del compromiso intelectual


Graziella Pogolotti

No soy politóloga. Por eso, tengo que hablar en primera persona, a partir del testimonio de haber vivido intensamente una época, la mía y, desde la convivencia, la dramática experiencia de la generación que me precedió, involucrados unos y otros en el acontecer de la Isla, inseparable de los sucesos que estremecieron el resto del mundo. Para mí y para quienes me precedieron, la política nunca fue oficio. No quisimos tampoco, siguiendo la tradición establecida desde Platón hasta Voltaire, constituirnos en consejeros privilegiados, tarea siempre Sigue leyendo

El pueblo entero de Madrid…


Alejo Carpentier

"El siglo de las luces", portada de la edición de "Siglo XXI"

Un texto de John Brown, publicado en Rebelión con el título “¨Los españoles buenos son cubanos¨: lecciones de democracia cubana en la Puerta del Sol“, me ha traído a la memoria este pasaje del final de la novela El siglo de las luces, del gran escritor cubano Alejo Carpentier, en que dos jóvenes cubanos se lanzan a las calles en la célebre jornada del 2 de mayo de 1808, protagonizada por el pueblo español contra las fuerzas napoleónicas.

El pueblo entero de Madrid se había arrojado a las calles en un levantamiento repentino, inesperado y devastador, sin que nadie se hubiese valido de proclamas impresas ni de artificios de oratoria para provocarlo. La elocuencia, aquí, estaba en los gestos; en el ímpetu vocinglero de las hembras; en el irrefrenable impulso de esa marcha colectiva; en la universalidad del furor. De súbito, la marejada humana Sigue leyendo