Cinema Paradiso (+ video con banda sonora)


Álvaro Castillo Granada

cinema_paradiso2Hace veinticuatro años vimos esta película juntos. Como todo en ese tiempo, sólo tenía sentido si lo hacíamos los dos. Era nuestra forma de ser novios. Ser los dos siempre. Firmar con un solo nombre. Intentar compartirlo. No podíamos entender el estar juntos de otra forma: el tiempo que nos separaba era apenas una pausa, un detenerse, antes de volver a encontrarnos.

Nos hallamos en una calle, ¿recuerdas? Me habías dicho el día anterior que no querías ser mi novia pues ibas a perder al amigo. Yo te dije que eso no era así: que yo iba a ser tu amigo y novio. Las dos cosas podían ser lo mismo. En ese entonces podían ser lo mismo.

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“Hoy es un día feliz”


Álvaro Castillo Granada

ediciones-vigiaA los libros les debo todo en mi vida. Soy un librero. Esta frase, que puede sonar extraña o exagerada, en mi caso es cierta. Totalmente. Sin el menor resquicio. En algún momento dejaron de ser los objetos detrás de los que escondía mi timidez (también para eso sirvieron, como no) para ser las rocas, los ladrillos, las cabillas, las tablas, las puntillas, las ventanas con las que fui construyendo (y sigo haciendo) al que soy. Al que está y habita en este mundo.

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Una alegría humilde


 Álvaro Castillo Granada*

Monumento y mausoleo al Che en la ciudad de Santa Clara

Hoy entendí la diferencia entre “estímulos morales” y “estímulos materiales”, esa batalla que el Che dio. Lo he visto en películas en blanco y negro repartiendo diplomas a trabajadores destacados y consagrados. Y una flor, que ahora sé es un gladiolo. Esos héroes del trabajo que no pretendían otro honor que el deber cumplido. Y siempre vi en sus rostros, en el de cualquiera, una sonrisa, una alegría tal que es imposible de describir con palabras. Sólo es posible verla. Una alegría humilde, avergonzada.

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Skármeta: “Seguí un camino que no había recorrido otro y ahí estoy”


Álvaro Castillo Granada

Antonio Skármeta

Es la cuarta vez que nos vemos. La primera él no lo supo. Fue en septiembre de 1993, en Santiago, en la Universidad de Chile, durante una conferencia de Volodia Teitelboim sobre Pablo Neruda. De repente él se dirigió al auditorio y dijo: “Antonio, ¿te acuerdas?”. Quedé de una pieza. En mi mochila llevaba Ardiente paciencia, en la edición colombiana de la Oveja negra. Me acerqué y le pedí que me la firmara. El 23 de septiembre la leí completa, en Isla Negra, acompañado de media botella de vino tinto, sentado en unas rocas, frente al océano pacífico. Así homenajeé a Pablo Neruda en el veinte aniversario de su muerte. Después fue en abril de 2004, cuando vino a Bogotá a presentar El baile de la Victoria.

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Skármeta: "Seguí un camino que no había recorrido otro y ahí estoy"


Álvaro Castillo Granada

Antonio Skármeta

Es la cuarta vez que nos vemos. La primera él no lo supo. Fue en septiembre de 1993, en Santiago, en la Universidad de Chile, durante una conferencia de Volodia Teitelboim sobre Pablo Neruda. De repente él se dirigió al auditorio y dijo: “Antonio, ¿te acuerdas?”. Quedé de una pieza. En mi mochila llevaba Ardiente paciencia, en la edición colombiana de la Oveja negra. Me acerqué y le pedí que me la firmara. El 23 de septiembre la leí completa, en Isla Negra, acompañado de media botella de vino tinto, sentado en unas rocas, frente al océano pacífico. Así homenajeé a Pablo Neruda en el veinte aniversario de su muerte. Después fue en abril de 2004, cuando vino a Bogotá a presentar El baile de la Victoria.

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Encuentro con Pedro Ángel Palou


Álvaro Castillo Granada

“Fui asumiendo esa posición de escritor: hay que contarlo todo”

Pedro Ángel Palou

Pedro Ángel Palou

Apenas entró a la librería me dijo con ese “tú” mexicano que es como un abrazo: “Por fin te conozco. Me ha hablado de ti Paco Ignacio Taibo II”. Sí, fue gracias a Taibo que leí por primera vez a Pedro Ángel Palou. Le recomendó a Jorge Franco (ante una pregunta suya sobre qué libro traerme de México) que me leyera Zapata. Y me conquistó su manera de narrar y contar la historia. Asumiendo el lugar del testigo que quiere verlo, narrarlo y comprenderlo todo. Como siempre: la gentileza y complicidad de Zoraya Peñuela hizo posible este encuentro de dos lectores que se sentaron en una librería Sigue leyendo