La estrategia de vacunación racista y apresurada de Trump solo busca votos, no una cura. Por Amy Goodman y Denis Moynihan


La humanidad se enfrenta a la peor pandemia en un siglo y se ve obligada a participar en una carrera colectiva sin precedentes por encontrar una cura. Bajo la articulación de la Organización Mundial de la Salud, el desarrollo de vacunas avanza sustentado en una vasta colaboración global. Sin embargo, Estados Unidos está notablemente ausente. En este país, el presidente Donald Trump tiene la intención de lanzar una vacuna antes de las elecciones presidenciales de noviembre, colocando su ansia de poder por encima de las urgentes demandas de la salud pública. Millones de estadounidenses podrían resultar perjudicados si Trump fuerza el lanzamiento de una vacuna antes de que se demuestre que es segura y eficaz. Sigue leyendo

En medio de un brote de coronavirus, Trump aviva la llama del racismo.Por Amy Goodman y Denis Moynihan


El peso de la historia se está sintiendo en Estados Unidos, donde masivas manifestaciones de protesta están haciéndole frente al duradero impacto del racismo sistémico. Millones de personas han tomado las calles a raíz de los asesinatos a manos de la policía de los afroestadounidenses George Floyd en Minneapolis, Breonna Taylor en Louisville, Kentucky, Tony McDade en Tallahassee, Florida, Rayshard Brooks en Atlanta, y por el asesinato de Ahmed Arbery en Brunswick, Georgia cometido por un oficial de policía retirado y su hijo. Mientras tanto, Donald Trump se prepara para relanzar su campaña presidencial, con uno de sus clásicos actos políticos demagógicos, el primero desde que comenzó la pandemia. El evento se desarrollará en un estadio cerrado en Tulsa, Oklahoma, justo cuando ese estado republicano sufre su peor semana de contagios de Covid-19. Trump se niega a usar tapabocas en público y, aunque la campaña de Trump tampoco va a exigir que quienes asistan al estadio utilicen mascarillas, sí requerirá que firmen un documento que exime a la campaña de responsabilidad en caso de que contraigan la Covid-19. Sigue leyendo

Racismo, brutalidad policial y COVID-19 en Estados Unidos. Por Amy Goodman y Denis Moynihan


El pasado lunes, Día de los Caídos en Estados Unidos, George Floyd suplicaba por su vida mientras Derek Chauvin, oficial de la policía de Minneapolis, le apretaba el cuello contra el pavimento con una de sus rodillas. “Por favor. Por favor. No puedo respirar, oficial. No puedo respirar”, jadeaba George Floyd, con sus manos esposadas detrás de la espalda. Los testigos del suceso le pidieron repetidas veces a Chauvin que aflojara la presión, pero el oficial siguió con la rodilla enterrada en el cuello de Floyd. Un devastador video de diez minutos registró este asesinato en cámara lenta, respiración menguante tras respiración menguante. Finalmente, el cuerpo inerte de Floyd fue bruscamente colocado en una camilla, cargado en una ambulancia y llevado al hospital, donde se declaró su muerte. Sigue leyendo

Bolton, la peor pesadilla del mundo. Por Amy Goodman y Denis Moynihan


“Queda poquísimo tiempo, pero un ataque todavía podría resultar”, escribió John Bolton en un artículo de opinión del New York Times del 26 de marzo de 2015, titulado “Para detener la bomba de Irán hay que bombardear Irán”. Sigue leyendo

Congresista Ilhan Omar a Trump: “Tus ideas dementes no son bienvenidas”. Por Amy Goodman y Denis Moynihan


 El sábado pasado, el último día de la festividad judía de Pésaj, un supremacista blanco de 19 años de edad llamado John T. Earnest presuntamente irrumpió en la sinagoga Chabad, situada en la localidad de Poway, en California, y abrió fuego con su rifle de asalto tipo AR. Según se informó, mató a Lori Gilbert Kaye, una de las congregantes, mientras esta intentaba proteger al rabino, Yisroel Goldstein. Los testigos presenciales declararon que Earnest le disparó dos veces a Goldstein, quien perdió parte de un dedo, e hirió a otras dos personas antes de huir. Fue arrestado poco tiempo después, mientras se difundía un manifiesto plagado de lenguaje antisemita, supuestamente escrito y publicado en internet por el asesino. En él, el atacante también se atribuye el crédito por el intento de incendio de una mezquita en la cercana ciudad de Escondido, realizado un mes atrás. Un mensaje en el estacionamiento de la mezquita hacía referencia a la masacre en dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, en la que fueron asesinados 50 fieles musulmanes. En su propio manifiesto, el agresor de Nueva Zelanda describió al presidente Donald Trump como “un símbolo de la identidad blanca renovada”. Sigue leyendo