El tiempo que compartimos. Por Guillermo Castro H.


“Piénseme siempre:

cuando lo encienda la fantasía

o lo arrebate la indignación.

Piense en lo que yo en cada caso le diría

si estuviese a su lado”.

José Martí, 1895.[1]

El problema de la vigencia de Martí como un elemento activo en el desarrollo de esa vasta familia de pueblos que llamamos nuestra América tiene una extraordinaria importancia en nuestro tiempo. Atender a ese problema pasa por encarar tres riesgos mayores en la lectura contemporánea de su obra. Uno es el del anacronismo, que nos lleve a asumir como si fueran contemporáneos pensamientos y situaciones correspondientes al último cuarto del siglo XIX; otro, el de la fragmentación, que nos mueva a recordar frases aisladas de su obra al calor del atractivo estético y moral de su palabra escrita, y el tercero está en olvidar que lo sentimos como un contemporáneo porque se forjó como un hombre de su tiempo, como intentamos nosotros serlo del nuestro, que tomó forma con él. Sigue leyendo

Martí frente a anexionistas y autonomistas. Por Fidel Castro


Martí era muy joven cuando se inició la Guerra de los Diez Años. Padeció cárcel, padeció exilio; su salud era muy débil, pero su inteligencia extraordinariamente poderosa. Fue en aquellos años de estudiante paladín de la causa de la independencia, y fue capaz de escribir algunos de los mejores documentos de la historia política de nuestro país cuando prácticamente no había cumplido todavía 20 años. Sigue leyendo

Martí y la alteridad. Del diálogo a la unión del alma americana que garantiza el equilibrio del mundo. Por Patricia Pérez Pérez


Toda la obra y la acción martianas emanan de una constante preocupación y sacrificio por los seres humanos, por todo aquel que siendo similar o diferente de su propio Yo, en ningún modo “le es ajeno”1. Ese “humanismo del otro” (Levinas)2, valor social supremo e incluyente de cuanto aqueja y lastima el alma y el cuerpo del hombre, misterio de la creación que en él fue “pasión devoradora” (Vitier & Marruz: 115)3, va madurando desde su infancia y adolescencia cubanas y se enriquece posteriormente desde experiencias y espacios vitales, culturales y sociales diversos, hasta encumbrarse, en tanto construcción poética y paradigma ético y político de la fraternidad entre los hombres – que nos abraza cual padre a sus hijos – en lazo universal que perdura más allá de su muerte. Sigue leyendo