A los revolucionarios más jóvenes. Por Fidel Castro


“A los revolucionarios más jóvenes, especialmente, recomiendo exigencia máxima y disciplina férrea, sin ambición de poder, autosuficiencia, ni vanaglorias. Cuidarse de métodos y mecanismos burocráticos. No caer en simples consignas. Ver en los procedimientos burocráticos el peor obstáculo. Usar la ciencia y la computación sin caer en lenguaje tecnicista e ininteligible de élites especializadas. Sed de saber, constancia, ejercicios físicos y también mentales. Sigue leyendo

La disputa por el alma de la juventud: Un análisis global. Por Instituto Samuel Robinson


Una ruta de aproximación

La juventud es definida, principalmente, como un segmento socio-demográfico establecido por un rango de edad. Pese a las generalizaciones habituales, no existe una definición internacional universalmente aceptada que agrupe lo que popularmente conocemos como juventud. Sin embargo, con fines estadísticos, las Naciones Unidas, sin perjuicio de cualquier otra definición hecha por los Estados miembros, definen a los jóvenes como aquellas personas de entre 15 y 24 años, edad en la que, acorde a la lógica occidental, una persona adquiere madurez y se desenvuelve en la categoría de “adulto”.

Sigue leyendo

El viejo truco de invocar a los jóvenes


Fernando Buen Abad

"El baile de la juventud" de Pablo Picasso

"El baile de la juventud" de Pablo Picasso

Queda “bien”, según algunos, y hasta parece “progre”, prodigarse en discursos apologéticos sobre la “juventud”. Es decir personas que, según la ONU desde 1983, tienen entre 15 y 24 años. Aproximadamente 1.222 millones de personas (el 15.4%) del total que somos a nivel planetario 1. Queda, según otros, “políticamente correcto”, aplicar pinceladas de sensiblería cursi cuando se habla del “futuro” para hacer creer a todos que nuestros “sacrificios” de hoy no tienen otro destino que el “bienestar” de los jóvenes. Queda “ cool ”, queda “ nice ” y, con ambición mercadotécnica y electorera, se hace de los jóvenes presa predilecta en los platillos demagógicos más repetitivos que el capitalismo reedita, compulsivamente, hasta la náusea. Sigue leyendo