¡Y no lo olvido! Por Miriela Mijares


Me hablaba de su relación con Chibás y su orgullo de pertenecer al Partido Ortodoxo; del día en que estuvo sentado en el brazo del butacón donde estaba su líder y de su negación a ir a votar por aquellos que en nada representaban al pueblo; pero mi abuelo no ha quedado anclado a mi memoria como un héroe solo por eso. No estuvo en La Sierra; pero participó en pequeñas acciones de la clandestinidad, allá, en La Habana. Sin embargo, ni las cédulas guardadas; ni su revólver de cabo blanco, hermosísimo; ni siquiera la lápida que le puso a su amigo negro, el Sastre, donde se atrevió a escribir la palabra “comunista”;  han construido la imagen de rebeldía que conservo de él. Sigue leyendo