La insuperable levedad de ir mas allá de las circunstancias. Por Ernesto Estévez Rams


El capitalismo es una especie de Rey Midas en marcha atrás, todo lo que toca lo convierte en mercancía, pero lo hace otorgándole esta condición como esencia, usurpando sus otros atributos. Y lo hace aun cuando para lograr que se venda, debe esconder su objetivo único detrás de los demás atributos. Digo de marcha atrás porque, si en el principio la condición de mercancía derivaba de la utilidad de cierto objeto, es decir su valor de uso, ahora lo vendible viene primero y luego, se le inventa alguna pantomima que la haga comprable. Luego, genéricamente hablando, este anti Rey Midas, contrario al mítico, convierte todo lo que toca en mierda y no porque no sea capaz de crear lo útil, lo crea, pero no lo hace por utilidad. Por eso cada vez que escucho aquellos versos de que me vienen convidar a tanta mierda no puedo evitar pensar en que el convite es a abrazar el mito de la mercancía y perderse en el. El mundo hecho almacén de objetos de masas.
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“No usamos veneno como aroma de flores”. Por Iroel Sánchez


Recuerdo la intervención de Fidel cuando Guayasamín organizó la celebración por los 70 años del Comandante. Con esa lealtad a la idea martiana de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz” a la que siempre fue fiel, el Comandante insistía en que lo que realmente trascendería está en el arte y lo argumentaba apuntando -cito de memoria- que nadie recordaba el nombre de los políticos que gobernaban en La Mancha cuando Cervantes escribió el Quijote. Sigue leyendo

Sindo Garay en #LaPupilaTv: La guitarra sin envejecer


La Pupila Asombrada que veremos este jueves 6 de abril desde las 10 pm por Cubavisión (con retransmisión el sábado 18 a las 8.30 pm por el Canal Educativo 2) está dedicada a los 150 años de Sindo Garay. 

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Silvio en el centro… de la Revolución y la belleza.


Soy un hombre de centro. Por Silvio Rodríguez

silvio-en-angolaSoy un hombre de centro. Empecé por nacer, sin darme cuenta, para verme en el centro de la vida. Todavía era un niño cuando me arranqué de mi familia para lanzarme al centro de la noche, con la yesca de una cartilla y un manual. No mucho después llegué al centro de mi mismo, con un arma en la mano, defendiendo un país que llegaba a su centro. Había llegado al centro de la conciencia colectiva y aún no conocía el centro de la existencia humana. Ese centro supremo me esperaba en las intimidades de una joven. Y fue el centro del mundo, del goce y el dolor, de la dicha y la muerte, relámpagos, diluvios. Del desierto anterior y esa humedad llegué al centro de mis palabras. Al centro de espasmos le di vida a inocentes. Al centro de la amistad hice un credo y desafié montañas. Al centro de la muerte he sobrevivido a mis propias miserias. Y si adelante hay algún centro allí estaré, en la neblina fantasmal de millones de nombres que continúan en el centro de todo, aprendiendo a nacer.

(Segunda cita)

La balada de Elpidio Valdés. Por Silvio Rodríguez


A finales de 1961 yo estaba de aprendiz de dibujante en la revista Mella. Había llegado allí cuando la enseñanza secundaria no se había reactivado del todo, tras la recién concluida Campaña de Alfabetización. Embullado por mi padre, me había presentado en la publicación con algunos dibujos bajo el brazo y resultó que mi ídolo, el gran Virgilio Martínez, hizo colocar una mesa al lado de la suya, para que desde aquella posición privilegiada aprendiera en qué consistía el arte de la historieta. Tiempo después, cuando las secundarias reabrieron puertas, decidí matricular en la sesión nocturna, porque durante el día, en los dos años siguientes, no hubo quien me sacara de mi rincón del Mella. Allí, en la calle Desagüe números 108 y 110, miliciano e imberbe, incluso viví la crisis de octubre del 62. Sigue leyendo