Fidel tendrá siempre todo el tiempo. Por Yosvany Montano*


El Jefe se nos fue sin despedirse, en su singular sabiduría fue capaz de reconocer que no necesitaba decir adiós, que comprenderíamos su partida. A la ciudad le fue robada la alegría; rostros largos, miradas trémulas  y abrazos que reconfortan sustituyen por estos días la jocosidad tradicional del cubano. En las calles, las voces de cientos de jóvenes se funden en consignas y se escuchan las canciones de siempre, con las que crecimos en las marchas de Fidel, las que se hicieron himnos en los combates que nos forjaron como revolucionarios.   Sigue leyendo