Réquiem por las industrias. Por Carlos Ávila Villamar


Cada país tiene una balanza económica en la que (desde una visión simplificada) se resta el total de dinero gastado en importaciones del total de dinero ganado en exportaciones. El resultado debería ser siempre positivo, de lo contrario, el país estaría consumiendo más de lo debido. Ahora bien, en un planeta perfecto sin inflación, es imposible que todos los países se desarrollen, o al menos que todos mantengan sus balanzas positivas. Pensémoslo: no hay forma matemática en la que todos ganen sin que nadie pierda. Cada dólar o euro que sale en números verdes al final de la cuenta de un país es un dólar o un euro que sale en números rojos al final de la cuenta de otro. En realidad todo esto se hace más complejo cuando interviene la inflación. Las monedas se devalúan con el tiempo porque en un año siempre hay más dólares, rublos o pesos mexicanos de los que había el año anterior, por tanto las balanzas comerciales están deformadas y en teoría es posible que todos los países terminen el año con números en verde. Esta deformación, sin embargo, solo favorece a algunos, a aquellos con industrias más fuertes, por lo general. Sigue leyendo

“Estados Unidos Primero” o la declinación relativa de su economía en el balance mundial de las grandes potencias. Por Luis René Fernández Tabío


La economía de Estados Unidos se encuentra en el noveno año de expansión desde la Gran crisis financiera y económica 2007 – 2009, (la más importante del capitalismo desde la trascendente crisis de 1929 al 33). Sigue leyendo

Subvención y competencia. Por Carlos Ávila Villamar


Partiré de un ejemplo simple que habrá sido objeto de debate en no pocos centros educativos durante las reuniones previas al oportuno, afortunado Congreso de la FEU, próximo a celebrarse: las habituales quejas acerca de la comida en las residencias estudiantiles. Al asunto suelen buscársele soluciones, no hay duda. Se hacen chequeos, se aumenta la exigencia, se habla con los trabajadores, se expulsan los incorregibles, se contratan nuevos, hasta se pintan las paredes y se da uno que otro postre inesperado en una fecha significativa. Pero a los dos meses el comedor suele regresar a su estado original, y la lucha de los estudiantes debe comenzar de nuevo. Los fallos no son producto de incidentes azarosos, hay condiciones permanentes que los engendran. Las sugerencias son importantes para un centro de trabajo, pero no puede recaer todo el peso en ellas, es como si un cuartel de bomberos necesitara que una familia se quemara cada tantos días para volver a tomarse en serio el trabajo. Sigue leyendo

El cazador cazado. Por Carlos Luque Zayas Bazán


No tenía previsto comentar nuevamente algún texto del economista cubano Pedro Monreal. La última vez, su natural estilo sabio y reposado perdió el norte de la paciencia y acudió a la última ratio del polemista, es decir, a ofensas personales algo ajenas a la condición de un catedrático. Pero le sigo leyendo, naturalmente, abrigado en aquella máxima quijotesca que protege contra los agravios.

Pedro Monreal en el extremo izquierdo, junto al Director de Cuba Posible, Roberto Veiga.

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Economía cubana en prensa internacional: Solo para neoliberales. Por José Manzaneda


“El sistema económico socialista de Cuba es un fracaso” (1), nos repiten desde los grandes diarios, para quienes solo existe una opinión en la materia: la de “cubanólogos” liberales como Carmelo Mesa-Lago, profesor de la Universidad de Pittsburg (2).

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Por algo será. Por Carlos Luque Zayas Bazán


El filósofo comunista radical Iohannes Maurus, John Brown, o Juan Domingo Sánchez Stop, se preguntaba en un artículo titulado ¿Quién salva al capitalismo de sí mismo?:

¿Cómo actuar dentro del Estado, bajo la forma Estado y dentro de sus distintos aparatos, sin convertirse en aparato de Estado?”.

Aunque no sólo, la pregunta remite a los partidos o los proyectos políticos que se proclaman opuestos de alguna manera al capitalismo y que, en el rejuego de las democracias realmente existentes en los países dominados por el Capital, participan en coaliciones que les permiten acceder a los parlamentos y, en ocasiones, en coalición gubernamental. Un ejemplo podría ser el del Partido Comunista Chileno en los años recientes, o proyectos de “revoluciones ciudadanas”, como el ahora tambaleante caso ecuatoriano. El primero, un frustrado intento más de participar desde “dentro” en la lucha parlamentaria, cuando no mediatizado por la simple cooptación, o la inutilidad de sus esfuerzos como se hizo evidente en el segundo mandato de Bachelet y la Nueva Mayoría, y el eterno retorno de la derecha. El segundo, un intento más, ya también en vías de franca frustración,  de hacer una “revolución” sin defenestrar el Poder del Capital y sus tentáculos mediáticos y culturales. Sigue leyendo