“Centrismo” y “Tercera vía”, ¿sólo etiquetas? Por Iroel Sánchez


Un artículo del historiador Elier Ramírez Cañedo titulado “Centrismo y tercera vía en Cuba” ha despertado variadas reacciones. Pero a veces ilustra, o complementa un poco, dar la palabra a los protagonistas, algunos de los cuales Raúl Antonio Capote ha señalado con nombres y apelidos en su artículo “Tercera opción en Cuba: El drama de los equilibristas”  y otros han recibido una descripción bastante elocuente:  Sigue leyendo

Descifrando encrucijadas: “Operación Cruz roja”. Por Fabián Escalante Font


Una de las operaciones de la CIA y el exilio contrarrevolucionario que más tiempo ha permanecido en el misterio, fue la denominada “Cruz Roja”, que en su momento, mediados de 1963, pretendió provocar un conflicto bélico entre Estados Unidos y Cuba y así poder derrocar al gobierno revolucionario. Poco a poco, a lo largo de los últimos años, han salido nuevas piezas informativas que nos ayudan a esclarecer estos hechos. Sigue leyendo

La “izquierda” de la CIA. Por Frances Stonor Saunders


La Agencia llevaba tiempo dándole a una idea: ¿Quiénes mejor que los ex comunistas para luchar contra los comunistas? Después de hablar con (el escritor húngaro ex comunista que fungía como asesor de la Oficina Británica de Asuntos Exteriores, del Departamento de Estado de los Estados Unidos e, inclusive, trabajaba para la CIA, Arthur)* Koestler,  esta idea comenzó a tomar forma. La destrucción del mito comunista, decía, sólo se podría conseguir movilizando, en una capaña de persuasión, a aquellas figuras de la izquierda que no eran comunistas. Las personas de las que hablaba Koestler ya yenían su propio nombre –la izquierda no comunista– en el Departamento de Estado y en los círculos de los servicios de inteligencia. En lo que Arthur Schlesinger había calificado de “revolución silenciosa”, las personas de la Administración cada vez  comprendían mejor y apoyaban en mayor grado las ideas de los intelectuales que estaban desilusionados con el comunismo pero que aun tenían fe en los ideales del socialismo.  Sigue leyendo

Un terrorista fracasado. Por Fabián Escalante Font (+ video)


Recientemente la prensa de Miami dio cuenta de un libro biográfico de Antonio Veciana, “entrenado para matar”, en el cual relata, según los despachos periodísticos, sus “hazañas y peripecias” para derrocar al gobierno revolucionario cubano y asesinar a su líder, Fidel Castro.

El libro de Veciana

Am/Shale-1, el código que la CIA le asignó, a punto de cumplir sus noventas años, se recrimina por los fracasos en sus pretensiones, que transitaron desde un agente de guerra sicológica, dirigente contrarrevolucionario, planificador de complots para asesinar a Fidel y derrocar la Revolución, activo terrorista y fundador de Alpha 66, hasta participante directo en el complot para asesinar al presidente John F. Kennedy, algo que antes afirmé, pero que ahora con la confesión de Veciana suma un testimonio de primera mano. Sigue leyendo

Mangosta no come cocodrilo (Parte II). Por Fabián Escalante Font


Siguiendo con el año 1962, documentos desclasificados señalan que “en junio, la CIA recibió informaciones serias de que el pueblo cubano estaba a punto de rebelarse contra el régimen de Castro, sin ningún tipo de patrocinio de los Estados Unidos”.1 Ante tales noticias, el Pentágono, en la persona del general Benjamín Harris, propuso el plan para esa contingencia, el cual refería en uno de sus párrafos:

“Los Estados Unidos apoyarán y sostendrán la rebelión en Cuba con todos sus recursos, incluyendo el uso de su fuerza militar para garantizar la sustitución del régimen comunista por un nuevo gobierno adecuado para los Estados Unidos […] En el caso de que esta sublevación se extienda como un movimiento popular contra el régimen comunista, los Estados Unidos deben ser capaces de ejecutar una rápida acción militar para anticiparse a un concertado y drástico programa de represalias en pro de la humanidad y de la misión de este plan.”2

Sin embargo, aun en aquel peligroso escenario la Revolución continuaba su programa social, político y económico. Al concluir el tercer año de gobierno, el Consejo de Ministros aprobó el presupuesto de la nación para 1962: 1,853 millones de pesos, el más alto de toda la historia del país. Se dedicaron 270 millones al fomento de la cultura y la educación; se aprobó la creación de 15,890 aulas para la educación de adultos, se destinó medio millón de pesos mensuales para la asistencia social a personas desvalidas; la Unión Soviética declaró que garantizaría todo el transporte de mercancías destinadas a Cuba procedentes de sus industrias, que en ese año alcanzaría la cifra de setecientos millones de dólares. Pero nada de eso fue analizado en el Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos. El SAG, bajo la conducción de Robert Kennedy y el general Lansdale, continuó instrumentando el aniquilamiento de la Revolución Cubana. Sigue leyendo

La CIA y “La deserción de los intelectuales de izquierda”. Por Gabriel Rockhill


Se suele asumir que los intelectuales tienen poco o ningún poder político. Subidos en su privilegiada torre de marfil, desconectados del mundo real, enredados en debates académicos sin sentido sobre minucias, o flotando en las nubes abstrusas de la teoría de altos vuelos, se suele retratar a los intelectuales como separados de la realidad política e incapaces de tener cualquier impacto significativo sobre ella. Pero la Agencia Central de Inteligencia (CIA) piensa de otra forma.
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