Premoniciones acertadas: ¿Tarea intelectual o de la Seguridad del estado?


Parte de la tarea de un intelectual es la búsqueda de la verdad, y para un intelectual latinoamericano que se precie de ser de izquierda, la verdad incluye las estrategias imperialistas contra los pueblos de Nuestra América. Alrededor  del actual debate y las denuncias de que el “laboratorio de ideas” Cuba Posible es financiado por poderes extranjeros se ha dicho que para eso existen los órganos de la Seguridad del estado. En tal sentido resulta pertinente revisitar la polémica -recogida en este artículo escrito hace algún tiempo por Ernesto Sierra, y publicado originalmente en La Jiribilla– que en su momento generaron los intelectuales latinoamericanos Ángel Rama (uruguayo), y Roberto Fernández Retamar y Ambrosio Fornet (cubanos) alrededor de la revista Mundo Nuevo a la que acusaron de vínculos con la CIA a través de organizaciones como la Fundación Ford y el Congreso por la Libertad de la Cultura, herramientas de una estrategia del gobierno de Estados Unidos que según ha explicado la más acuciosa investigadora sobre el tema sigue vigente. ¿Asumían entonces Retamar y Fornet desde la Casa de las Américas  una tarea correspondiente a la Seguridad del estado? No lo creo, ellos solo combatían un proyecto que, como vislumbró tempranamente Retamar, acabaría “asumiendo, sin dudas más hábilmente, y por tanto más negativamente, posiciones contrarias a los intereses de nuestros pueblos.” Ahora, que Cuba Posible se suma a la campaña imperialista contra la Revolución bolivariana las máscaras de la cultura vuelven a carecer  de sentido.  Sigue leyendo

La Guerra cultural sigue viva. Por Frances Stonor Saunders


El programa  Milenio, de la Televisora brasileña O Globo entrevistó hace algunos años en Londres a la historiadora británica Frances Stonor Saunders a raíz de la salida en Brasil de su obra sobre la CIA y la Guerra Fría Cultural bajó el título ¿Quién pagou a conta? Hemos transcrito y traducido la entrevista para la televisión y adelantamos aquí algunos fragmentos de la transcripión que más adelante publicaremos íntegramente. 

(…)

-Y su foco en la acción de la CIA en el campo de la cultura en la guerra cultural, en el frente cultural.  Con certeza, en esa área la CIA tuvo un gran alcance.

-Muy grande. Cuando comencé a hacer la investigación yo tenía un concepto sobre los agentes de la CIA. La imagen que uno se hacía de un agente de la CIA era la de un tipo bruto, impetuoso, muy osado, carismático, impulsivo, pero nunca la de un intelectual.

Mas, en verdad, la CIA, desde su concepción, parecía un campus universitario. Los agentes usaban traje y fumaban pipa. Parecían profesores en encuentros formales de grandes universidades de Estados Unidos e Inglaterra. Muchas veces ellos también eran eso.

-Usted escribió que la CIA financió la publicación de más de mil libros, incluidos “Doctor Zhivago”, de Boris Pasternak; “La nueva clase” de un autor yugoslavo.

-Traducciones de T.S Elliot y de Chejov. Había una editora que publicaba a  Chejov y era dirigida por la CIA.

-¿Por qué la CIA publicaba eso?   

-La CIA intentaba seducir directamente cerebros occidentales, intelectuales que fuesen anticomunistas, pero no necesariamente pro Estados Unidos. La CIA quería desmontar la opinión engañosa de los soviéticos, de que los Estados Unidos no tenían cultura, no eran sofisticados, tenían pocos derechos civiles, y no entendían un arte elevado. La CIA quería desmentir todo eso. Ella quería construir una alianza, digamos, una especie de OTAN cultural, para apoyar la política exterior norteamericana, una Pax Americana, para convencer a las personas de que los Estados Unidos eran óptimos y los soviéticos, pésimos. Mas la CIA era sutil, no intentaba alcanzar un gran público; la CIA buscaba un pequeño público de élite, que lenta y progresivamente, pudiera influenciar lectores, un público más amplio, además de creadores de políticas y personalidades influyentes que pudiesen cambiar la política para asumir la propuesta norteamericana.

(…)

-Lo que la CIA hacía, por lo que usted describe, los gobiernos siempre lo hicieron. En el caso de América Latina en los años 40, los Estados Unidos crearon la política del buen vecino. Parte de ella fue implementada por Nelson Rockefeller.

-Rockefeller estaba personalmente involucrado con la CIA en operaciones similares especialmente en la América Latina de la postguerra. La CIA tenía un sistema óptimo de subcontratar sus agentes por particulares e instituciones. Hay una cosa que me ayudó a destapar esta historia y va a ayudar a futuros investigadores, principalmente en América Latina: la CIA se resiste mucho a divulgar pruebas directas, en forma de documentación. Mi lucha por informaciones, como la de muchas personas no obtuvo éxito. Lo bueno de que la CIA haya actuado en el sector privado es la posibilidad de encontrar mucho material directamente relacionado con la CIA, con sus organizaciones y sus métodos en el sector privado. Investigando archivos, el de Nelson Rockefeller es un ejemplo, conseguimos ver claramente cuáles fueron las incursiones y como fueron gestionadas para promover digamos una “aceptación amigable” de las ideas norteamericanas en América Latina.     

(…)

-Ellos publicaban las revistas “Der Monat” en Alemania, “Encounter” en Gran Bretaña, tal vez la famosa de todas; “Preuves” en Francia; “Tempo presente” en Italia y “Cuadernos” en América Latina.

-“Cuadernos” y también “Mundo Nuevo”, una revista un poco menos conocida.         

Había un servicio gráfico y un servicio de distribución para todas esas revistas. Principalmente para aquellas concentradas en América Latina.

Paralelamente a esas había revistas como “Combate”, “Visión”, “El Mundo en Español”… eran revistas complementarias a las revistas financiadas y dirigidas directamente por la CIA.

-Los grandes nombres de intelectuales de la post guerra en Francia Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus, Raymond Aron y André Malraux… ¿participaron de eso?

-Sartre y Beauvoir eran “los enemigos”, por así decir. Todo el foco…

-Pero intentaron conquistarlos…

-Ya me han dicho que el enemigo no era Moscú, era Paris. Para los norteamericanos, eran Sartre y Beauvoir.

La CIA estaba obsesionada con su anti americanismo y con los estereotipos negativos que ellos representaban. Eso los atormentaba.

-Pero atrajeron a Malraux…

-Sedujeron a Malraux…

-Raymond Aron…

-Y a Camus, bien tardíamente, cuando él abjuró. La CIA consiguió, con mucha eficiencia, dividir a la izquierda francesa. Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir no eran publicados en esas revistas, eran atacados siempre.

La CIA apadrinaba a intelectuales franceses de izquierda que no odiasen a los Estados Unidos.

– ¿Y esos intelectuales sabían que estaban siendo financiados por la CIA? 

-Quién sabía y quien no sabía es una incógnita. Muchos de ellos ni tenían idea porque la CIA estaba detrás de instituciones, revistas, periódicos, y críticas de arte en las que ellos estaban trabajando.

-Usted cita a Richard Crossman, un agente británico de inteligencia, según él la manera de la hacer una buena propaganda es parecer no estarla haciendo.

-Hay una diferencia entre los niveles filosófico y práctico. El problema de asociación a la CIA era reconocido por la propia CIA. La CIA no daba aprobación abiertamente, pues sabía que sería rechazada si fuese claramente. Entonces la CIA se escondía por detrás de fundaciones y organizaciones en Francia. Ella disfrazaba su vestimenta.

(…)

-Tiene sentido que la CIA apoyara a personas de derecha, como Irving Crystal o el filósofo Isaiah Berlin. Por otro lado, ¿por qué la CIA apoyaría a Mary McCarthy?

-Porque es la izquierda no comunista. Era una esfera perfecta, y a pesar de todo muy importante para predicar el valor dede  la democracia norteamericana y su política exterior. ¿Por qué los Estados Unidos querrían a Orwell para utilizar su  “1984” y “Rebelión en la granja”, dos textos bien polémicos contra todas formas de control del Estado, todos los estados que intentan controlar a los ciudadanos? Ellos tomaron y modificaron las obras de un viejo socialista. Al final ellos eliminan las distinciones que Orwell hace, las comparaciones que él hace, la equivalencia entre un comunismo degenerado y un  capitalismo extremo y corrupto. Esas diferencias o similitudes son apagadas.  Lo que queda es un tratado contra el imperio del mal soviético. Por tanto, esas obras son levemente modificadas, de modo convincente, con altas calidades. Modifican el argumento original hacia su objetivo, para establecer la distancia entre valores norteamericanos y soviéticos.

-Cambian el final de la historia.

-Tanto de “Rebelión en la granja” como de “1984” para eliminar la equivalencia moral existente en el texto original, entre las dos formas de opresión, de totalitarismo, o de control del Estado. Todo para mostrar de manera peculiar y distinta, el tipo de control comunista. 

(…)

-Los comunistas no son más amenaza, pero la CIA aún existe. ¿Podemos concluir que ese tipo de actividad de un frente cultural aún existe, a pesar del fin del comunismo?

-Sabemos que los Estados Unidos, porque eso sale a la superficie y  después es olvidado, han estado activamente comprometidos en programas de guerra sicológica, de conquistar corazones y mentes, no solo en campos de operaciones convencionales, como Irak y Afganistán, sino en otros países y continentes donde ellos necesitan ganar un consenso intelectual y cultural a favor de la actual política exterior norteamericana. Entonces, existe, sí. No hay dudas de que instituciones con las cuales la CIA trabajaba y trabaja, como la Fundación Ford, todavía son muy activas. Todavía usan los mismos programas de convencimiento y las mismas herramientas desarrolladas durante la Guerra Fría.

-¿La llave para descubrirlo es la investigación financiera?

-Es el lado financiero siempre. Normalmente es lo más frágil. Es posible investigar las finanzas de una revista hasta llegar a alguien. Si un editor no sabe de dónde el dinero viene, él debe preguntarse eso. Es ridículo, pero eso ocurría. Algunas revistas eran financiadas por la CIA, a través de mecanismos tan complejos que los propios editores no sabían. Usted está obligado a saber cómo es financiado.

 

Nueva victoria chavista en la OEA y “hora cero”. Por Ángel Guerra Cabrera


La afirmación del director de la CIA Mike Pompeo, de que “trabaja” con los gobiernos de México y Colombia para asegurar una “transición” en Venezuela, clásico eufemismo para designar el derrocamiento de un gobierno legítimo, no debiera sorprender. Es largo y sangriento el historial de golpes de Estado de la CIA contra gobiernos democráticamente electos que intentaron hacer una política de soberanía nacional y justicia social, como los de Jacobo Arbenz en Guatemala(1954) y Salvador Allende en Chile(1973), por sólo mencionar dos ejemplos paradigmáticos. Pompeo, integrante del Tea Party(ultraderecha del Partido Republicano) agregó que estuvo recientemente en la Ciudad de México y en Bogotá para “ayudarlos … a comprender lo que pueden hacer para lograr un mejor resultado para su parte del mundo y nuestra parte …” A confesión de parte, relevo de pruebas. Sigue leyendo

“Centrismo” y “Tercera vía”, ¿sólo etiquetas? Por Iroel Sánchez


Un artículo del historiador Elier Ramírez Cañedo titulado “Centrismo y tercera vía en Cuba” ha despertado variadas reacciones. Pero a veces ilustra, o complementa un poco, dar la palabra a los protagonistas, algunos de los cuales Raúl Antonio Capote ha señalado con nombres y apelidos en su artículo “Tercera opción en Cuba: El drama de los equilibristas”  y otros han recibido una descripción bastante elocuente:  Sigue leyendo

Descifrando encrucijadas: “Operación Cruz roja”. Por Fabián Escalante Font


Una de las operaciones de la CIA y el exilio contrarrevolucionario que más tiempo ha permanecido en el misterio, fue la denominada “Cruz Roja”, que en su momento, mediados de 1963, pretendió provocar un conflicto bélico entre Estados Unidos y Cuba y así poder derrocar al gobierno revolucionario. Poco a poco, a lo largo de los últimos años, han salido nuevas piezas informativas que nos ayudan a esclarecer estos hechos. Sigue leyendo

La “izquierda” de la CIA. Por Frances Stonor Saunders


La Agencia llevaba tiempo dándole a una idea: ¿Quiénes mejor que los ex comunistas para luchar contra los comunistas? Después de hablar con (el escritor húngaro ex comunista que fungía como asesor de la Oficina Británica de Asuntos Exteriores, del Departamento de Estado de los Estados Unidos e, inclusive, trabajaba para la CIA, Arthur)* Koestler,  esta idea comenzó a tomar forma. La destrucción del mito comunista, decía, sólo se podría conseguir movilizando, en una capaña de persuasión, a aquellas figuras de la izquierda que no eran comunistas. Las personas de las que hablaba Koestler ya yenían su propio nombre –la izquierda no comunista– en el Departamento de Estado y en los círculos de los servicios de inteligencia. En lo que Arthur Schlesinger había calificado de “revolución silenciosa”, las personas de la Administración cada vez  comprendían mejor y apoyaban en mayor grado las ideas de los intelectuales que estaban desilusionados con el comunismo pero que aun tenían fe en los ideales del socialismo.  Sigue leyendo