Crónica en las vísperas. Por Víctor Casaus


dirán exactamente de fidel
gran conductor el que incendió la historia etcétera
pero el
pueblo lo llama el caballo y es cierto

Estas primeras líneas del poema de Juan Gelman dedicado a Fidel, incluido en la edición de su libro Gotán, en la Argentina, en 1962, estuvo por supuesto rondando, desde hace días (¿semanas, meses?) la idea de escribir algunas palabras para/por el cumpleaños de Fidel que es mañana: que es ya hoy, en esta madrugada no tan calurosa del día 13 de agosto aquí en la Habana del Este, donde estoy tecleando estas líneas.

El poema de Juan era para mí un punto de partida indiscutible, porque desde que lo leí en la época de su escritura pienso que es el texto poético mayor/mejor que se ha escrito sobre Fidel –además de venir de la pluma, de la mente, del corazón de un gran poeta de nuestra lengua, amigo y hermano por más señas.

Por eso he difundido muchas veces ese poema y en estos días previos lo hice nuevamente en las redes y en los medios de comunicación del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Alegría y deber.

Si fuera necesario mencionar algún otro elemento detonador de esta crónica en las vísperas, tendría que referirme –y lo haré– a un programa que vi, hace unas horas, en la televisión: La pupila asombrada, que dirige Iroel Sánchez y escribe Fidelito Díaz Castro  (nada que ver, familiarmente, con el homenajeado), y que constituye, a mi modo de ver, un buen ejemplo de la televisión que necesitamos, donde el compromiso se une a la imaginación y el rigor artístico para superar los agujeros negros de la simpleza, la retórica o la banalidad predominantes en esos y otros medios.

Y es que en el programa se mencionan o aluden algunas de las muchas aristas que pudieran tomarse para hablar del homenajeado en esta ocasión y que estaban entre las que yo pensaba incluir brevemente en la crónica pensada. El programa comienza mostrando imágenes del documental The ugly truth, filmado en Cuba por el cineasta norteamericano Saul Landau y estrenado en su país en el año 1971. En esas imágenes iniciales del filme Fidel juega pelota con un grupo improvisado, en el campo, y se le ve tratando infructuosamente de conectar un batazo, una y otra vez, hasta que lo logra. Retrato metafórico de la tenacidad, uno de los rasgos distintivos de ese bateador.

Esa y otras secuencias del documental filmadas seguramente durante varios recorridos muestran algo muy importante: la humanidad de Fidel que no suele aparecer en la retórica de los poemas laudatorios y los acercamiento grandilocuentes, y que es otro de los rasgos esenciales del homenajeado. Esos fragmentos del documental incluidos en el programa televisivo me llevaron también a pensar en los otros rostros que aparecían en esos encuentros informales durante los recorridos de Fidel: esas caras que vemos ahí, que hoy estarán o estarían cumpliendo edades similares fueron/son los hacedores prácticos de las maravillas de la Revolución en aquellos años, que el documental muestra. Esos esperanzados sudadores de esfuerzos me hicieron recordar entonces aquella canción del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC para el documental Columna Juvenil del Centenario: “¿Qué paga ese sudor, el tiempo que se va? ¿Qué tiempo están pagando? El de sus vidas…” Diálogo del líder que confiesa en otra de las filmaciones que lleva dos días sin dormir, con esos cómplices imperfectos, fabulosos: el pueblo; yo lo vi con oleajes de rostros en su rostro, dice juan en su poema, y yo los acabo de ver, en una pantalla hace pocas horas, en ese fragmento del documental de Landau. Maravilla de la memoria.

Quería escribir esta crónica en las vísperas también para incluir en ella –aun rompiendo los cánones de esta modalidad periodística– aquella definición precisa y revolucionaria de la Revolución (sin redundancia, en este caso) que Fidel hizo en su discurso del primero de mayo del 2000. Y lo hago:

Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.

Lo hago –aunque se haya vuelto a publicar en estas semanas– porque creo que todos y todas debiéramos analizarla con la mayor profundidad posible, sobre todo en estos días que vivimos y en los que ya están viniendo, de modo que algunos aplicadores actuales no reduzcan los alcances de esa definición formidable y compleja, ni algunos inversionistas de mañana (casi de hoy) traspapelen esas enseñanzas entre los contratos que se firmen. Difundir y profundizar en esas enseñanzas vivas, como sería bueno que ocurriera también con algunos textos del Che, sobre los cuales se habla o se discute mucho menos de lo que se debiera.

Para regresar a los caminos estilísticos de la crónica, voy a sintetizar brevemente un testimonio que me ofreció, hace años, Alberto Saumell, compañero de Pablo de la Torriente Brau y Raúl Roa en las luchas por la revolución ida a bolina en la década del 30 del siglo pasado. Cuando lo entrevisté para mis investigaciones sobre Pablo y aquella época, ya el testimoniante no compartía aquellos ideales y valores de su magnífica generación, pero ese dato no descalifica su testimonio –contado, dicho sea de paso, sin ninguna intención adversa.

Me contó Saumell que un día entró a la oficina del líder ortodoxo Eduardo Chibás –participante también antes en las luchas antimachadistas– y presenció el final de la conversación de este con un joven y fogoso estudiante universitario, de palabra enardecida, que se retiró minutos después. Cuando salió, Saumell preguntó a Chibás quién era, y este le respondió: “Se llama Fidel Castro y está más loco que yo”.

A pesar de las discrepancias ideológicas, Saumell me lo contó como un elogio, viniendo además de una figura tan admirada por él como Chibás. Y yo lo compartí y lo comparto ahora con ustedes. Cierta locura creadora, antidogmática, soñadora, irreverente es necesaria para transformar las cosas, la sociedad, la vida, la historia. Recordar a Martí en Playitas, a Guiteras en el Morrillo, al homenajeado en la puerta del Moncada y en el desembarco de Las Coloradas.

También a la crónica, a lo testimonial –en este caso personal– pertenece este recuerdo que ahora simplemente cito (y que el programa televisivo también activó en mi memoria): la visita que hizo Fidel al Centro Pablo el 27 de octubre del año 2001 para asistir a la presentación del cd Trovánonima en el que participaron una decena de jóvenes artistas. Día memorable. Continuación de esos encuentros que el documental de Landau testimonió muchos años antes.

Allí la trovadora Yamira Díaz llevó su canción Contracorriente (hoy volví a ver ese momento en el programa televisivo), y otros artistas recorrieron, como corresponde, el camino del compromiso y de la crítica al mismo tiempo: a mano y sin permiso, como diría un trovador mayor, nuestro hermano Silvio. Y hoy, en el programa tantas veces citado, vi un flash back de ese tema, cuando Fidel le dice al director Saul Landau: “hemos cometido algunos errores, fundamentalmente por inexperiencia”.

Menciono, aunque sea de pasada el tema, porque creo que es fundamental hoy –y me parece que lo será más aún mañana. Me ha alegrado que estos detonadores casuales (o causales, no sé bien) me llevaran a escribir esta crónica en las vísperas antes de que el sol de este sábado aparezca en el horizonte de la Habana del Este. Y me alegra también porque me permite resaltar, en momentos colectivos de aniversario, esos tratamientos humanos, humanizadores a las personalidades, a los héroes, a los imprescindibles, que encontramos en visiones como las del poema de Gelman o el programa citado, en oposición feliz y necesaria a las aproximaciones retóricas, repetitivas, edulcoradas y empobrecedoras.

Este formato periodístico también utiliza, creativamente, la apropiación. Por ello, casi completo esta crónica en las vísperas con un testimonio que llegó hoy mismo a mi correo. Viene de la dirección electrónica de Diego Ortolani Delfino, joven argentino que vivió en Cuba su infancia y primera juventud, después que sus padres participaran activamente en la lucha revolucionaria de su país. Aquí Diego menciona elementos que pudieran haber sido parte de esta crónica en las vísperas –y que ya, de hecho, lo son. Por eso los comparto con ustedes.

A punto de sus 90, después de tantas idas y venidas, y en épocas aciagas y peligrosas (que retrospectivamente echan inevitablemente nuevas luces sobre los pasados, incluidos los más recientes), imposible no reequilibrar y reenfocar la figura de Fidel, rebelde eterno y Maestro de generaciones y pueblos. Hemos polemizado íntimamente en torno a matices y sesgos, y en distintas épocas su magisterio y su influencia sentimental, “intelectual y moral” (como decía Gramsci), han sido problemáticas, pero imposible no concluir en esta hora (…) que ha sido la figura más importante del siglo XX americano, y un guía (quizás el más grande) para los pueblos del tercer mundo en su lucha por la dignidad, la soberanía y la solidaridad, los valores más raigales de todo horizonte de emancipación posible. Un horizonte desdibujado y neblinoso, que sólo la luz de figuras como Fidel (pero sobre todo la de él), y la resistencia de los pueblos, alcanzan a redelinear. Desde “el hondón americano” (hoy por hoy hondón pero bien hondón), salud Fidel, feliz cumple, Maestro por siempre y querido compañero en el intelecto y en el corazón….. 

O, para decirlo con Gelman, al final de su inmenso poema:

la Historia arreglará sus cuentas allá ella
pero lo vi cuando subía gente por sus hubiéramos
buenas noches Historia agranda tus portones
entramos con fidel con el caballo
  

13 de agosto de 2016, 4 y 40 a.m.

2 pensamientos en “Crónica en las vísperas. Por Víctor Casaus

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