Perdurabilidad de estereotipos raciales en el habla popular cubana (i). Por Patricia Pérez Pérez


“En Cuba hay mucha grandeza en negros y blancos”.
Mi raza, José Martí

Resumen: A pesar de los progresos concretos alcanzados en materia de igualdad social desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, algunas prácticas verbales que vehiculan estereotipos e ideas preconcebidas sobre el otro, hacen perdurar el estigma del racismo heredado de siglos anteriores de esclavitud y discriminación en el seno de la sociedad actual. Esas manifestaciones racistas afectan mayoritariamente a la población negra o mestiza, aunque no de manera exclusiva. Este estudio recoge una parte considerable de esos actos de habla recurrentes, poniendo de relieve las razones de la presencia de tales huellas lingüísticas, espejos de un imaginario colectivo contaminado por el pasado colonial y neocolonial que persiste en y por el lenguaje. ¿Cómo se transmiten estos estereotipos en el tejido social? ¿Qué soluciones se han concebido para intentar poner fin a esas prácticas discursivas discriminatorias y hacerlas desaparecer definitivamente?

INTRODUCCIÓN

La sociedad cubana actual es hija de cuatro siglos de genocidio y de esclavitud, de vejaciones coloniales y neocoloniales, de matanzas de indios, de batidas de negros, de jerarquizaciones que se prolongaron durante las guerras de Independencia o en el periodo republicano y que se insertan aun bajo formas y manifestaciones diversas en el presente de la nación antillana.

La lengua impuesta por los conquistadores, inicialmente fuente de incomprensión y desconcierto para quienes ya habitaban el llamado Nuevo Mundo, se distinguió tempranamente como poderosa arma de dominación y principal vehículo para el establecimiento de las nuevas relaciones de poder. Luego de la aniquilación de las poblaciones indias, el español llevado a la mayoría de los territorios descubiertos se convirtió en pieza indispensable para reducir a los esclavos de origen africano a una condición infrahumana además del cepo, el bocabajo, la castración, la tralla o látigo, los grilletes u otros castigos que les eran cotidianamente infligidos. Prueba de ello es el uso y significado de la palabra “negro” desde la Edad Media, adjetivo que llegó a sustantivar un referente nuevo, es decir al hombre del África subsahariana llevado generalmente primero a Europa y luego, siempre por la fuerza, al otro lado del océano para saciar apetitos económicos de quienes los obligaban al trabajo forzado, si es que acaso lograban sobrevivir a las feroces travesías. Con la vejatoria impronta semántica impuesta por el ambiente socio-económico de los siglos XVI al XIX, definiendo a los esclavos por antonomasia, el vocablo “negro” devino epíteto reductor e inferiorizante, encarnación de lo extraño, de lo feo, de la pereza, de lo maloliente, de lo peligroso, y en discriminador referente de un enemigo ideal construido y fijado por el lenguaje para justificar el uso de la fuerza y del poder, por añadidura avalado por el mito de la maldición bíblica de Noé a los descendientes de su hijo Cam (ii).

La revolución cubana de 1895, que desembocó en una guerra ganada contra España pero sin independencia, vio las esperanzas martianas de una nación “con todos y para el bien de todos” convertirse en una neocolonia de Estados Unidos, una república mediatizada. Cinco décadas más tarde, una vez derrocada la dictadura de Fulgencio Batista en 1959, el nuevo estado revolucionario tomó medidas antidiscriminatorias como parte de un recio programa de transformaciones que se puso en marcha, por primera vez en la historia de Cuba, desde los primeros meses del triunfo de la Revolución (iii). En ese histórico momento, caracterizado por grandes cambios sociales, en su comparecencia del 25 de marzo de 1959 ante el Canal 12 de televisión cubana, el líder de la epopeya revolucionaria y entonces primer ministro afirmó que el más difícil de todos los problemas que se tenían delante, luego de tantos siglos de lucha por la emancipación del dominio extranjero, era probablemente el que implicaba poner fin a la discriminación racial. Y expresó lo siguiente:

« Hay problemas de orden mental que para una revolución constituyen valladares tan difíciles como los que pueden constituir los más poderosos intereses creados. Nosotros no tenemos que luchar solamente contra una serie de intereses y de privilegios que han estado gravitando sobre la nación y sobre el pueblo; tenemos que luchar contra nosotros mismos, tenemos que luchar muy fuertemente contra nosotros mismos. […] » (iv).

El triunfo de la Revolución significó el reconocimiento, como nunca antes en la historia de Cuba, de los valores de todos los componentes humanos en la vida social y cultural del país. Su proyecto de unidad nacional, que marcó un fin en las prácticas discriminatorias institucionalizadas, se fue dibujando e insertando en un contexto de liberación continental que busca afianzar, cada día con más fuerza, el respeto y la defensa de las minorías como sujetos de derecho. Sin embargo, casi seis décadas de Revolución y de cambios en las políticas oficiales no han sido suficientes para modificar algunas prácticas discursivas de la vida cotidiana, principalmente en la esfera privada (aunque no de manera exclusiva), donde prevalecen prejuicios, ideas comunes o clichés, que prolongan verbalmente el racismo y la segregación colonial, con gran frecuencia a manera de automatismos o de acomodamientos verbales. Dicha persistencia en los actos de habla no responde necesariamente a una ideología ni a intereses económicos determinados, sino que se presenta como una “enfermedad hereditaria en las nuevas generaciones de cubanos” (v) (Sarmiento, 2010: sp.), que parece ser dura de curar.

Mencionaremos en este trabajo algunos estereotipos que siguen siendo vehiculados a través de chistes y lugares comunes en el habla popular de hoy, antes de referirnos a otras construcciones discursivas que muestran una relación de dependencia permanente de la imagen del negro deformada en la mirada del otro (y viceversa) y en ocasiones en la suya misma. Terminaremos comentando algunas soluciones que se han buscado en el contexto cubano actual para ir eliminando tales actitudes y manifestaciones discursivas discriminatorias.

1. Estereotipos vehiculados por burlas y chistes

Las “representaciones colectivas cristalizadas” (Amossy & Herchsberg Pierrot: 2001: 43) que más frecuentemente “encierran” la corporalidad del negro en el lenguaje coloquial del cubano son aquellas que van cargadas de connotaciones negativas y que tratadas eufemísticamente en tono de burla o de chiste, intentan disminuir la gravedad de la agresión, sin dejar de introducirse por medio del sistemático choteo cubano como una evidencia compartida. Un ejemplo de ello es el juego de palabras que suele escucharse cuando una mujer negra está encinta: “Otro negro por-venir” (vi), lo que no solo afirma que viene “un negro más” al mundo, como si fuera una desgracia inevitable, sino que lo define como un ser cuyo futuro se perfila con derrotismo, devastador de antemano y algo peligroso desde antes de la cuna. Lo pernicioso es que al utilizar estas frases le dejamos indirectamente la responsabilidad de lo dicho a “otro”, que es aquel ser indefinido que lo dijo primero y que hoy se difumina motu proprio en la doxa.

“Ser negra y llamarse Nieves” (Blanca, Clara o Luz) es una aparente oposición que muchos notan con tono de risa o de burla, porque la isotopía de la blancura “no pega” con el color de la piel de las mujeres que llevan esos nombres. Aquí las aludidas aparecen como sujetas a una imitación que deja suponer, además, que solo las mujeres blancas o mulatas pueden, por un bloque argumentativo totalmente arbitrario, llevar estos apelativos.

En el ajiaco cubano, la línea axiológica introducida con términos típicos del jaraneo que insisten en los rasgos somáticos de otros grupos según color su color de piel como el “blanco lechoso” o el “jabao capirro”, “la mulata blanconaza”, “los chinos de Manila” o “narras”, “el negrito chichiricú”, “el prieto o el nichardo”, “el colorao” o “el moro” o “indio de pelo bueno”, es más o menos similar, pero suele ser aun más insidiosa en el caso de los negros y sus descendientes. Algunos juegos de palabras o retruécanos populares refuerzan la asociación del fenotipo de estos últimos con el mito de las aptitudes y apetitos sexuales extremos (“No es lo mismo un metro de encaje negro, que un negro te encaje el metro”) (vii) o con la delincuencia como en el “Negocios con negros, negros negocios”. Estas repetidas alusiones al negro en tono jocoso, y otras que lo son menos sobre las cuales regresaremos, nos hacen pensar en la importancia de arrojar luz sobre semejantes prácticas cotidianas, que calan hondo en las conciencias de todos los cubanos y que a fuerza de reiteraciones nunca corregidas y poco criticadas, se izan como la afirmación indirecta de la supuesta inferioridad de las minorías afrodescendientes (viii), justificadas con todo tipo de argumentos desde siglos pasados. Recordemos que el último censo de 2012, denota que los negros representan menos del 10 por ciento en la población cubana (9.3%), que el 26.6 por ciento está ocupado por mestizos y el resto por individuos de color blanco (ix).

Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) de la República de Cuba.

No se suelen escuchar en Cuba manifestaciones discriminatorias con respecto a personas pelirrojas como en Europa, las cuales, según estereotipos de larga data “huelen mal”. Tampoco frases contra las mujeres blancas de cabello rubio a quienes muy frecuente e injustamente (en Francia por ejemplo) se les imputa una supuesta falta de inteligencia o pericia (“no seas rubia” equivale a “no seas tonta/idiota”). No se conocen (al menos hasta donde hemos indagado) expresiones de racismo hacia las minorías de origen asiático, pero sí adagios que los relacionan con la mala suerte como “tener un chino atrás” o su variante “tener un chino pegado”. No suele utilizarse (como en España, por ejemplo) la expresión “trabajar como un negro”, sino la variante “trabajar como un esclavo”. Sin embargo, y a pesar de la bien conocida máxima martiana, aun pecamos de redundantes al utilizar sintagmas como “un individuo de raza negra” o “de raza blanca”. Felizmente en ambos ejemplos, como en muchos otros donde está presente la palabra “raza” en el habla cubana, dicho término no arrastra connotaciones negativas como sí sucede en muchos casos con otras lenguas.

2- Otras frases comunes

Ciertas locuciones fijadas por convenciones sociales heredadas, desbordan de símiles e hipérboles para definir la identidad de negros o mulatos. Entre las expresiones preponderantes de “la negrura” hallamos “Ser negro como un toti”, “negro casi azul”, “negro como un tizón”, “negro como un carbón”, “negro haitiano”, “negro etíope”, “negro teléfono” o “ser prieto a más no poder”. En el caso de los mulatos, cuyo apelativo proviene, como lo recuerda Fernando Ortiz a partir del diccionario de Covarrubias, de la “cría de blanco y negra y la comparamos con la naturaleza del mulo”(x), y aunque la noción negativa de la semejanza al animal ha desaparecido, se suele recurrir a comparativos y a epítetos para definirlos como el “mulato color cartucho o color melcocha”, el “mulato prieto” para aquel que es de piel más oscura o “el mulato aindiado”. Para este último, las referencias al pelo que no es crespo o “pasa”, como en el caso de otros negros, y que “como pasa, pasa” (es decir, “se acepta”), son frecuentes. De otras expresiones, que hemos escuchado en gente de mayor edad, como “Este se salvó” o “Te salvaste” (ciudadana de 89 años, blanca, refiriéndose a un niño negro de “pelo bueno”), se infiere que tener un tipo de cabello que no sea lacio o menos crespo es “una condena”, cuya resultante es la inferioridad que emana de la descendencia “no blanca”. Estas palabras de personas nacidas antes del 59, principales transmisores intergeneracionales de los prejuicios (Guanche, 2001: 73), ilustran una época en que el racismo era cotidiano, en que los negros bailaban en la misma fiesta que los guajiros blancos separados por un cordel y estaban obligados a transitar por la acera opuesta a la de los blancos. Dichos prejuicios tienden para dicha de todos a desaparecer entre los jóvenes de hoy.

Otros usos falsamente positivos a la hora de representar al negro se despliegan en frases como el “negro (o negrito) fino”, que conlleva una argumentación intrínseca cuya conclusión es que los negros por lo general carecen “de finura” (de “exquisita educación o de reglas de cortesía y urbanidad según la definición de la RAE).
La asociación secular entre lo negro y la maldición bíblica de Dios, que circulaba en la España del Renacimiento y puede verse en las connotaciones de ‘blanco’ y ‘negro’ en Covarrubias (xi) y en otros textos de la época colonial (Cf. De instauranda Aethiopum salute de Alonso de Sandoval, 1647), llegan a la actualidad en frases cuyo origen es mayoritariamente desconocido, como ser un “negro blanco de alma”. Además del aspecto moral inherente a todas estas expresiones, otras asociaciones estéticas aplicables al negro que conllevan su dosis de racismo aun son perceptibles hoy en frases como “negro pero bonito”, donde la preposición “pero” agrega automáticamente el sema de la fealdad a la palabra sola. La negrura metafórica de estas poblaciones toma un cariz más negativo en locuciones que traducen la dependencia subjetiva de un pasado no muy lejano como “Cosa de negros”, “Tremenda oscuridad” o “Se soltó la negrá” (por ‘negrada’), las que cotidianamente pueden escucharse al ver una fiesta de personas negras, “un bembé” (que de hecho, no es solo asunto de negros) o cualquier reunión de personas de piel oscura que ocupen el espacio público. Determinados lugares de recreo suelen ser sitios paradigmáticos “destinados a los negros” como La Tropical en La Habana o actividades sociales como “los carnavales”, donde las fiestas “siempre terminan mal” o “en bronca”, reduciendo así al negro a una condición de persona irreflexiva, amante de los problemas y apto a delinquir. Este tipo de representación que encierra valores morales y éticos de corte negativo es, por lo menos, paradójica, ya que muchos son los blancos que acuden también a dichas manifestaciones y muchos los negros y mulatos que visitan lugares festivos de otro tenor (casi siempre de mayor carestía) que los anteriormente nombrados.

Algún que otro cuento popular todavía asocia el intelecto del negro con un estereotipo de larga data que los hacía ver desde bien entrado el Renacimiento como seres “brutos” o “gentes sin razón”(xii), como aquel en que una persona busca el libro El negrito inteligente en la Biblioteca Nacional y la respuesta de la bibliotecaria es: “Ciencia ficción es arriba”. No mencionaremos aquí la larga lista de ejemplos que en la Historia y la cultura cubanas contradicen y desmienten sobremanera la persistencia de esos presupuestos y sobreentendidos (Ducrot)xiii.

Ciertas frases lapidarias, en forma de adagios o refranes igualmente reprochables, hacen de la moralidad del negro un estigma, un callejón sin salida, y del hombre o la mujer negra un sujeto discursivo que encarna un problema sin solución, una culpabilidad sopesada e instalada de antemano: “Tenía que ser negro”, “Negro al fin”, “la mona (o el mono) aunque se vista de seda, mona/o se queda” o “el negro si no la hace a la entrada, la hace a la salida”, cuyo arraigo ignominioso puede extenderse también de la negritud a la mulatez (como en “las mulatas que tanto les gustan a los extranjeros”) por la cercanía del color de su piel.

3- No hay unos sin otros

La atribución de formas de inferioridad al negro con jerarquías no-escritas se hace evidente en esas y otras construcciones discursivas, como la corriente puesta en escena de las voces de madres y abuelas ante la “terrible” idea de tener que “peinar trencitas” o de padres que no ponen objeción al casamiento entre blancos y negros “siempre y cuando no sean sus hijas”. Dichas uniones, autorizadas (con condiciones) desde la época colonial, asignan atributos negativos también a los cónyuges blancos (denominados “piolos”, “quemadores de petróleo”), como que “tienen una mancha en el expediente”, que son “blancos por gusto”, “les encanta la tinta” o son “una lástima de color y pelo”.

Estas llagas profundas del habla popular cubana llegan al paroxismo cuando son proferidas por personas negras, que muestran rechazo a su condición “subalterna” en el deseo de “adelantar la raza” o de “blanquear”, con expresiones como “él es muy negro pa’ mí”, “a mí no me gustan los negros”, “pa’ atrás ni pa’ coger impulso” (no quieren que sus hijos sean negros como sus padres o abuelos) o “negros, ni los zapatos”. En sus comportamientos cotidianos, muchas mujeres negras muestran su deseo de “pasar por blancas” –con total obediencia a patrones etnocéntricos impulsados por el capitalismo occidental– imponiéndose el uso permanente del desriz o de la queratina, el cuidado de no exponer su pelo a la lluvia ni al sereno, el pelarse bien rebajado, el alisado constante del cabello o hasta la costumbre de no coger mucho sol. Su adecuación a la dominación de modelos exógenos, promovidos esencialmente por los medios de difusión masiva audiovisuales, “máquinas insistentes hechas para que florezcan y triunfen, estúpidos y soberbios, los estereotipos” (xiv) es el fenómeno que Zuleica Romay nombra muy acertadamente “Tio-tomismo” en su estudio Cepos de la memoria (xv). Pero estos cepos y grilletes, aun los llevamos todos.

4-Otros prejuicios y estereotipos frecuentes

El arraigo de la enfermedad contagiosa y cancerígena que es el racismo, persiste también en el lenguaje popular en forma de evidencias compartidas. Resumimos aquí algunas de esas proyecciones a las que agregamos los significados, implícitos (no verbalizados) o “sobreentendidos”, que de manera subjetiva comparten los hablantes en el contexto cultural cubano y que obviamente refutamos y desaprobamos.

Frase común

Sobreentendido

Hacer las cosas como los blancos”

= Los blancos “todo lo hacen bien”.

Tener nariz / bemba / pinta de negro”

= Tener características físicas que denotan herencia africana “y por tanto inferior”. (Cf. “¿Y tu abuela dónde está?”)

A los negros, ¡cómo les gustan las rubias!”

= “Solo deberían gustarles las negras, las blancas no son para ellos”.

A las rusas (o europeas/os), ¡cómo les gustan los negros!

= “No deberían gustarles, por lógica”.

¡No seas “negra/o!”

= “No seas idiota o imbécil”.

Echarse a perder (una blanca) por estar con un negro”.

= “El negro induce una degradación progresiva de la mujer blanca, que después no sirve para otra relación”.

¡Los negros tienen un olor característico!”

= Oler mal u oler a rancio, tener “un vaho”, o “peste a grajo”, lo que es “privativo de los negros”.

Los negros solo sirven para la música y el deporte”

= “el resto (arte, ciencias, etc.) es territorio vedado de blancos”.

En las películas al negro siempre lo matan…”

= “¿símbolo de fatalidad o es el único que se lo merece?”

La necesidad hace “parir mulato ”

= La necesidad obliga a hacer “lo que no queremos”

Negros, ni los zapatos”

= “Todo lo negro es malo, despreciable”.

Ser negro y encima maricón”

= El “colmo de los colmos”; “dos defectos reunidos”; pero además, los negros no tienen “ni la belleza, ni la delicadeza necesaria”.

La persistencia de estos atropellos verbales (éticos siempre, y en ocasiones también estéticos), totalmente desprovistos de fundamento moral ni científico, siempre basados en hipótesis que no son condiciones ni necesarias ni suficientes para definir al sector negro cubano, son a nuestro juicio atribuibles a las secuelas del pasado, rezago de una historia lamentable prolongada en la memoria colectiva que podría capitalizar la supuesta necesidad humana de construir verbalmente un enemigo, como nos lo dice Jean Paul Sartre en boca de Garcin en la pieza teatral Huis clos (A puerta cerrada) : “El infierno, son los demás” (xvi). Y así lo comenta Umberto Eco en Construir al enemigo:
“Por una parte, podemos reconocernos a nosotros mismos solo en presencia de Otro, y sobre este principio se rigen las reglas de convivencia y docilidad. Pero, más a menudo, encontramos a ese Otro insoportable porque de alguna manera no es nosotros. De modo que, reduciéndolo a enemigo, nos construimos nuestro infierno en la tierra” (xvii).

Pero ese Otro es también aquel que, paradójicamente, podemos identificar con nosotros mismos, como en el conocido “Yo es otro” (“Je est un autre”) de Arthur Rimbaud, de alta polisemia, o ese ser sin el cual no podemos constituirnos ni desarrollar plenamente nuestras facultades humanas.

En términos filosóficos, el “hablante-alienante”, dando una imagen suya poco halagadora y deformada por rezagos de otra época, encierra al negro y lo vulnera con la actitud discriminatoria del racista que se ignora, —y aun del propio discriminado que se ignora a sí mismo en su esencia—, corroborando indefinidamente la tesis kantiana de la “insociable sociabilidad del hombre” o la unidad y lucha de contrarios del materialismo dialéctico. En términos lingüísticos, y aunque la sociedad cubana no conserva las antiguas jerarquías coloniales, se prolonga el agravio en el imaginario colectivo a fuerza de contagio verbal o de inercia, con la lenta desaparición de etiquetas, estereotipos o apriorismos, afincados como residuos subjetivos aceptados y mantenidos por el grupo social mayoritario (xviii). Por reacción inversa, o como manifestación ante lo antes citado, múltiples son también las pinceladas de racismo antiblanco que podemos hallar en el vocabulario popular cubano que muchas veces asocia al blanco a estereotipos como “ambicioso e hipócrita”. Así, la carga axiológica del lenguaje se confirma una vez más como el eje de valores de mayor peso y permanencia en el complejo entramado de las relaciones humanas.

5. ¿Hasta cuándo arrastraremos ese lastre?

Donde se anidan estas formas principales de discriminación en Cuba es en la familia, en la conciencia de muchas personas y en la de algunos grupos. Últimamente se reavivan en determinadas categorías sociales con mayor solvencia o en ciertos sectores de la llamada economía emergente, impulsada por el nuevo modelo económico. No podemos soslayar, a la hora de analizar este fenómeno, que no están lejos las secuelas del llamado Período Especial, el cual afectó con mayor rigor a las personas negras, quienes, por herencia de larga data, poseían menos recursos y menos patrimonio familiar que los blancos.
Lo que sorprende en el uso de tales estrategias de auto-representación positiva y de representación negativa del otro-afrodescendiente, es que muchos prejuicios, términos descalificativos o bromas hirientes son transmitidos instintivamente por personas consideradas como socialmente “correctas” y con valores positivos de amistad, solidaridad y humanismo y que tienen “muchos amigos negros”. Pero el arraigo cultural y la marca que ha dejado en sus conciencias la época pasada y/o la educación en el seno familiar, los conducen al ejercicio de esta violencia verbal sin hallarle siquiera una explicación posible. Basta con hacerles tomar conciencia de lo dicho para que reconozcan la carga de cultura pasada que los lleva a no reflexionar y a no pensar lo que dicen.

Creemos que la manera en que se ha organizado la vida social en Cuba desde hace seis décadas es lo que ha conducido a que las relaciones entre blancos, mulatos y negros no se definan hoy como esencialmente conflictuales, sino como un complejo sistema de fuerzas en equilibrio (Romay, 2014: 187). No podemos afirmar que los problemas raciales dominen el ambiente social cubano, donde la situación de los afrodescendientes dista mucho de las trágicas realidades en las cuales viven otros negros y mulatos latinoamericanos o en Angloamérica, como lo ilustran los recientes acontecimientos que condujeron a la muerte de George Floyd. Sin embargo, se hace imprescindible descolonizar el habla, no escamotear dichas prácticas discursivas, sino contrarrestarlas con la adecuada educación de la ciudadanía y con la natural aceptación, cotidiana e inclusiva, de las diferencias en las cuales la familia y la sociedad deben jugar plenamente un papel activo y vigilante ante estos asuntos morales de primer orden.

CONCLUSIÓN.

Luego de siglos de sumisión al poder y a las corrientes de pensamiento europeo, donde después de la doctrina católica floreció, entre otras ideas pseudocientíficas, la de la supuesta desigualdad de las razas (cf. Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas del Conde de Gobineau; 1853-54), muchas incógnitas y confusiones sobre racismo y racialidad sobrevivían aun en Cuba en el siglo XX. Estos temas salen a la luz gracias a la herencia de José Martí y a sus seguidores, entre los cuales se destacaron el antropólogo Fernando Ortiz (El engaño de las razas, 1946), escritores como Jesús Masdeu (La raza triste, 1924), Nicolás Guillén, Lydia Cabrera, Alejo Carpentier, y pintores como Wifredo Lam, por solo citar algunos de los más relevantes. El tema había estado presente en la prensa de las primeras décadas con una participación importante de periodistas negros, entre ellos Rafael Serra y Serafín Portuondo Linares (xix). Después de 1959, el mismo deja de ser una cuestión de élites intelectuales para formar parte de la lucha por la igualdad social y la justicia a la que aspiraba la nación cubana en general. Pero por mucho que se hayan combatido la discriminación y el racismo, vemos que las fuertes ataduras del pasado mantienen aherrojada la conciencia de algunos hombres, mujeres y niños en el subconsciente, desde donde se proyectan para materializarse luego ominosamente en la lengua, las representaciones y los prejuicios que nacieron de esa oprobiosa servidumbre.

La educación cívica y el debate público parecen ser la clave para continuar luchando contra tales rezagos lingüísticos, rémora de lo que sabemos ser un “constructo social engañoso, perverso y morboso para eternizar las desigualdades humanas” (Guanche) (xx), pero también la divulgación de la importancia de la herencia cultural africana en la formación histórica de la cultura cubana (xxi), americana y caribeña.

Cuba forma parte del proyecto de la UNESCO “La ruta del esclavo”, cuyo comité comenzó un amplio programa de trabajo (previo a su constitución oficial el 10 de septiembre de 1996) el cual ha incluido seminarios, postgrados, coloquios de divulgación científica, estudios iconográficos a partir de reconstrucciones históricas (xxii), inventarios de filmografía y ciclos de cine etnográfico, cursos que tratan valiosos temas sobre la presencia africana en el país y en el continente, además de la creación de un Museo de la Ruta del esclavo en Matanzas, de un programa radial (“Arte y Folclore” en radio Taíno) y otro de televisión (“Orígenes”, en Cubavisión) (xxiii).

En 2011 se celebraron eventos que condujeron a la inclusión del tema de la lucha contra los prejuicios raciales en la Asamblea Nacional del Poder Popular. En la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) funciona la comisión José Antonio Aponte (héroe independentista y precursor del antirracismo y del antiesclavismo) que promueve un gran número de actividades para la exaltación de las culturas africanas, la visibilización de los descendientes del continente negro, así como de sus demandas y sus luchas. En la Casa de África de La Habana Vieja o en la de Santiago de Cuba, siempre se retoman estas temáticas afrocubanas. Se han llevado a cabo talleres en el Centro de Antropología de la antigua Academia de Ciencias de Cuba; la Casa del Caribe con su Festival Anual y sus jornadas científicas también promueve estos debates. Otras publicaciones como la revista Catauro, de la Fundación Fernando Ortiz, donde tuvieron lugar los primeros debates sobre “Integración y racialidad”, determinados trabajos de la revista Del Caribe de Santiago de Cuba o de la Fundación Nicolás Guillén en La Habana, se centran en el tema de los factores étnicos de la sociedad cubana, al igual que la Revista Temas o los debates de la Red Barrial de Afrodescendientes, desde donde se aborda de manera horizontal, respetuosa y profunda la cuestión racial.

En marzo de 2020, el Consejo de Ministros de Cuba aprobó un Programa Nacional contra el racismo y la discriminación, e incluso contra el regionalismo, dando un verdadero salto histórico para tratar estos problemas desde la dirección del país, donde sobresale la voluntad de romper el prolongado silencio guardado (desde 1962 hasta 1998) sobre la sobrevivencia de actitudes discriminatorias y prejuicios en nuestra sociedad. En ese proyecto se toma en cuenta la necesidad de combatir los rezagos culturales que gravitan en múltiples esferas de la vida de nuestro país, pero también la de articular esa lucha con la de otros pueblos del resto del continente y del mundo, creándose además, con ayuda del sector público y de la sociedad civil, las vías para denunciar todo acto de discriminación y racismo.

Consideramos, tal y como lo ha propuesto este proyecto, que los medios de difusión masiva y los espacios artísticos y educativos en general tienen que insistir más sobre estos temas, discutirlos abiertamente, agregarlos en los programas de estudio e incluirlos en la formación universitaria de los docentes. Es imprescindible que volvamos sobre nuestra historia y sobre la presencia del negro en la sociedad y la cultura cubanas para eliminar todo vestigio de esta llaga profunda que es la discriminación. Solo así podremos entender quiénes somos, cómo somos, por qué y de dónde venimos, para construir una nación que libere nuestra lengua y nuestro pensamiento del peso de esas abyectas cadenas.

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Diccionarios consultados

COVARRUBIAS HOROZCO, Sebastián de, Tesoro de la lengua castellana o española, Madrid, Editor Luis Sánchez, 1611, Fondos antiguos digitalizados por la Universidad de Sevilla
http://fondosdigitales.us.es/fondos/libros/765/16/tesoro-de-la-lengua-castellana-o-espanola/

RAE, Versión electrónica del «Diccionario de la lengua española», Real Academia española de la Lengua, http://www.rae.es/

NOTAS

[i] Este texto retoma y amplía un estudio presentado en 2017 en un coloquio celebrado en la ciudad de Burdeos. Bajo el título « Perdurabilidad de estereotipos raciales en el habla popular cubana », fue publicado en la revista Études caribéennes, N°4, « Empreintes de l’esclavage dans la Caraïbe » (Huellas de la esclavitud en el Caribe), bajo la dirección de Mélanie Moreau-Lebert, en diciembre de 2019. Artículo disponible en internet, http://journals.openedition.org/etudescaribeennes/17844

[ii] Como lo recuerda Fernando Ortiz en “Martí y las razas” (1941), “cuando en el siglo xv se reanudó en gran escala el comercio de esclavos negros de África con las naciones cristianas de Europa, los teólogos exégetas de la Biblia, apremiados por el imperativo económico de la época, inventaron el más infame de los mitos, el de que los negros estaban condenados a ser siempre esclavos de los blancos porque así lo dispuso Dios, como consecuencia de la maldición fulminada por Noé contra todos los descendientes de su hijo Cam”. En Caminos, Revista de pensamiento socioteológico, Centro Dr. Martin Luther King, Jr., de la Habana, Cuba. https://revista.ecaminos.org/article/marti-y-las-razas/

[iii] El 22 de marzo del mismo año, el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien fijó la posición y el camino del Gobierno Revolucionario respecto a la discriminación racial en el seno de la sociedad cubana, expresó: “Hay que dictar el anatema y la condenación pública contra aquellos que llenos de pasados resabios, de pasados prejuiciosos, tienen el poco escrúpulo de discriminar a unos cubanos, de maltratar a unos cubanos por cuestiones de piel más clara o más oscura”. Extracto del “Discurso pronunciado el 22 de marzo de 1959, frente al Palacio Presidencial”. En Discursos e intervenciones del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba.  http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f220359e.html

[iv] Comparecencia del Comandante en Jefe Fidel Castro ante el Canal 12 de televisión. La Habana, 25 de marzo de 1959. En http://www.granma.cu/granmad/secciones/fidel_en_1959/art-048.html, citada también como epígrafe del libro de Zuleika Romay Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2014.

[v] Sarmiento Ramírez, Ismael, « Mirada crítica a la historiografía cubana en torno a la marginalidad del negro en el Ejército Libertador (1868-1898)»; Tzintzun,  Morelia,  2010, n. 51, p. 119-166. Disponible en <http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-28722010000100005&lng=es&nrm=iso&gt;. accedido en  01  marzo  2019.

[vi] Todas las frases entrecomilladas han sido extraídas del habla popular cubana, por lo cual no se citan aquí las fuentes.

[vii] El « metro » es un eufemismo que sirve aquí para designar la exagerada longitud del pene de los negros en el imaginario colectivo nacional.

[viii] A pesar de que utilizamos en este estudio el término « afrodescendiente », institucionalizado en la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia (Declaración y Programa de Acción de Durban) entre el 31 de agosto y el 8 de septiembre de 2001, es un hecho inusual el escucharlo en el ámbito social para referirse a las personas de color negro en Cuba.

[ix] CUBA. PROPORCIÓN DE POBLACIÓN POR COLOR DE LA PIEL SEGÚN CENSOS,  en “Resumen Adelantado de Resultados Definitivos de Indicadores Seleccionados en Cuba, Provincias y Municipios” del Censo de Población y Viviendas del 2012, Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) de la República de Cuba.http://www.one.cu/publicaciones/cepde/cpv2012/20131107resumenadelantado/Graficos/Pag%2039.pdf

[x] Ortiz, Fernando, El engaño de las razas, La Habana, Fundación Fernando Ortiz, (1946), Tercera Edición, 2011, p.42.

[xi] Blanco significa [sic] “castidad, limpieza, alegría” (p.140), lo cual implica indirectamente que lo negro significaría la falta de castidad, la corrupción y la tristeza (“Color infausta y triste y como tal usamos desta palabra: negra ventura, negra vida, etc.; p.562). La asociación entre lo negro y la mancha del pecado (por falta de castidad) circulaba en Europa de manera simbólica, pero también llegó a ser proyectada sobre las personas llamadas “negros” en el Nuevo Mundo; Covarrubias, S.; http://fondosdigitales.us.es/media/books/765/765_258585_1161.jpeg.

[xii] Ortiz, (1946), op. cit.,  2011, p.41.

[xiii] Traducimos aquí los dos términos manejados por Oswald Ducrot desde 1969: “présupposées” et “sous-entendus”; en  Langue française, « La sémantique », Alain Rey (dir.),  n°4, 1969, pp. 30-43.

[xiiv Ramonet, Ignacio, Propagandas silenciosas: masas, televisión, cine, Ediciones especiales, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 2001.

[xv] Cepos de la memoria: impronta de la esclavitud en el imaginario social cubano, Ediciones Matanzas, 2015, 154 págs.

[xvi] « L’enfer, c’est les autres » (traducimos) ; Sartre,  J.-Paul, Huis clos, scène 5, Paris, Gallimard, 1945, p.93.

[xvii] Eco Umberto, Construir al enemigo, Penguin Random House Grupo Editorial España, Trad. De Helena Lozano Miralles, 2012, 336 p.

[xviii] En su Elogio de la altea, Zuleika Romay insiste en esta idea: “Tras el derrumbe de la tiranía [en 1959], los instrumentos de marginación y discriminación fueron suprimidos, pero estereotipos y prejuicios tienen larga data, se transfieren en fenómenos de ósmosis social inherentes a cualquier colectividad humana, y se sedimentan en las conciencias, con la persistente inercia de los fondos acuáticos, menos susceptibles a los cambios provocados por las rápidas corrientes de la superficie”. (Op.cit.; p. 13)

[xix] Ver en este caso el libro de Aline Helg, Lo que nos corresponde : la lucha de los negros y mulatos por la igualdad en Cuba, 1886-1912, Editorial Imagen Contemporánea, La Habana, 2000.

[xx]« Jesús Guanche, un investigador de desafíos presentes y futuros », entrevista realizada por Astrid Barnet, Cuba, http://www.lajiribilla.cu/articulo/jesus-guanche-un-investigador-de-desafios-presentes-y-futuros#:~:text=La%20Jiribilla%20%2D%20Jes%C3%BAs%20Guanche%2C%20un%20investigador%20de%20desaf%C3%ADos%20presentes%20y%20futuros&text=Est%C3%A1%20considerado%20como%20uno%20de,la%20naci%C3%B3n%20cubana%2C%20entre%20otros.

[xxi] Ver la obra homónima coordinada e introducida por Denia García Ronda, La Habana, Eds. Sensemayá, Fundación Nicolás Guillén, 2015.

[xxii] Ver el trabajo realizado por Jesús Guanche, publicado en 2016.

[xxiii] Comité cubano de « La ruta del esclavo », Catauro , revista cubana de Antropología,  N°3, La Habana, 2001, pp.41-52. 

 

2 pensamientos en “Perdurabilidad de estereotipos raciales en el habla popular cubana (i). Por Patricia Pérez Pérez

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