Ir a Cuba


Carlos Bishop
Con Carlos Bishop en Barcelona en 2013.  Tuvo la deferencia de trasladarse varias decenas de kilómetros para estar presente en uno de los encuentros que hicimos cuando visitamos esa ciudad en compañía de la madre del héroe cubano Antonio Guerrero, Mirtha Rodríguez.

Con Carlos Bishop en Barcelona en 2013. Tuvo la deferencia de trasladarse varias decenas de kilómetros para estar presente en uno de los encuentros que hicimos cuando visitamos esa ciudad en compañía de la madre del héroe cubano Antonio Guerrero, Mirtha Rodríguez.

Carlos Bishop  es forista de La pupila insomne y Premio Casa de la Américas de testimonio, dos condiciones que se fundían en él con su deseo de visitar Cuba más en plan humano que turístico.

Este compañero argentino, que estuvo preso en tiempos de la dictadura militar en su país que lo envió al exilio, acaba de realizar su antiguo sueño de estar en Cuba y ya de regreso a tierras catalanas me ha enviado estas palabras que por su honestidad y candente actualidad reproduzco aquí. 

Estimado Iroel: mi corto viaje acabó y no pude llamar para despedirme y agradecer atenciones. Con mi viejo ir a contracorriente, fui al malecón todas las noches pero no pisé las playas. Entre la finísima arena, el sol y las mujeres hermosas de un lado, y charlas con un desconocido –o desconocida-, me quedé con la conversación que enseña el sentir diario del que vive. Ese antiguo tirano que es el tiempo –y la economía- me impuso optar. Y opté.

Y creo que no me equivoqué. Playas, paisajes, hay en todos lados, cubanos que vivan Cuba solo en Cuba, y a ellos me dirigí. Afortunadamente, y contando con generosidades –como la tuya-, pude hablar con –creo- muestras de casi todos los niveles, desde el viejo barrendero que cuenta historias del Che cerca de la vieja fábrica de tabaco, a los nobles Martínez Heredia o Maria del Carmen Ariet, asistir a charlas de Marta Harnecker o Fernandez Retamar, o gozar mojitos escuchando a Roly en “El Hueco”, la lista sería muy larga pero fue muy nutritiva.

Supe que La Habana es una ciudad preciosa, y más lo sería algo más limpia y arreglada –también hay espinas en los duros caminos del señor-, y que la necesidad de una mejora económica del trabajador es ya -y será cada vez más- prioridad nacional (a mi muy elemental juicio). Pude probar el profundo sentido de lo que llaman “cubanía”, ese sentirse parte de historia y destino, que los problemas se resuelven en casa sin necesidad de tutelajes sabios de los diversos sabios (de todos los palos de la baraja) que pululan hoy en el mundo. Pude probar el reconocimiento y amor de la inmensa mayoría de cubanos con que hablé hacia el Comandante en Jefe, a Martí o al Che, y su decisión inquebrantable de estar en, con y por Cuba en cada una de las dificultades que se presentan.

Esos pocos días me permitieron ratificar que si el bloqueo es hasta ahora una de las principales dificultades para el desarrollo, la nueva etapa es de inmensas posibilidades pero encierra también grandes peligros. Y en esa batalla jugarán su papel la unidad y la solidez, apoyadas en elementos a los que a veces porque “ya están” se tornan habituales y no se les da el valor que tienen. Educación, salud, alimentación, empleo, la alegría de vivir y ser parte.

Sentado en el Malecón, mirando la mole de cristal de la “oficina de intereses”, recordé algo que escribí sobre el sentimiento que debía embargar a los militares argentinos durante la Dictadura, asomándose a las ventanas de la Casa Rosada en Buenos Aires viendo las rondas de las Madres de Plaza de Mayo. “¡Como puede ser que no las podamos desaparecer también, no las podamos aniquilar también!”, pensarían cada jueves, cada jueves, cada jueves… Y no pudieron. Y me imaginé lo que debían sentir los tipos que tras los cristales de esa mole frente al Malecón se asoman cada dia a ese inmenso cartel que, enfrente, grita “¡Patria o Muerte. Venceremos!”, por días, y meses, y años, y decenas de años… Y tras días, y meses, y años, y decenas de años deben decir al mundo que se han equivocado. Que siguen con iguales intenciones pero se han equivocado. Eso solito, ya, eso que “ya está” y a lo que a veces se le presta poca atención, es lo que me hace estar seguro que la batalla será dura, durísima, pero que es la reserva estratégica que permitirá el triunfo.  

Cuenta Cuba con mi afecto de años y mi admiración por esa reserva acumulada frente a todas las dificultades. Es poca cosa, pero no lo es si se observa que se repite, se extiende, se desparrama y crece a lo largo y ancho del mundo. Un abrazo enorme, y muchas gracias por todo.

Chau

P.S.: Cuando regresé, una compañera que dijo “hace 8 o 9 años que espero la oportunidad de ir, quiero conocer aquello antes de que se termine”. Con mucha más seguridad que nunca, contesté: “Si es por eso, no te apures”. ¡Viva la Revolución!

Chau otra vez

Carlos

9 pensamientos en “Ir a Cuba

  1. ¡Vamo pa allá! – ¡Con las murgas uruguayas en octubre…vamo pa allá! También como el compañero, no iremos como “turistas” -al menos no, como el turista típico- aunque nos importa sobremanera que Cuba tenga cada vez mas ingresos en su economía, por el turismo. Pero como dice Carlos…tiendas, playas y comercios hay en todos lados…¡la gente de cada lugar es Ünica!…y eso es lo que hace resistir a cada Cultura, ante la aplanadora angloparlante…que intenta rebajar el gusto para volvernos consumidores globales de latitas de basura….¡Viva Cuba! ¡Viva la Revolución cubana y la liberación continental !

    • Gracias, Sergio, me encantan las murgas, vi una en Buenos Aires en un aniversario de las Madres de la Plaza de Mayo y otra en La Habana en el teatro Mella. Es una cosa extraordinaria.

      Abrazos

  2. Iroel, gracias por compartir con tus foristas tan sentido y profundo mensaje de un amigo de Cuba.
    Yo soy otro amigo de Cuba, “enamorado” de su Revolución desde que era adolescente hasta ahora que tengo casi los 66 años.
    Estoy identificado con eso que se llama “cubania” y que encierra muchos bellos significados. Tambien con sus dirigentes y su obra humanitaria cuya generosidad y ejemplo se extienden a otras latitudes.
    Esos logros a los que se refiere Carlos que “ya están” han costado a su peblo miles de sacrificios y esfuerzo. Deben ser defendidos, no solamente por los cubanos “nacidos y los que están por nacer”, sino también por los que nos sentimos cubanos habiendo nacido en otras tierras.
    Un abrazo

  3. Ir a Cuba. Carta de Carlos Bishop a Iroel

    Esta es la carta que me hubiese gustado escribir. Pero, no pude hacerlo. No pude ver que la Habana podía estar un poco más limpia. Para mí, relucía. Ni siquiera los “jineteros” eran tan malos. Me parecían más ingenuos que estafadores. Vi el orgullo de la gente por su sistema de salud, principalmente. La valoración sobre su educación quedaba, más bien, en el visitante que dialogaba con el cubano. No le di importancia al malhumor al hablar de los salarios.
    Pero, a diferencia de Carlos Bishop, no pude ver, tampoco, la firmeza de la Revolución. Yo no hubiese podido escribir ese P.S., diciéndole a una amiga que para visitar a la Cuba revolucionaria, tenía todo el tiempo del mundo.
    Tal vez, demasiados temores míos ante las embestidas de la contrarrevolución sórdida, seductora, y poco convencimiento acerca de la resistencia que ofrecerá el pueblo cubano revolucionario.
    Para mí, esta carta tiene el equilibrio que cuesta conseguir, considerando que las cuestiones afectivas no ayudan a ver los problemas.
    Esta mirada bien podría ser una referencia para visitantes, como yo, que sólo se llevan lo bueno, y los otros,que salen de Cuba horrorizados por haber pisado, una vez, caca de perro en la calle, no haber recibido un trato servil en todas partes, y viendo el vertiginoso desmoronamiento de la Revolución.
    “Vuelvo a Martí: No se debe poner mano ligera en las cosas en que va envuelta la vida de los hombres. La vida humana es una ciencia; y hay que estudiar en la raíz y en los datos especiales cada aspecto de ella. No basta ser generoso para ser reformador. Es indispensable no ser ignorante. El generoso azuza; pero sólo el sabio resuelve. El mejor sabio es el que conoce los hechos (11-158).”
    Hace algún tiempo, alguien me recordó mi condición de ignorante (¡Ja, ja …! Tal vez, no sepa cuánta razón tenía …), pero yo no estaba tan desubicado. Como ignorante “generoso” me limito a azuzar, y me abstengo de cualquier pretensión de resolver nada.
    Y, como ignorante “egoísta”, pienso en los míos, en su futuro, y azuzo porque Cuba es uno de los terrenos en los que se juega el destino de la Humanidad.

    P.D.: En Segunda Cita publiqué la carta de Bishop, y mi comentario es copia de lo escrito allí.

    • Estimado Gustavo: agradezco muchos de tus comentarios, pero me cuesta no señalar que lo que llamas “cuestiones afectivas” también ayudan a ver los problemas. Y son centrales en muchos sentidos. Nunca dudé de la solidez de la revolución, ni Obama lo hizo y por eso debió retroceder en una política de 50 años. Pero me faltaba ver lo otro, lo que sostiene esa solidez, incluídas esas “cuestiones afectivas” tantas veces minusvaloradas por muchos que tienen excepcionales claridades intelectuales que -lamentablemente- si no se aferran en las tripas -o el corazón, si querés-, sirven de poco. Y tuve la inmensa fortuna de verlo, de palpar las dos cosas. Lamento que vos no hayas podido hacerlo.
      Chau

      • Muchas gracias, Carlos, por tu respuesta. Intenté decir que, por cariño a Cuba, a veces me negué a aceptar que algunas cosas deben ser mejoradas, y me llevé el justo reto de muchos cubanos, ya que así le hacía un flaco favor a la Revolución. En la aceptación de las críticas que se le hacían, yo veía una vacilación en los defensores de la Revolución. Sólo había estado 21 días en Cuba. Han pasado dos años, y ahora, después de mucho intercambio, he comenzado a distinguir entre los críticos bienintencionados, que apuntan a fortalecer su sistema socialista, y los lobos con piel de cordero que, coincidiendo, a veces, con los primeros, en una crítica, lo que desean es impulsar la restauración capitalista en Cuba.
        Creo que me expresé bastante mal al tratar de decir que lo que vos viste rápidamente, a mi me llevó más tiempo.
        Yo me fui de Cuba diciendo, como vos ¡Viva la Revolución! La confianza en el triunfo fue creciendo en los dos años siguientes, y no sólo por la firmeza de los revolucionarios cubanos, sino por la evolución del bloque que se formó con Venezuela, Bolivia y Ecuador, que va sorteando amenazas con éxito, y tejiendo alianzas poderosas.
        Un saludo.

  4. Yo no soy eruduto como para atreverme a filosofar sobre temas tan complejos a los que se enfrentara nuestro pueblo ante esta nueva situacion, este nuevo combate.
    Al leer la carta del Sr, Bishop, me identifique con el y con sus presentimientos, preocupaciones y al final, “su conviccion” de que saldra adelante y TRIUNFANTE nuestra Revolucion y nuestro pueblo ante las pruebas a las que seran sometidas. Pero siento miedo, porque se que estamos preparados para aguantar por mucho mas tiempo este oprovioso bloqueo, PERO, estamos preparados para este nueva realidad que estamos enfrentando…?!!! Espero y confio que SI…..

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