Operación 40. Por Fabián Escalante Font


La historia de Cuba durante los últimos 50 años está preñada de agresiones, crímenes, bloqueos, leyes asesinas y acciones terroristas por parte de Estados Unidos. Conocer aquellos hechos, posibilita a las nuevas generaciones de cubanos poder enfrentar con éxito las políticas que el poderoso vecino del Norte proyecta sistemáticamente contra nuestra invicta Revolución.

Una de las páginas de aquella historia, es la denominada “Operación 40”, que en su accionar por más de una década, realizó actividades de todo tipo contra Cuba: subversivas, terroristas, asesinatos,  narcotráfico, cabildeos en el congreso norteamericano, etc… en las que se vieron involucrados muchos de los políticos cubano-americanos que han conformado lo que se denominó “la mafia cubana de Miami”, uno de cuyos representantes fue Jorge Más Canosa, colaborador de la familia del presidente George W.  Bush y “líder” de los congresistas Lincoln Díaz Balart, Ileana Ross, Marco Rubio, Robert Menéndez y demás politiqueros miamenses.

La operación 40 fue un aparato creado por la CIA en 1960 para organizar un sistema de contrainteligencia dirigido a descubrir y eliminar a los agentes e informantes de la seguridad cubana en Miami, durante los preparativos de la invasión de Bahía de Cochinos, en abril de 1961 y que después devino en estructura de terror y muerte.

En el testimonio del Inspector General de la CIA Lyman Kirkpatrick a la comisión creada por el Presidente Kennedy que investigó las causas del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, aparece un retrato de la misma:

“Sin embargo en ciertos aspectos, el “Frente Revolucionario Democrático”, FRD[1] demostró ser un instrumento útil. Un ejemplo de esto fue el servicio de contrainteligencia y seguridad que, bajo estrecho control del proyecto, se convirtió en una eficiente y valiosa unidad de apoyo del FRD a la base de la CIA en Miami y al Proyecto[2]. A mediados de marzo de 1961, esta organización de seguridad comprendía 86 empleados, de los cuales 37 fueron entrenados como oficiales de caso. El servicio graduó cuatro cursos de su propio centro de entrenamiento, cuyo jefe de instrucción era un policía….”

Por su parte, José Raúl Varona González, uno de los mercenarios capturados en Girón, jefe de inteligencia militar de la Brigada 2506 expresó en los interrogatorios realizados:

“En el mes de marzo (1961), alrededor del día 7, llegó a la base de Retalhuleu, (Guatemala) el señor Vicente León al frente de 53 hombres diciendo que él había sido enviado por la oficina de Joaquín Sanjenis, jefe de la inteligencia civil, con una misión que decía se llamaba “operación 40”, la cual incluía la inteligencia civil dentro de las ciudades que serían ocupadas. Añadió que ellos eran un grupo especial e independiente que no tenía que ver en nada con la Brigada y que irían en la retaguardia ocupando pueblos y ciudades…Su misión era ocupar los archivos de los cuerpos de inteligencia, edificios públicos, bancos, industrias y capturar a los jefes y líderes en todas las ciudades e interrogarlos…. Estos señores que componían la operación 40 fueron seleccionados por el señor Joaquín Sanjenis en la ciudad de Miami y llevados a una finca cercana, donde tomaron unos cursos y fueron sometidos al detector de mentiras….”

Como ya se mencionó, el jefe de la operación 40 fue José Joaquín Sanjenis Perdomo, ex jefe de la policía del Palacio Presidencial en época de Carlos Prío y sus colaboradores más cercanos fueron: Félix Gutiérrez, Orlando Piedra, Mariano Faget, Bernard Baker, Eugenio Hernández, Félix Rodríguez, Ignacio y Guillermo Novo, Luis Posada, Orlando Bosh, Ricardo Morales Navarrete, Virgilio Paz, José Dionisio Suarez, Alvin Ross, Pedro Luis Díaz Lanz, Frank Sturgis, Gerry Hemmings, Felipe Rivero y otros más que posteriormente fueron conocidos por sus acciones criminales y terroristas.

Todos fueron veteranos de la invasión mercenaria y varios de ellos, oficiales destacados de los aparatos represivos de la dictadura de Fulgencio Batista, que como antes se refirió, entre sus misiones fundacionales estuvo la vigilancia  de la comunidad cubana de Miami en busca de agentes cubanos, por cierto con muy poco éxito. Luego, cuando Girón, vinieron en las ultimas embarcaciones, como “escuadrón de la muerte” con la misión de asesinar a los líderes  revolucionarios y capturar la documentación de los eventuales colaboradores políticos del gobierno. ´

Después de la derrota  de Girón, regresaron a la madriguera y continuaron con la vigilancia sobre la comunidad cubana  y además recibieron la encomienda por la CIA de “liquidar” a todos aquellos que resultaran sospechosos, entiéndase exilados de tendencia progresistas, acusados de proyectar “un comunismo sin Fidel”.

En 1963, varios de sus elementos participaron en el complot para asesinar al presidente Kennedy el 22 de noviembre, entre los cuales se estaban: Eladio del Valle, Herminio Díaz, Sergio Arcacha, Antonio Veciana, Carlos Bringuier, Frank Sturgis, Gerry Hemmings, Orlando Bosh, Pedro Luis Díaz, David Morales, y Howard Hunt.

En 1965 el grupo se había ampliado extraordinariamente, recibía del gobierno, es decir la CIA, 2 millones y medio de dólares anuales para financiar sus actividades, además de un amplio apoyo logístico. Sus tareas eran variadas y se extendían desde la organización de “protestas” frente a empresas, consulados o embajadas relacionadas con Cuba hasta la ejecución de operativos contra embarcaciones comerciales con destino o provenientes de la Isla.

En 1967, investigadores norteamericanos relacionaron a varios de estos sujetos con el asesinato del candidato a la presidencia Robert Kennedy.

En esos años, la Operación 40 dependía de la División de Asuntos Domésticos de la CIA, que comandaban Tracy Barnes y Howard Hunt quienes la reorientaron a labores de contrainteligencia a escala nacional, particularmente sobre cubanos o norteamericanos eventualmente relacionados a Cuba, usurpando funciones al FBI. Otra misión priorizada entonces, fue la eliminación física de líderes políticos hostiles a Estados Unidos en América del Sur o colaborar con dictaduras locales, como la de Anastasio Somoza en Nicaragua y Alfredo Stroessner en Paraguay.

Paralelamente casi desde sus inicios, el narcotráfico fue uno de sus “negocios” priorizados, aprovechando a los hombres que tenían diseminados por el continente y la red de aviones, casas de seguridad con que contaban en la Florida, donde funcionarios venales o ex colaboradores de la guerra contra Cuba, prestaban sus servicios para tales empeños. Así se construyó un complejo y eficiente “mecanismo” de traslado y distribución de drogas a escala nacional.

En 1967 la Operación 40 recibió la misión de colaborar con la captura y asesinato del Comandante Ernesto Guevara en Bolivia, de manera que varios de sus agentes partieron para diferentes puntos de la geografía latinoamericana.

Luis Posada Carriles, junto a Ricardo Morales Navarrete en Venezuela, fundaba la DISIP, (policía secreta) responsabilizada con la represión del movimiento revolucionario en ese país y base de operaciones para el apoyo para la lucha anti guerrillera; Antonio Veciana en la Paz, Bolivia desde una “cubierta” en las oficinas de la USAID, atendía una importantísima misión que consistía en descubrir las zonas donde operaba la guerrilla del “Che”. Para ello la CIA facilitó el contacto con una empresa aérea, la “Mark Hurd Aerial Surveys Inc” utilizada en Vietnam y otras latitudes en labores exploratorias bajo cubierta. Noche tras noche partiendo de la base Howard en el Canal de Panamá, realizaba misteriosos vuelos nocturnos para descubrir el desplazamiento de los guerrilleros, por medio del calor que emitían sus cuerpos, en las noches frías de la región o descubrir sus necesarias fogatas, provistos de una novísima tecnología destinada a esos fines. Cada película tomada era enviada urgentemente a California, donde los operativos de la CIA iban lentamente componiendo los movimientos de la columna guerrillera.

Estos pilotos también utilizaban pequeñas pistas aéreas, que en su época fueron construidas para la búsqueda de petróleo, utilizando radiotransmisores que servían de faros para la navegación. Adicionalmente, un destacamento de rangers bolivianos fue entrenado en la Zona del Canal de Panamá y varios asesores de origen cubano, capitaneados por Félix Rodríguez Mendigutía y Gustavo Villoldo, se destinaron  con las informaciones recopiladas a perseguir y finalmente aniquilar a los guerrilleros y asesinar al Che.

En 1970  los “pupilos” de Sanjenis, se dedicaban –según el FBI—“intensamente al tráfico de estupefacientes en colaboración con la familia mafiosa de Santos Traficante”. En esa época, uno de los aviones a cargo de la Operación 40 se estrelló al sur de la Florida, ocupando el FBI varios kilogramos de cocaína y heroína a bordo. Poco después, dos integrantes de la Operación 40, Juan Restoy  y Alonso Pujols Jr, veteranos de Girón, fueron aprendidos por estas actividades.

En ese tiempo, el Procurador General norteamericano John Mitchell declaró a los medios de prensa que con esas capturas se desarticulaba una de las más importantes redes nacionales de traficantes de drogas, pero, desafortunadamente para el gobierno, Restoy “escapó” de la cárcel y fue asesinado por personas desconocidas, lo que dio origen a un rumor en la comunidad cubana que había sido ejecutado para que en sus declaraciones no involucrara a la CIA en el contrabando.

Sanjenis se “retiró”, en 1972 luego de recibir una medalla por sus servicios a la CIA, aunque varios informantes aseguraron que antes de entregar los expedientes de sus pasadas actividades los copiaron y entonces se dedicaron a la extorsión de personas en el exilio.

En 1974 el FBI conoció  qué 4 cubanos de la operación 40 se reunieron en las Vegas con el mafioso Antony Spilotro de la “familia” de Chicago quien actuando desde una joyería, supervisaba los negocios de sus asociados. La nueva misión de estos “libertadores” era organizar una red de distribución en el sur de Miami, respaldada por el gánster Santos Traficante. A su vez, según el informe del FBI, estos cubanos estuvieron relacionados con Fernando Penabaz, para entonces cumpliendo condena federal por iguales motivos.

En 1974, poco después de iniciado el conocido escándalo político de “Watergate” donde 5 miembros activos de la operación 40[3]  fueron arrestados mientras colocaban micrófonos en las oficinas del Partido Demócrata José Joaquín Sanjenis Perdomo falleció de “muerte natural” y, cosa extraña, su familia no fue notificada de su deceso hasta después de las honras fúnebres.

Probablemente a causa de la necesidad de borrar las huellas, la CIA después del proceso de Watergate, disgregó la operación 40 y su “núcleo” –según el FBI– fue distribuido en dos direcciones, un destacamento de 30 hombres se destinó a una unidad especial de la DEA denominada Deacon I, que bajo el mando del coronel Lucien Conein, debía “luchar contra el narcotráfico” con métodos “irregulares”, entre los que se encontraban infiltrar, controlar y eliminar, es decir asesinar, a los líderes y capos claves de los principales carteles de la droga en Latinoamérica.

La otra, encabezada por Orlando Bosh, Luis Posada, Alvin Ross, José Dionisio Suarez, Felipe Rivero, los hermanos Novo Sampol etc,  debían organizarse en una transnacional del terrorismo, algo que la CIA denomino “Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas” CORU, el cual se dedicó atacar, asesinar diplomáticos cubanos y atacar empresas que comerciaban con Cuba, al tiempo que ajustaba las cuentas a todos aquellos exilados de la comunidad que tuvieron posiciones blandas con respecto a las relaciones con la Isla, iniciando a partir de entonces, una campaña denominada la “guerra por los caminos del mundo” que en los años setenta sembró el terror en el Continente y en el mismo exilio cubano; causante de números crímenes de lesa humanidad, el más conocido, el derribo de un avión cubano de pasajeros en pleno vuelo, todo ello, con el pleno respaldo de las autoridades norteamericanas, que facilitaron los medios y refugio seguro a los terroristas.

Entonces, ¿la operación 40 se extinguió en la fecha que formalmente señaló la CIA o en una metamorfosis infinita, aún vive y actúa?

La Congresista Ileana Ros-Lehtinen homenajea al terrorista y agente de la CIA en la Operación 40 Félix Rodríguez Mendigutía

La Congresista Ileana Ros-Lehtinen homenajea al terrorista y agente de la CIA en la Operación 40 Félix Rodríguez Mendigutía

[1] Frente Revolucionario Democrático, organismo político pantalla de la CIA, destinado a aglutinar a la colonia de exilados cubanos liderado por Manuel Antonio de Varona Loredo.

[2] Proyecto, así era denominado la operación para derrocar al gobierno revolucionario.

[3] Bernard Baker, Frank Sturgis, Virgilio Paz,  Eugenio Hernández  y James Mc Cord

15 pensamientos en “Operación 40. Por Fabián Escalante Font

  1. Mira que el caballerito saliente, Señorito Obama, se esforzó en su convite a que olvidáramos la historia de tanta lucha del pueblo cubano , historia de tantos muertos y mutilados, la historia de tanta entrega, la historia te pasara la cuenta a ti Afro ´´Emperador´´ que con tanta facilidad y desenfado olvidaste la ruta de tus abuelos africanos. Hay que hacer un gran esfuerzo porque los jóvenes cubanos conozcan esta historia reciente, y recordarles diariamente algunos que no son tan jóvenes que con sus actos se empeña en menguar el sacrificio y el martirio de tantas generaciones por legarnos una patria libre de oprobios e ignominias.

  2. En el último congreso de la UNEAC la destacada actriz cubana Corina Mestre hacia un reclamo muy sentido y muy patriótico de que se realizaran series audio visuales con contenidos históricos, al estilo de las serie de los mambises ,las telenovelas cubanas, los móvil ocho , sector cuarenta y más recientemente´´ En silencio ha tenido que ser o Julito el pescador, yo me resisto a creer que no haya talento tanto artístico ,como intelectual que no puedan recrear de manera atractiva y responsable los pasajes de nuestra historia , y que de recursos no se hable porque mira que se gasta en hacer porquería hoy en día , me refiero en el mundo de los ´´audiovisuales ´´.

  3. Muy de acuerdo contigo Juan Carlos; series al estilo Duaba, o documentales como Dos Ríos, El Enigma, y biografías televisadas sobre nuestros mambises, héroes y mártires. Tenemos que producir audiovisuales de contenido histórico de más calidad que capten el interés de las jóvenes generaciones.

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