El costo de la no solidaridad (Parte II) ¿Por qué somos internacionalistas? Por Javier Gómez Sánchez


javiergosanchez09@gmail.com 

Habría que detenerse sobre el teclado, a la hora de hablar de ¨costo de la solidaridad¨ y pensar en el costo que hubiese tenido no haber sido solidarios. Especialmente cuando de no haber existido esa solidaridad cubana muchas causas progresistas y movimiento revolucionarios en el mundo no hubiesen triunfado.   

Podemos decirles a los que hablan de costos que tienen razón, que el costo del sentido internacionalista de la Revolución Cubana ha sido altísimo, tan alto como el de ella misma, porque la Revolución Cubana sin ser inter-nacional no solo hoy no existiría, sino que nunca hubiese ocurrido.

Entonces, subiendo la parada, vamos a hablar de ¨costo del internacionalismo¨ y del ¨costo del no internacionalismo¨

En estos tiempos recientes en que han sido tan significativos los acercamientos diplomáticos entre los gobierno de Cuba y de Estados Unidos, pueden señalarse momentos en los que antes se había intentado llegar a algún entendimiento.

Un ¨modus vivendi¨ que incluso llevara a la eliminación total del bloqueo, algo que ni siquiera hoy ha ocurrido.

Los que conocen las interioridades diplomáticas, saben que en esas ocasiones en que algunos gobiernos norteamericanos buscaron acercamiento, pusieron siempre sobre la mesa un grupo de condiciones. Una especie de ¨Zanjón diplomático¨

Invariablemente aparecía que Cuba dejara de ayudar a las organizaciones y movimientos revolucionarios de América Latina y de África. ¡Que tremenda decisión entonces, en una Cuba que no era ni siquiera la de hoy, por muy desbastecida que esta no parezca, era la Cuba de los 60, de los 70, incluso la de los 80 y parte de los 90 en que esa propuesta estuvo sobre la mesa.

Abandonar el apoyo a esos movimientos, a las guerrillas, a los grupos clandestinos urbanos, hubiese significado hasta un ahorro para Cuba, más un alivio en el sacrificio y peligro en vidas que implicaba, y de paso recibir el favor económico norteamericano y occidental: Se levantaría el aislamiento, fluirían los préstamos bancarios y los créditos, las inversiones extranjeras, llegaría la tecnología para la industria, para la agricultura, para la salud, para la vida completa.

Hubiésemos podido pedir por nuestra boca: ¡Una planta de níquel, un astillero naval, una fábrica de electrodomésticos, un sistema gigantesco de regadíos e invernaderos, una central eléctrica….no, mejor una central electronuclear de la última tecnología! Porque con esa carta de cambio hubiésemos podido pedir lo que quisiéramos. Y lo hubiésemos obtenido, ¿como lo han obtenido los demás países latinoamericanos que nos rodean en la vecindad de Estados Unidos, sumergidos en la desmoralización, la violencia y el narcotráfico?

También se supo luego que a los soviéticos les hacían los mismos ofrecimientos si dejaban de ayudarnos a nosotros.

¿Pero cuál hubiera sido el costo del ¨no internacionalismo¨? ¿El costo de haber abandonado a los que luchaban en África y en América Latina? ¿El costo de haber dicho: ¨Esos son africanos y latinos, nosotros somos cubanos?

Hubiese significado la muerte. El exterminio de miles de luchadores revolucionarios, la aniquilación de Movimientos completos, en Centroamérica, en Argentina, en Uruguay, en Chile, en Brasil.

De haber abandonado a los pueblos de África que luchaban contra el colonialismo, el post colonialismo, y la expansión del apartheid surafricano. Si hubiésemos abandonado a los árabes que luchaban por un socialismo en el Medio Oriente, si hubiésemos dejado de enviar lo que fuera al Vietnam devastado. Cuba no hubiese podido más nunca dar la cara ante el mundo. Jamás hubiésemos podido pisar la alfombra de un foro internacional, ni en la ONU, ni en los No Alineados, ni en la OSPAAL, sin pasar por la vergüenza de las miradas de esos pueblos.

O sí, por las alfombras de Washington, por donde caminan los lacayos. Nuestros cancilleres se hubiesen hecho expertos en alfombras, pues hubiesen tenido que caminar mirando para el piso.

¿Qué significaría la palabra ¨Cuba¨ hoy en el mundo? ¿En que se pensaría cuando se dijera esa palabra: ¨cubano¨?

Por eso no podía ni pasarle por la cabeza dejar de ser internacionalista. Porque Cuba era al mismo tiempo vanguardia y retaguardia de esos movimientos revolucionarios.

Miles de revolucionarios venían a entrenarse, a descansar, a estudiar, a curarse, a operarse. Enviaban a sus familias, a sus esposas, a sus hijos, para poder dedicarse a la lucha. ¿A dónde los iban enviar? ¿A una clínica en Chile, en Argentina, en Uruguay? ¿A una escuela, a una guardería en medio de la selva centroamericana?

Muchos de los revolucionarios latinoamericanos que cayeron -con escuelas en Cuba que llevan sus nombres como no las hay en sus países- y de los que sobrevivieron, pudieron dejar hijos porque existió Cuba.

Otros que encontraron la muerte, en el monte, en la calle, en un apartamento delatado, pudieron escapar o morir con dignidad, porque llevaban en sus manos un arma que les llegó de Cuba.

No faltaron, como no faltan nunca, los malagradecidos, los que huyendo de gobiernos derrocados, de dictaduras instauradas, con la muerte pisándole los talones, encontraron refugio con sus hijos en brazos en esta Cuba que les abría sus puertas.  Con edificios de apartamentos, círculos infantiles y becas de prefabricado. La Cuba sin supermercados en las esquinas. Y por ser así entre algunos de los que llegaban hubo desprecio de lo que el pueblo cubano con esfuerzo había hecho para sí y se quitaba para dárselos a ellos. Decían: ¨Que horribles edificios, que pequeños apartamentos¨ sin pensar que los construyeron cubanos que antes vivían en un bohío de tierra, o en un ¨llega y pon¨.

Y terminaron continuando viaje, viviendo en Francia, en Suecia, en Suiza, hasta que en sus países la cosa fue cambiando, y volvieron.  

Años después, en medio del Período Especial y todavía hoy, nos visitan algunos que militaron en su época, en esos movimientos revolucionarios que Cuba no abandonó. Sus vidas han tomado diversos caminos, a veces son escritores, a veces son periodistas, otras son funcionarios o hasta ministros. Y cuando pasean por nuestras avenidas oscuras, de edificios viejos y feos, por donde pasan también incómodos los Ladas soviéticos, se regodean, se sienten aliviados, e incluso en sus conciencias, se sienten ligeramente redimidos. ¨Miren eso, el fracaso del socialismo, del comunismo, de esas ideas tan locas¨ Y en el fondo se alegran de haberse desteñido, de haber abandonado la lucha, de haber vuelto las espaldas, de haber huido dejando atrás a otros.

De haber hecho lo que Cuba nunca hizo. Hasta los ha habido que, fariseos, nos han venido a hablar de ¨democracia¨.

Por cada uno de esos hay otros que saben reconocer el costo tremendo que para ellos hubiese tenido que Cuba dejara de ser internacionalista.

Hoy hay guerrillas convertidas en partidos porque han confiado en Cuba y han sido apoyadas por esta, no para abandonar sus armas, sino para tomar armas nuevas. Hay partidos gobernando porque Cuba estuvo ahí cuando eran clandestinos.

Eso nos lleva a las formas que ha tomado nuestro internacionalismo de hoy y a los críticos  de su ¨costo¨. 

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19 pensamientos en “El costo de la no solidaridad (Parte II) ¿Por qué somos internacionalistas? Por Javier Gómez Sánchez

  1. Me habría gustado haber sido el autor de este enjundioso análisis.
    Felicidades

  2. Muy buen artículo, pero vale aclarar que somos internacionalistas sobre todo porque nuestra historia es parte de la historia del internacionalismo. Yo diría, acaso la parte más enjundiosa si sumamos el presente y su proyección al futuro; la proyección que dirigió Fidel como no lo había hecho nadie. Sin embargo, todo eso estaba en los genes de nuestra historia, en los genes de la nación desde antes de su surgimiento mismo. No somos más que eso, la savia de nuestros abuelos y nuestros padres. Desde Hatuey, Céspedez, Gómez, Martí e incluso antes, porque en el genoma nuestro todavía se visibilizan aquellas pautas indígenas.
    De manera que el costo de la solidaridad es el costo de la vida para el cubano que sabe asumirse: Cuba no hubiese sido Cuba sin solidaridad ni internacionalismo.¿De dónde venimos? es la respuesta exacta a ¿Por qué somos internacionalistas? Si bien Cuba lo ha desarrollado en dimensiones antes desconocidas (cuyos ejemplos se leen en el artículo, y mucho más) no es menos cierto que venimos precisamente de esa solidaridad y ese internacionalismo y hemos sobrevivido por ellos. Asumir esa cubanía es nuestro reto mayor.
    ¡Que no nos duelan los desagradecidos, pues, que no alegren los agradecidos y los cubanos que sepan asumirlo!
    Recuérdese, además, que la proyección de la solidaridad y internacionalismo signan la salvación del planeta, solo a través de ellos se puede llegar al primer paso hacia esa salvación: a la cooperación entre capitalistas y socialistas, único acceso a la salvación del planeta.
    Repito: la solidaridad y el internacionalismo son el único acceso a la cooperación entre capitalistas y socialistas para salvar el planeta. No hay otro acceso. He ahí la proyección más arriba mencionada.
    Saludos.

  3. Un análisis muy justo. La solidaridad de Cuba ha sido siempre genuina, precisamente porque ha tenido un costo. No ha sido el regalo de lo que sobra o lo que se ofrece sin esfuerzo. No ha sido el gesto interesado a cambio de una ventaja escondida. Ha sido la ayuda brindada con sacrificio y con la disposición de pagar un precio. Eso es lo que admiran muchos en cualquier rincón del planeta. Siempre habrá ingratos. Martí dijo que esa condición era la gran pena del mundo. Pero la historia registra con el internacionalismo de los cubanos la más alta expresión de la condición humana.

  4. Otro hermoso capítulo de nuestro internacionalismo lo constituye el apoyo al proceso de paz en Colombia a través de becas para la formación de médicos con un criterio humanista, no mercantil, de la medicina.

  5. ¿Por qué somos internacionalistas? Eso mismo me han preguntado amigos de otros lares que han estudiado y publicado magníficos trabajos sobre el internacionalismo cubano en el sector de la salud. Me han dicho que han obtenido diferentes respuestas de internacionalistas cubanos, desde motivaciones y necesidades personales hasta motivaciones ideológicas y sentimentales. Hay algo de eso de que “está en nuestros genes”, quizás sea mas propio de que está profundamente anidado en nuestras conciencias, debido sobre todo a la entrañable labor pedagógica del martiano más grande que ha parido esta tierra. Lo cierto es que ese espíritu, esa conciencia, esa esencia nuestra no podemos dejar que se pierda o se corrompa.

  6. Conmovedor artículo, al igual que los comentarios de Enrique y Raúl. El internacionalismo no está al alcance de cualquiera. Más bien es el contrapunto de lo que hemos aprendido en los libros de historia. Y sin embargo, no hay un reconocimiento oficial ni un agradecimiento unánime.

    Nuestros enemigos no pueden seguir siendo los que viven más allá de una línea convencional y tienen cosas que nosotros podemos codiciar, incluida su fuerza de trabajo al servicio de nuestros privilegios. El planeta nos pertenece a todos por igual, pero es muy difícil que esto lo puedan entender y aceptar quienes han convertido en un imperativo categorico la explotación del hombre por el hombre, primero dentro de su sociedad para hacerlo extensivo a otras sociedades. Por ello, el internacionalismo solidario estaba reservado a modelos humanistas, que, como el socialismo, supieron colocar al hombre y sus derechos en el centro de sus reivindicaciones, independientemente de su origen, sexo, condición.

    Yo no tengo tan claro como el autor que el internacionalismo activo fuera la causa de las hostilidades de las grandes potencias capitalistas. Estados Unidos no aceptó en ningún momento la coexistencia pacífica, que era lo que demandaban las autoridades cubanas, consciente tal vez de que unas relaciones internacionales del pueblo cubano con otros pueblos basadas en el respeto mutuo, en la colaboración y en el ejemplo inspirador de los valores y principios socialistas habría sido igualmente excesivamente subversivo para los intereses de una nación que, lejos de liberar al mundo del colonialismo y la barbarie, estaba poniendo en práctica la más demoledora y sutil forma de opresión y explotación de otros pueblos.

    Fidel, Raul, Ernesto Guevara y todos los que se dejaron influenciar por sus ideas demostraron su clara vocación internacionalista (aquellos antes incluso del triunfo de la revolución cubana). Colocar al hombre en el centro de la lucha, independientemente de su origen, sexo y condición, significó un giro de 180 grados en el devenir histórico de nuestra especie, al menos en los últimos siglos y milenios. Sin embargo, los humanos no podemos seguir siendo la razón y medida de todas las cosas. El internacionalismo solidario podría ser la solución a todos los males importantes que nos aquejan a condición de que los seres humanos procreemos con responsabilidad y en armonía con el planeta y resto de especies. No es posible que principios tan científicos y éticos como los del internacionalismo sigan conviviendo con la irracionalidad y el egoísmo más intolerables en todo lo concerniente al efecto llamada de las nuevas generaciones.

    Durante milenios, en las sociedades complejas la paternidad ha estado al servicio de los ambiciosos proyectos de la clase dominante como fuerza de trabajo barata y carne de cañón excesivamente fungible, de ahí que siempre haya sido un tema esotérico, así como ha sido tabú la planificación de los nacimientos. Como resultado de ello, una mayoría de seres humanos no han podido disfrutar de una vida plena. No ha sido la evolución entre las especies y la adaptación al medio sino los privilegios de la evolución intraespecífica responsables de su desgracia. Ahora hay que sumar a la ambición de la clase dominante los límites del crecimiento, la situación crítica de factores esenciales como la producción sostenible de energía y alimentos saludables. El complejo “Madre Teresa de Calcuta” tiene sentido en un contexto religioso, en que la procreación sin restricción es una fuente de vida venturosa para la eternidad, aunque se convierta en un calvario espeluznante en esta vida transitoria. Por el contrario, para el socialismo científico, que no reconoce ninguna instancia creadora para el universo (habría que empezar por explicar el origen de esta y así en un proceso regresivo infinito), nuestra existencia y la de futuras generaciones estará ligada siempre a la nave espacial Tierra (la creencia en una futura metástasis de la célula maligna, que somos nosotros, a lo largo y ancho del universo, además de macabra es pura fantasía y un coste inasumible para los que permanecieramos aquí, que ya vivimos al límite de la sostenibilidad o claramente por encima de nuestras posibilidades), de ahí, que, cuanto antes practiquemos un internacionalismo planetario en materia demográfica y de aprovechamiento racional de recursos limitados, mejor nos irá a todos.

  7. añadiría además que cuba en su internacionalismo ha demostrado y ejercido su soberanía porque al menos en angola la dimensión de la presencia cubana no sólo sorprendió a los estados unidos sino que también sorprendió a los soviéticos… y sin la presencia de cuba en áfrica el mapa político de ese continente sería muy diferente y grandes naciones emergentes como sudáfrica quizás no fuesen lo que son hoy… por lo tanto, hace muy bien el autor de lo escrito en preguntárse qué costo hubiese tenido el no haber sido internacionalistas pero no solo para nosotros… que costo hubiese tenido para otros que cuba no lo hubiese sido…

  8. Al hilo de lo que menciona Camarero, quisiera destacar otra iniciativa cubana en Africa de extraordinaria relevancia, que pudo ser decisiva para la erradicación del ébola y convertirse en el detonante del giro en la política imperial hacia la isla con el propósito de acelerar el cambio de régimen. Hace ya décadas que la explosión demográfica en Africa no se intenta controlar, por parte de las potencias imperialistas, a través de ayudas económicas dirigidas a la planificación familiar, que sería lo humanitario, conjuntamente con el reconocimiento del derecho de los pueblos africanos al aprovechamiento de sus recursos y al desarrollo económico.

    El neoliberalismo es un modelo tan profundamente depredador e inhumano que busca en la explosión demográfica un aliado para una galopante explotación de los recursos y para sus sectores económicos más canallas (como la economía e guerra). Por ello, los inevitables problemas demográficos asociados al modelo se tienen que controlar incidiendo en la tasa de mortalidad (ya que no contempla la intervención en la tasa de natalidad). Numerosos indicios apuntaban a que lo que pretendían las potencias imperialistas era utilizar el ébola para provocar una pandemia en Africa y así paliar o solucionar el grave problema migratorio que sufre Europa. Sin esa ayuda humanitaria cubana, se hubiera logrado el objetivo, de ahí que pudiera estar en el origen del desesperado intento de Obama de subvertir el socialismo cubano a través de la zanahoria, ya que el palo había fracasado durante 50 años.

    Si estuviéramos en lo cierto, sería una magistral lección de lo que la revolución cubana viene representando en el mundo y lo que representan las principales potencias capitalistas y su modelo económico más letal, que igual utiliza la guerra que las pandemias a la hora de alcanzar sus objetivos.

  9. El Internacionalismo es intrínsico con la revolución cubana. La Cuba que vivimos hoy ha sido también fruto del internacionalismo que muchas personas y países han practicado con nosotros, o sea, fruto del sacrificio de otros. Hay dos elementos que Fidel nos legó que demuestran lo inseparable del internacionalismo con la Revolución cubana.
    Primero cuando en el discurso del 10 de octubre de 1868, conmemorando el centenario del inicio de las luchas por la independencia, Fidel declaraba que la Revolución cubana era una sola, que la había iniciado Céspedes en 1868 y que los cubanos continuaban en la actualidad. Eso significa, además de dejarnos un claro concepto de continuidad en el proceso revolucionario, que la Revolución cubana sería esa ” nación grande y civilizada, para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a todos los demás pueblos”, planteada por céspedes en el Manifiesto del 10 de Octubre. Que contribuiría a la independencia de América como lo declaró Martí cuando definió a la independencia de Cuba y Puerto Rico como el muro que contendría las ambiciones de los EEUU sobre latinoamerica. Que se solidarizaría con las causas y procesos justos como lo hizo Mella con la Revolución de Octubre, o pablo de la Torriente Brau durante la guerra civil española. LA revolución que se ha desarrollado en Cuba era impensable sin este carácter internacionalista legado por nuestros antepasados.
    El segundo aspecto que nos legó Fidel está en el concepto de Revolución expresado por él el 1ro de mayo de 2000. En este concepto Fidel declara como base del internacionalismo cubano la lucha “por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo”. En esta definición declara como inseparables la Revolución del internacionalismo. No se concibe la Revolución cubana sin la lucha y aporte a las causas justas de otros pueblos del mundo. Es el “ser” o ëxistir” de la Revolución cubana, como proceso para el bien colectivo, pero no solo de los cubanos, sino para el bien colectivo del mundo.
    La confianza que tiene la Revolución cubana en el ser humano, se manifiesta también en la capacidad de los seres humanosde ser solidarios y contribuir desinteresadamente entre si, más alla de gobiernos y regímenes sociales.

  10. Pingback: El costo de la no solidaridad (Parte III y final) ¿Por qué somos internacionalistas? Por Javier Gómez Sánchez | La pupila insomne

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  12. Bueno, mi comentario no salio, o hubo un problema informatico o me censuraron por preguntar sobre el internacionalismo, y los conflictos de hoy en Yemen, Siria, Donetsk y Lugansk, mientras nos llevamos de lo mejor con A. Saudita, Qatar, Turquia y Ucrania. Esos son detalles.
    Lo importante es felicitar a Javier por su excelente articulo

  13. Soy un lector bastante asiduo de este blog, pero por primera vez dejo un comentario. No pretendo agregar contenido al artículo, solo quiero reconocer el trabajo del autor. He leído casi todo lo que ha escrito, desde sus tiempos por la Joven Cuba. Pero meritorio el cambio en su lenguaje y contenido desde que colabora con la Pupila Insomne. Es a quien casi siempre entro buscando en este blog. Excelente las reflexiones que nos traes a colación cargadas siempre de historia, patriotismo, temas peliagudos, de discusión. Es meritoria la lucha en la que se desarrolla la Pupila, en un espacio tan complicado como la web, gobernada por el capital imperialista y utilizada contra los procesos progresistas. Esperamos que siga colaborando. Bien la decision de Iroel de sumarlo al equipo.

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