Le Carré y los últimos soldados de la Guerra Fría


John Le Carré

John Le Carré

El novelista por antonomasia del espionaje y la Guerra Fría, el británico John Le Carré, lanzó el pasado octubre, junto a figuras como Günter Grass, Emma Thompson, Noam Chomsky y Adolfo Pérez Esquivel, la iniciativa  Voices for the Five que organiza una Comisión Internacional de Investigación el 7 y 8 de marzo de 2014 en la prestigiosa Law Society en el corazón del distrito legal de Londres. La citada Comisión tratará sobre el caso de Los Cinco cubanos que buscaban información para prevenir acciones terroristas contra Cuba en el seno de grupos extremistas radicados en Miami, cuatro de los cuales aún permanecen en prisiones norteamericanas, incluyendo uno de ellos condenado a dos cadenas perpetuas más quince años.  

En la Comisión de Londres se escuchará el testimonio de René González Sehwerert, el primero y único de Los Cinco que ha sido puesto en libertad después de cumplir su sentencia injusta de 15 años.

Esta reseña española de la más reciente novela de Le Carré, Una verdad delicada,  explica la evolución de la narrativa lecarreana ante “la quiebra moral que, ya sin Guerra Fría y sin mundo bipolar, caracteriza una era que, como aquella, cobija todavía demasiados secretos y mentiras y pretende convertir en tolerables las mayores atrocidades” y quizás también demuestre el por qué del apoyo del autor de El espía que vino del frío a la causa de quienes otro célebre escritor, el brasileño Fernando Morais, llamó Los últimos soldados de la Guerra Fría, en un libro que comienza con la historia de René, un héroe de carne y hueso al que las novelas le quedan cortas. 

La cruzada moral de Le Carré

Luis Matías López

John le Carré festeja los 50 años de El espía que surgió del frío, una de las mejores novelas en su género del siglo XX, con Una verdad delicada (Plaza y Janés). Se trata de un genuino ejemplo del viraje que ha convertido al escritor británico, ex agente del MI-5 y el MI-6, en un misionero empeñado en una cruzada moral que abomina de la idea propia de la Guerra Fría –pero aún muy vigente- de que el fin justifica los medios. Esa máxima le ahorró quizás algunas horas de insomnio a George Smiley cuando luchaba contra el Gran Satán comunista en plena Guerra Fría, pero no se sostiene en el mundo posterior a la caída del muro de Berlín, con amenazas y enemigos muy diferentes, pero con el mismo cinismo para combatirlos por parte de los Estados.

Le Carré, que ha arremetido en algunas de sus novelas más recientes contra multinacionales farmacéuticas, grandes bancos y políticos corruptos, concentra su ira en el caso de Una verdad delicada en la connivencia entre políticos, contratistas privados y grupos de presión ideológica al estilo del Tea Party, en nombre de la sacrosanta guerra contra el terrorismo. El blanco de sus iras es la mezquindad trufada de codicia en la que degeneró el Nuevo Laborismo de Tony Blair, al servicio de los designios del imperio americano con George Bush en la Casa Blanca.

Como en la época en la que Smiley libraba su guerra contra Karla, el contexto es propicio para que se produzcan daños colaterales. En este caso, las víctimas inocentes son una inmigrante ilegal, su hijo y un militar británico que se deja engañar para participar en lo que le venden como un servicio a su país, pero que resulta ser una chapuza de objetivos innobles.

El rastro de sangre de una operación ilegal y chapucera, para capturar en colaboración con contratistas privados norteamericanos a un terrorista islamista, se deja sentir años después, cuando el sentimiento de culpa asalta a dos de sus protagonistas. A partir de ahí, se desarrolla un intento de desenmascarar a los responsables del desaguisado que se enfrenta a la carencia de escrúpulos de estos y al interés del propio Gobierno británico por mantener su propia responsabilidad oculta bajo siete cerrojos.

Una verdad delicada es una obra de ficción, pero no resulta difícil encontrar paralelismos con la realidad. Así, la acción encubierta, que se desarrolla en Gibraltar, recuerda la que efectuaron en 1988, también en la Roca, las fuerzas especiales británicas, que eliminaron –tal vez sería más correcto decir que ejecutaron- a tres miembros del IRA. Y el militar atormentado por el remordimiento que muere en un supuesto suicidio con un claro tufo a asesinato recuerda al científico y ex inspector de armas bacteriológicas en Irak David Kelly que, tras filtrar a la BBC información comprometedora para el Gobierno, fue hallado muerto poco después, sin que la hipótesis del suicidio que abrazó la versión oficial resultase del todo convincente.

Puede que John le Carré, a sus 81 años y con 23 novelas a sus espaldas, no conserve ya el mismo pulso firme de sus obras mayores. Puede que no resulte demasiado creíble la ingenuidad de algunos de sus personajes, que parece que buscan la verdad de la misma forma en que Don Quijote arremetía contra los molinos. Puede que el afán misionero y denunciador de la injusticia vaya en detrimento de la solidez literaria de la obra. Sin embargo, Una verdad delicada tiene el valor añadido de reflejar la quiebra moral que, ya sin Guerra Fría y sin mundo bipolar, caracteriza una era que, como aquella, cobija todavía demasiados secretos y mentiras y pretende convertir en tolerables las mayores atrocidades. Como el propio autor ha dicho en un artículo periodístico: “¿Hasta donde podemos llegar en la defensa de nuestros valores occidentales sin abandonarlos en el camino”? Ya sabemos la respuesta: hasta donde haga falta. (Tomado de El ojo y la lupa)

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  1. Mi Comentario:
    Interesante sin dudas este comentario para recordar las páginas o las escenas inolvidables de “El Espía que Regresó del Hielo” y al mismo tiempo tratar de promover la nueva novela de LeCarré, “Una Verdad Delicada”, la que cabalmente será una brava denuncia de las inmundicias yanquis y las maquinaciones criminales de la malvada CIA – Aunque en relación a LosCinco el artículo habla poco, plantea eso, que si el nombre de Le Carré, junto a los de Grass, Thompson, Chomsky y PérezEsquivel han formado fila para la defensa de los patriotas cubanos detenidos por espionaje achacado en Miami desde septiembre de 1998, la fuerza de su defensa se verá fuertemente incrementada. Suerte
    TitoMoraga
    2013

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