¿Qué buscar fuera de Cuba? Por Javier Gómez Sánchez


En los últimos años hemos visto celebrarse en el extranjero una cantidad inusitada de eventos relacionados con Cuba. Uno tras otro aparecen en el calendario encuentros, conferencias, seminarios o conversatorios. Pueden tener diversos matices en sus temas de partida, desde el ciberactivismo hasta la identidad generacional. Pero todos giran sobre un interés común: la realidad política cubana actual y su futuro.

A ellos asisten una cantidad variable de cubanos que viven y trabajan en Cuba. Los difíciles visados para cualquier otro tipo de viaje están garantizados sin problema alguno. La periodicidad ha hecho que tomen un carácter casi de reencuentro, como esas reuniones de egresados de la universidad, y la facilidad los hace parecer más sencillos que tomar una guagua a Playas del Este.

Ciertos eventos sobre política internacional ya existían desde hacía décadas pero recientemente casi se han convertido en eventos ¨cubanos¨. Otros se han ideado, diseñado y organizado especialmente para hablar de Cuba.

¿Qué utilidad puede haber en sostener periódicamente o por vez primera un evento sobre Cuba? Y cuando se dice ¨sostener¨, el ejercicio del pensamiento nos debe remitir, no a los invitados que sostienen conversaciones en el lobby del hotel, si no a quiénes económicamente ¨sostienen¨ todo eso.

Porque es de imaginar que reuniendo ahí a una pléyade de personas inteligentes haya entonces inteligencia suficiente para darse cuenta de que nada de eso es gratis: las aerolíneas no llevan pasajeros de gratis, los hoteles no reciben huéspedes de gratis, la comida no se ofrece de gratis, los centros de convenciones, los salones, las salas de conferencia, no se alquilan de gratis. Las personas que trabajan en su organización, no lo hacen de gratis. Todo eso hay que pagarlo y para hacerlo no faltan ni los euros ni los dólares.

¿Qué interés puede haber entonces en costear eventos sobre Cuba? ¿Qué beneficio, qué ganancia? Porque definitivamente el dinero gastado en eventos no puede ser otra cosa que una inversión.

¿Qué mueve a los inversores? ¿Quién gana juntando a los que Dios cría? Hay organizaciones de solidaridad que llevan décadas reuniendo centavo a centavo para alguna que otra vez poder llevar a alguien que hable a contracorriente de lo que en sus países se dice sobre Cuba pero no es a ellos -generalmente escasos de fondos- a los que me refiero sino a otros siempre voyantes. En Washington, en Nueva York, en Ámsterdam… ¡Ámsterdam! ¿Desde cuándo los holandeses se interesan en Cuba? ¿Desde cuándo nuestros problemas son tan sospechosamente universales? ¿What next? ¿Finlandia organizará eventos sobre Cuba? ¿Dinamarca? ¿Andorra? ¿El principado de Mónaco?

Posiblemente un día nos dirán que en Reykjavík se celebrará un evento sobre Cuba.

Porque quienes participan a veces están muy concentrados o más bien distraídos en hacer cábalas políticas, en disquisiciones sobre la isla natal. Tanto, que los invitados no se preguntan nada de eso, no se lo cuestionan, o prefieren ni hacerlo. O sí lo saben, conocen las respuestas perfectamente y sonríen.

Sonríen cuando ven la visa estampada en el pasaporte, cuando escuchan la voz que los llama para abordar, cuando el avión corre por pista de aterrizaje y luego ellos caminan por los pasillos del hotel. Sonríen cuando insertan la tarjeta en la cerradura de la puerta y al girar el picaporte esta se abre (ciertas cosas nunca pierden el placer infantil). Sonríen en el breakfast, en el lunch, en el dinner. En el deseable confort del foro, al buscar su lugar en las lunetas o al tomar el micrófono inalámbrico. Contento, satisfecho de estar en ese evento ¨importantísimo¨, donde la satisfacción de colgarse la credencial y pasearse con ella ante la vista indiferente del camarero que sirve el café, le da una sensación en su cuello casi igual a la de un medallista olímpico.

Porque además, el invitado aunque no lleve una camiseta deportiva, siente algo que lo eleva, algo que lo convence.

Él se siente que está ahí ¨representando¨.

Entonces hay otra pregunta que a uno lo asalta. ¿Representando qué, a qué cosa, a quiénes, respecto a qué? El acreditado tal vez lo piense mientras escapa a practicar su inglés en una invitación a probar la cerveza local. Puede que incluso compare el sabor con el de la Cristal o una Bucanero.

En Cuba hay mucha gente que piensa, mucha gente que participa, incluso que se arma su manera de participar. Hay muchos que por haber ido a esos eventos, los conocen. Y mientras otros solo rezan la oración ante la mesa generosa, ellos sí se hacen las preguntas.

Es propio de pensadores crear el debate, es propio de revolucionarios buscar el encuentro, reconocerse. Como lo hacen, a veces con más frecuencia, los contrarrevolucionarios. Pero para hablar de Cuba está Cuba.

No creo que se deba ni aunque sea la moda, jugar el juego de los eventos y peor aún si es con la aprovechada intención de turismo político. Porque donde hay que estar no es allá, sino aquí. Es aquí donde hay que reunirse, es aquí donde hay que debatir, pensar la revolución donde existe Revolución, es a las instituciones de Cuba a las que uno debe acercarse para hablar de Cuba, al ágora ateniense para hablar de Atenas.

Con quién quiera escucharnos y junto a quienes nos escuchen.

Hay más dignidad en reunirse en una sala sin aire acondicionado, o hasta en la azotea de un amigo, que en un convention center rentado por bolsillos fuera de Cuba.

Ya no vivimos los tiempos de Martí, que no tenía patria donde ver su bandera y al buscar al menos donde se hablaba español, si había otra bandera, él sentía que no podía entrar.

Entonces prefiero verla hecha de popelina sobre sobre mi patria, que verla hecha de seda sobre otra tierra.

El dinero puede comprar la seda como mismo puede organizar eventos.

Porque el dinero es siempre buen anfitrión.

No es inocente pero puede agasajar a la inocencia, puede acomodar a los incautos, puede deslumbrar a los bienintencionados, incluso, con paciencia, casi puede comprar a los convencidos.

Hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás…

javiergosanchez09@gmail.com

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6 pensamientos en “¿Qué buscar fuera de Cuba? Por Javier Gómez Sánchez

  1. Al final no entendí cuál parte es el problema que usted ve en todo este “turismo político” como usted mismo llama, nos consta que a ambos lados de la ecuación Cubana es práctica común, y personalmente no veo nada malo en ello, salir de Cuba a mítines “sin repudio”, reuniones, invitaciones y conferencias. Cada vez que usted o algún funcionario Cubano o personalidad invitada a algo sale de Cuba por lo regular es sobre la base de los gastos pagados, pues los que hacen turismo real utilizan otras áreas de expresión. Pero me gusta que reconozca que todo cuesta y todo se paga en este mundo real, y con ello hacia la persona que es invitada no siempre quiere decir que sea un acto de compra, se dejan comprar los que quieren de una y otra parte.
    Entonces en la concreta son los eventos en si lo que usted considera errado, pues como se dice buscan pero no encuentran, y además al no realizarse en Cuba muy poco contacto con la realidad del país les puede aportar a los que participan. O son los que van a los eventos que se auto nombran voceros de toda una sociedad y terminan reflejando como siempre pasa una de las caras de la moneda. Coincido con usted en que sería ideal que eventos de discusión y análisis se puedan realizar en Cuba siempre que se tenga igualdad de posibilidades para las dos caras de la moneda, los fervientes defensores como usted y los fervientes cuestionadores que también existen, pero sabe y además creo este de acuerdo que eso hoy es imposible, y no por los posibles participantes, ni el que esté dispuesto a pagar el costo de tal evento, sino por política gubernamental de conmigo o contra mí que los cuestionamientos se confunden con traición. Usted asegura que “Hay más dignidad en reunirse en una sala sin aire acondicionado, o hasta en la azotea de un amigo, que en un convention center rentado por bolsillos fuera de Cuba”. No me cabe la menor duda que de dignos reunidos en condiciones como las que usted señala se realizan todos los días, pero lo más indigno para mi es esperar de los demás, lo que uno mismo no es capaz de hacer.”

  2. ¿Igualdad de oportunidades? jajajajaja es un buen chiste…cuando la primera potencia de la Tierra, le da tanta importancia a una humilde isla como Cuba, dedicándole decenas y decenas de millones de dólares, amén de la prensa lacaya, no es mucho el contrapeso que se puede hacer…al menos no se han tomado (ni lo harán, espero) las calles de La Habana aún.

  3. Creo que Gomez mas bien se refiere a la intencion detras de esos show politicos, que seria de tontos presumir serian buenas intenciones.
    Incluso lo ve como un riesgo de ser entrampado para el que participa y no llega a una critica abierta a la participacion de cubanos.
    Y como afirma es una inversion en el tiempo y si se puede apostar que la apuesta es contra Cuba.

  4. Yo sé que el texto no es escrito por usted, pero al ser replicado en su blog creo cumple con lo que usted considera es importante debatir o alertar, no creo sea su blog de los que ofrece un amplio espectro de ideas muy diferentes a su muy particular posición política de izquierda. Y por favor le preguntaba su opinión, si no la quiere dar OK no diga nada o no me publique, pero no me mande a leer la opinión y el pataleo de un periodista extranjero sobre censura y manipulación. La igualdad de posibilidades tiene que ser vista dentro de los Cubanos todos, de izquierda, de derecha y del centro que tienen opiniones políticas y total derecho de influir sobre el futuro de Cuba como su patria, bájese a tiempo de esa nube de que son únicos e insustituibles o el futuro le ofrecerá una muy desagradable sorpresa .

  5. Gracias, Sr Livio. Disculpe usted, entendí que ese “pataleo” es con respecto al modelo de prensa y de sociedad que usted defiende para Cuba, me pareció interesante como lectura y por eso se lo enlacé. En cuanto a lo demás, no siento estar en una nube y mucho menos considerarme “único e insustituible”, pero le ruego si así lo supone se abstenga de proferir amenazas, muchas gracias por su comentario.
    Sludos

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