El fantasma del nacionalismo. Por Carlos Ávila Villamar


He estado leyendo un artículo en Rialta Magazine con particular interés. En resumen señala que la idea de una nación fallida es paradójica, porque la nación solo puede ser entendida como un estado de cosas en constante transformación. Para hablar de una nación fallida (no de un gobierno fallido, que es distinto) debe uno remitirse a un punto modélico que, por inexacto y arbitrario, termina por ser siempre contraproducente en cualquier análisis. La nacionalidad cubana en sí (una condición cultural), por tanto, no habría estado en crisis durante la dominación española, ni durante los gobiernos entreguistas de la primera mitad del siglo pasado, ni durante la etapa revolucionaria (o como se le prefiera llamar, según el juicio que se tenga sobre ella). El autor cree encontrar una visión semejante de lo que significa la nación en ambos lados del Estrecho de la Florida: son capaces de proyectar un deber ser no solo en cuanto a un gobierno o a un modelo de estado, sino en cuanto a una cultura. Trataré de que mi postura política no afecte la objetividad de lo que estoy a punto de exponer. Sigue leyendo

Perspectivas de la empresa privada. Carlos Ávila Villamar


Hace poco abrió el mercado mayorista para las cooperativas no agropecuarias. Como sabemos, las cooperativas constituyen una alternativa a la división entre empresa estatal y empresa privada: en ellas se estaría tratando de conservar la competitividad y la eficiencia que tradicionalmente se le atribuyen a la empresa privada, a la vez que se eliminaría la figura parásita del capitalista. Las grandes empresas jamás podrán ser cooperativas, es cierto, pero en apariencia no existe una razón para que no puedan serlo muchas de las pequeñas empresas, y entonces en apariencia no existiría una razón por la que no vender a precios preferenciales a las cooperativas, dándole ventajas sobre las empresas privadas. Sin embargo, las ineficiencias de la economía cubana han creado un fenómeno inverosímil: no pocas cooperativas han aprovechado esta ventaja y se han convertido en meras intermediarias de la empresa privada. Pueden vender los productos en el mercado negro a precios más bajos que las tiendas comunes, pero aun así sacar algún beneficio. De esa forma, muchas cooperativas vinculadas a la gastronomía son simples fachadas de un negocio fácil de reventa, que por supuesto queda fuera de los libros. No es de su interés conseguir una mejora en los servicios, basta que las cuentas le permitan sostener la farsa ante la institución. Ergo, el mecanismo sirve a dos parásitos en vez de a uno: al intermediario y al capitalista. Sigue leyendo

El color engañoso de los mapas. Por Carlos Ávila Villamar


Miles de cubanoamericanos votaron por el ahora presidente republicano Donald Trump. No porque quisieran una política de mano dura con Cuba, sino por la brillosa promesa de que en los próximos años ellos iban a ganar más dinero. Creo que es una manera bastante sencilla de resumirlo. No pretendo juzgar, sin embargo, un asunto que es más bien idiosincrático. Muy probablemente esos cubanoamericanos, que dieron su apoyo a un presidente neofascista, estuvieran pensando gentilmente en ganar más dinero para ayudar a sus familias en Cuba. Muchos de esos cubanoamericanos quizás no llevaran tanto tiempo en el país como para saber que los presidentes rara vez cumplen sus promesas electorales. Sigue leyendo

Subvención y competencia. Por Carlos Ávila Villamar


Partiré de un ejemplo simple que habrá sido objeto de debate en no pocos centros educativos durante las reuniones previas al oportuno, afortunado Congreso de la FEU, próximo a celebrarse: las habituales quejas acerca de la comida en las residencias estudiantiles. Al asunto suelen buscársele soluciones, no hay duda. Se hacen chequeos, se aumenta la exigencia, se habla con los trabajadores, se expulsan los incorregibles, se contratan nuevos, hasta se pintan las paredes y se da uno que otro postre inesperado en una fecha significativa. Pero a los dos meses el comedor suele regresar a su estado original, y la lucha de los estudiantes debe comenzar de nuevo. Los fallos no son producto de incidentes azarosos, hay condiciones permanentes que los engendran. Las sugerencias son importantes para un centro de trabajo, pero no puede recaer todo el peso en ellas, es como si un cuartel de bomberos necesitara que una familia se quemara cada tantos días para volver a tomarse en serio el trabajo. Sigue leyendo

Páginas lamentables. Por Carlos Ávila Villamar


He pasado mucho tiempo escribiendo sobre la economía cubana, a veces meros apuntes, a veces artículos extensos e irresponsables. El más extenso e irresponsable que he escrito, desde un punto de vista teórico, se lo mostré a Iroel Sánchez hacer alrededor de un mes y le pedí su opinión para publicarlo en La pupila insomne. Me hizo una serie de señalamientos y me recomendó algunas lecturas, a fin de perfeccionarlo. Al final al texto le faltaba todavía cierto rigor económico y optamos por dividirlo, y publicar en un futuro artículos más minuciosos sobre cada uno de los temas que trataba. Nunca pensé que alguien utilizaría una tergiversación de esta historia intrascendente para fines detestables. Sigue leyendo

Los quince o el dilema entre realidad y representación. Por Carlos Ávila Villamar


Uno de los fenómenos más lamentables y visibles del subdesarrollo radica en el divorcio ridículo entre objeto y símbolo, es decir, entre realidad cotidiana y representación. Ya ni siquiera nos extrañamos cuando en una cafetería las enormes y atrayentes imágenes de comida que se usan como decoración contrastan con la oferta, a veces pobre, a veces muy poco atractiva. Es de lo más común, pues, tener que aceptar una realidad incapaz de competir con la representación, o, visto desde otro punto, aceptar una representación que traicione de una manera tan hipócrita la realidad. Sigue leyendo