La URSS y la nostalgia. Por Carlos Ávila Villamar


Se ha hablado mucho de lo atroz que resulta dejar de existir. Siempre hay una extrañeza ante la idea de que el mundo pueda seguir tras nuestra muerte. Sin embargo, es igual de atroz pensar en el nacimiento de un ser humano. Si nos dicen que imaginemos nuestra casa hace cien años, o el terreno que ocupaba nuestra casa, podemos hacerlo. Pero ¿qué pasa si nos piden que imaginemos nuestra casa días, minutos antes de que viniéramos al mundo? Pensar en la sala y en los sillones que nos desconocían, en la lluvia y en la tierra húmeda que por una diferencia de días o de minutos son ajenos a nuestra vida. Algunos acontecimientos quedan tan separados en nuestra imaginación, que el revisar fechas solo nos devuelve una realidad enrarecida, casi inverosímil. Pienso en los cortísimos cinco años que transcurrieron desde la muerte de Napoleón hasta la invención de la fotografía. Con todo esto quiero explicar, de algún modo, por qué es tan difícil para mí concebir el que apenas cuatro años me separen de la existencia de la Unión Soviética como país. Sigue leyendo