La fábrica de mentiras. Por Pedro Pablo Gómez


El mundo occidental se dice ser el baluarte de la libertad de expresión, pero también a su vez puede autotitularse con el record Guinnes en la creación de informaciones inciertas de acuerdo a los intereses ocultos de  los intereses del establishment que mejor paga.

En días recientes se ha destacado por los distintos medios de comunicación de EEUU la campaña para tratar de involucrar a Rusia en los resultados de las elecciones en ese país de las cuales resultara triunfador Donald Trump. En este caso responsabilizan a hackers rusos el haber filtrado a Wikileaks los correos internos de la candidata demócrata Hilary Clinton y de uno de sus asesores para influir en los votantes y que esto fue el hecho que determinó su derrota electoral.

Una declaración hecha pública de la CIA aseguraba que el gobierno ruso había interferido en el proporcionar las informaciones a Wikileaks, cosa también afirmada por el presidente Obama y por la señora Clinton. Todo ello y la algazara orquestada en los medios de comunicación trajeron como consecuencia que senadores de ambos partidos propusieran la creación de una comisión investigadora para determinar la realidad de la participación rusa en las elecciones.

Pero no pasa normalmente mucho tiempo en que se destape la caja de Pandora y la realidad salga al aire, aunque no se le de el mismo nivel de amplificación de la expuesta al público estadounidense, con el fin de perjudicar al señor Trump, que no es ningún santo de mi devoción. Resulta que ahora apareció en las informaciones relacionadas con los hechos, la declaración del ex embajador británico en Uzbekistán, Craig Murray, quien dijo que él había trasladado la información a Wikileaks donde es colaborador y que se la entregó una persona en un parque de Washington y le extrañaba que las autoridades de EEUU no lo conocieran, ya que era vinculado a los servicios de información, sin revelar el nombre de la fuente en cuestión.

Nosotros los cubanos que nos pasamos la vida viendo como se construyen campañas contra nuestro país y hemos vivido desinflando los globos lanzados por el imperio. Solo nos queda señalar la no sorpresa de que esto pase en la tierra norteña, sobre todo cuando una de sus políticas preferidas es la de mostrar al monstruo ruso históricamente, lo cual constituye una variable permanente en su política para entretener a los ciudadanos norteamericanos.

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