Propaganda. Por Iroel Sánchez


Así se trate de medios gubernamentales con divisiones especiales dedicadas a la Isla, o de medios privados con gestores instalados al interior del país, la línea editorial que ocupa el centro de la prensa construida desde el exterior para conducir a Cuba al capitalismo es exhibir el éxito de lo privado frente al fracaso de lo colectivo.  

En su vista panorámica de la autopista del capital no aparecen quienes se arrastran por sus márgenes pero es más atractiva si junto al triunfador individual -“emprendedor” o emigrado- se colocan en primer plano los baches en el proyecto colectivo sin decir cuántos son fruto de las minas sembradas allí por quienes pagan el encargo. 

Que se haga a través de la seducción mercantil no lo hace menos propaganda que la indicación explícita. Ya se sabe que para la CIA la “forma de propaganda más efectiva” es aquella en que el individuo actúa en la dirección en que se espera, por razones que cree son las suyas propias. En cuanto al uso de la censura, sobran los testimonios de que allí cuecen habas, pero es cierto que cuando manda el dinero hace menos falta porque como dijo Milton Friedman: 

“Cuanto más amplio sea el uso del mercado, menor será el número de cuestiones en las que se requieren decisiones expresamente políticas y, por tanto, en las que es necesario alcanzar un acuerdo”.

 

9 pensamientos en “Propaganda. Por Iroel Sánchez

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  3. Aunque nadie debe meter las narices en Cuba, la victoria del mercado sobre la planificación centralizada es inobjetable. La propiedad social de todo el pueblo es un cuento de hadas, que se transforma en uno de brujas con eso que llaman administración o lo que sea. Si las crisis económicas del capitalismo son cíclicas, las del socialismo son permanentes. De todos modos no puede admitirse que otros se valgan de aquella victoria para tratar de cambiar al régimen en Cuba si su pueblo, bien informado, prefiere seguir a la vieja usanza de dirección económica. El problema radica entonces en qué y cómo se informa.

    • ¿A qué capitalismo te refieres, al que rodea a Cuba por Puerto Rico, México, Centroamérica y Colombia o al que vive de esquilmar esos y muchos más países?¿Quién y cómo informa allí, los esquilmados o los que esquilman?¿A cuál socialismo te refieres, al que sufre un bloqueo que aquellos no sufren y a pesar de ello no conoce el trabajo infantil, la violencia institucionalizada y el crimen organizado, aunque está cercado financieramente por el dueño de las finanzas mundiales?

      • Yo creo que la existencia de economía de mercado no es excluyente de la existencia del socialismo, tampoco creo que la existencia de planificación económica sea garantía del socialismo. El socialismo existe si puede garantizar bienestar material y justicia social, acceso de todos a bienes y servicios, estos últimos, tratándose de acceso a servicios de salud, educación, deporte y cultura, con igualdad para todos. La sustentabilidad y la prosperidad son esenciales para desarrollar un proyecto socialista, las vías para alcanzarles no pueden ser dogmáticas, y tiene que primar la eficiencia. Si en determinada rama lo que funciona es el libre mercado, pues eso, si es la planificación y la propiedad estatal, pues eso, pero siempre sobre la base de la eficiencia y de que dé resultado. Lo que no da resultado, lo que no es eficiente, no es ni puede ser socialista aunque el nombre sí lo sea.
        Coincido con Iroel cuando se pregunta “¿A cuál socialismo te ferieres (sic), al que sufre un bloqueo que aquellos no sufren y a pesar de ello no conoce el trabajo infantil, la violencia institucionalizada y el crimen organizado, a pesar de estar cercado financieramente por el dueño de las finanzas mundiales?

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  5. Sabido es que, en el fracaso de lo colectivo, tiene mucha responsabilidad lo privado. El triunfo de la revolución soviética no pasó desapercibida ni contó con el apoyo de los gobiernos capitalistas. Por el contrario, naciones como Francia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos y Japón mandaron sus ejércitos a combatir tan grave herejía, y así viene siendo de múltiples maneras contra cualquier modelo que anteponga el interés general y los valores colectivos frente al ciego egoísmo, la competitividad y el individualismo. Todavía no se han dado las condiciones para que el socialismo pueda desarrollarse en libertad y para que pueda hacerse una evaluación del mismo sin la contaminación que supone décadas de acoso y derribo por parte de tan mortal enemigo en desigual combate.

    Habría que destacar que, por paradójico que parezca, es en la Cuba socialista donde la economía de mercado podría funcionar de un modo satisfactorio, al igual que ocurrió con la socialdemocracia del Norte y Centro de Europa cuando el sector público la sometió a toda clase de controles y regulaciones, de forma que la producción estuvo al servicio del interés general (mientras que ahora, con el triunfo del neoliberalismo, estamos asistiendo al desmantelamiento de la sociedad del bienestar también en esas naciones, donde lo público ha dejado de tener el protagonismo de décadas pasadas).

    Ya lo destacaba el gurú fundamental de capitalismo (Adam Smith): el funcionamiento del mercado tiene como fuerza muscular el egoísmo de la partes. A menos que se controle poderosamente su funcionamiento desde el sector público, es cuestión de tiempo y de la correlación de fuerzas entre las partes que se produzcan los más espantosos acontecimientos. Si permitimos que los productores puedan abaratar costes de producción sin cortapisas para maximizar las plusvalías, el resultado serán los salarios que no cubren las necesidades básicas de la clase trabajadora y que la condenan al desamparo más allá de la vida laboral, fenómeno que no forma parte sólo de los siglos XVIII y XIX, sino que han vuelto a plena actualidad, aunque sea a miles de kilómetros de los centros de consumo del primer mundo. Es precisamente bajo el paraguas protector del socialismo cubano y el compromiso de sus gobernantes con los derechos humanos donde únicamente se puede preservar los intereses de la clase trabajadora frente a la lógica capitalista. Algo parecido podríamos decir sobre el justiprecio de los recursos cubanos y la protección de bienes y derechos que suponen un coste para los productores y que son vulnerados donde no hay un sector público fuerte y al servicio del interés general.

    Mientras los productores se limitaban a atender la demanda de los consumidores, en base a su apreciación psicológica de cuáles eran sus necesidades y el modo como debían ser atendidas, la economía de mercado tuvo como variable fundamental la utilidad marginal de los consumidores y no el beneficio marginal de los productores. En la Cuba socialistas, gracias a que no existe publicidad comercial y a los muchos recursos que invierte la revolución en la educación humanista y científica, los productores están condenados a atender la demanda de los consumidores en base a lo que estos entienden que es el modo más racional y eficiente de gastar su dinero, sin caer en el irracional y depredador consumismo del capitalismo desregulado y al servicio de la ganancia de los productores, si bien es cierto que hay una perniciosa influencia del mundo capitalista a través de sus poderosos medios de persuasión y que el escaso desarrollo tecnológico cubano (propio de una pequeña y bloqueada nación del tercer mundo) no puede impedir perversiones como la obsolescencia programada asociadas a la moda y al deterioro rápido de las mercancías (bajo la influencia soviética, los consumidores cubanos tuvieron que dedicar menos recursos ecnómicos a la adquisición de mercancías que no llevaban impresas las semillas de una rápida autodestrucción).

    Tan pronto el egoísmo de los productores se hizo con el control de la economía, pasando a determinar qué, cómo y para quién producir en base al principio de beneficio marginal, gracias al poder que les confirió la publicidad comercial y la propaganda política de gobiernos sometidos a su tiranía, la economía de mercado dejó de ser un sistema eficiente al servicio de la demanda libremente formada para convertirse en una caja de Skinner, donde los consumidores son sometidos a toda clase de programas de refuerzo como si fueran ratas de laboratorio y donde su existencia pasa a estar controlada por poderosos medios de persuasión y al servicio de la ganancia de la clase burguesa. Es en este contexto donde adquiere todo su protagonismo D-M-D’ (la inversión de dinero en medios de producción con el único objetivo de maximizar los resultados monetarios). ¿Cómo se puede hablar bien de un sistema de estas características, responsable de que el capitalismo, debido a la falta de control y a su dedicación exclusiva a la ganancia, se haya convertido en el más peligroso modelo de crimen organizado? Confiemos en que las autoridades cubanas jamás permitan que cubanos o extranjeros puedan dedicarse a invertir su dinero con el único propósito de maximizar la ganancia, sin importar qué, cómo y para quién se hace. Si tal cosa ocurriera, la sanidad ya no velaría por la protección de la salud y la prevención de las enfermedades, ya que el negocio es directamente proporcional a la tasa de morbilidad y lo proporciona la medicina reparadora. Pensemos en lo que podría suponer para Cuba la libertad de empresa en el negocio bancario y el casino financiero o la dedicación de cada día más recursos, en lugar de para preservar la paz y ser solidarios con los pobres de este mundo, para participar en guerras de rapiña y consumo de armamentos.

    Ya sabemos de lo que el capitalismo es capaz y llevamos camino de volver a presenciar su peor perfil: la guerra sistémica y de ámbito planetario. Las crisis planificadas de las últimas décadas, para trasegar recursos de la base a la cúspide de la pirámide (donde cada día hay más capital ocioso y dispuesto a apoyar los más devastadores y criminales objetivos) son el preludio de lo que nos espera por culpa de la pérdida de protagonismo de lo público frente a los mercados. Afortunadamente, en Cuba la economía de mercado la siguen protagonizando modestos negocios cuyo objetivo es satisfacer la demanda libremente formada y adecuadamente asosarada por la educación socialista sin otro propósito que cubrir las necesidades vitales de mejor forma que trabajando para la empresa pública, cuya ineficiencia debe ser superada con un mayor compromiso entre ciudadanos y gobernantes y la plena convicción de que sólo el socialismo puede salvar a la Humanidad de un sistema tan perverso y criminal como es hoy el capitalismo.

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