La URSS y la nostalgia. Por Carlos Ávila Villamar


Se ha hablado mucho de lo atroz que resulta dejar de existir. Siempre hay una extrañeza ante la idea de que el mundo pueda seguir tras nuestra muerte. Sin embargo, es igual de atroz pensar en el nacimiento de un ser humano. Si nos dicen que imaginemos nuestra casa hace cien años, o el terreno que ocupaba nuestra casa, podemos hacerlo. Pero ¿qué pasa si nos piden que imaginemos nuestra casa días, minutos antes de que viniéramos al mundo? Pensar en la sala y en los sillones que nos desconocían, en la lluvia y en la tierra húmeda que por una diferencia de días o de minutos son ajenos a nuestra vida. Algunos acontecimientos quedan tan separados en nuestra imaginación, que el revisar fechas solo nos devuelve una realidad enrarecida, casi inverosímil. Pienso en los cortísimos cinco años que transcurrieron desde la muerte de Napoleón hasta la invención de la fotografía. Con todo esto quiero explicar, de algún modo, por qué es tan difícil para mí concebir el que apenas cuatro años me separen de la existencia de la Unión Soviética como país.

Eso significa que en el momento en el que nací todavía existían objetos cotidianos soviéticos. No hablo de artículos más sólidos, como televisores o automóviles (que los soviéticos fabricaban para toda una vida), sino de aquellos que habrían de reponerse pronto, cajas de fósforo, o tal vez un pomo de vidrio todavía con la etiqueta puesta, usado para almacenar sal. Tal vez alguna ropa agujereada que con el tiempo se cogió para dormir. Dada la rapidez con la que se intentó borrar el recuerdo de la Unión Soviética en el mundo, aquella breve supervivencia de una blusa o un cabo de lápiz constituyó un pequeño milagro. Me figuro un niño cubano que dibuja con un lápiz de color hecho en la Unión Soviética, tarde o temprano va a crecer y aquel residuo va a borrarse para siempre de su memoria. Rusia existe en nuestros días, pero tal vez en cien años comparar Rusia con la Unión Soviética sea como comparar Italia con el Imperio Romano.

Basta pensar en las hidroeléctricas, los complejos industriales tan comúnmente representados en los sellos, la arquitectura brutalista, las heroicas aventuras espaciales (a Estados Unidos no le interesó conquistar el espacio antes de que alguien más quisiera conquistarlo, y la verdad tampoco le ha interesado después): me es difícil imaginar un destino más ambicioso que aquel trazado por los pueblos soviéticos. Sabían que tanto el éxito como el fracaso habrían de marcarlos por igual para la eternidad, puesto que difícilmente aparecería una meta de semejante magnificencia que, de ocurrir lo peor, pudiese sucederla. En efecto, hoy Rusia es un gigante cuya alma se refugia en un sustituto menor, el nacionalismo, tan común en el resto de los países. Recuerda con nostalgia, quizás, los pasajes equivocados del socialismo (dígase el gobierno estalinista, que lentamente vuelve a ser motivo de admiración entre los rusos). Los rusos hoy admiran de la Unión Soviética el poder y la fuerza, virtudes bastante pobres comparadas con muchas otras promovidas por el socialismo, muestra tristísima del cambio radical en el pensamiento colectivo. Admiran hoy, si lo pensamos bien, solo lo que admiraban sus rivales estadounidenses.

Para muchos países europeos, la Unión Soviética significaba la intromisión de un poder externo y rígido, no solicitado, y no sorprendió a nadie que en ellos se intentara borrar su memoria lo más pronto posible. Para nuestro país, en cambio, significó la prosperidad. Los cubanos que recuerdan los años ochenta asocian la Unión Soviética a la posibilidad (entonces visible a mediano plazo) de un socialismo global. Y esto es importante. Como los individuos, los pueblos van de proyecto en proyecto, en una búsqueda interminable de propósito. Tras la desintegración, el enfoque del proyecto cubano tuvo que cambiar a la idea del bastión inquebrantable, la pujanza fue reemplazada por la resistencia, convertir la nueva desventaja (el desamparo geopolítico) en virtud (la orgullosa excepcionalidad de nuestro proyecto). Es más o menos el enfoque que se mantiene hoy, aunque durante el reciente auge de los gobiernos de izquierda en América Latina se matizara la excepcionalidad socialista con la idea de la integración regional, una integración que no implicaba al socialismo en sí, sino al otro gran pilar ideológico cubano, el antiimperialismo. De cualquier modo, la Unión Soviética ha quedado atrás y contrario a la opinión que hay de Cuba en muchos países, pensamos en ella pocas veces al día.

En resumidas cuentas, quiero decir que una soledad extraña me invade cada vez que pienso que ya han pasado cien años desde la Revolución de Octubre, una absurda sensación de culpa y añoranza. Yo no viví en la Unión Soviética y de haber nacido y vivido allá probablemente no me hubiera gustado, pero el alma humana es compleja. De algún modo su proyecto se impregnó culturalmente en Cuba: no solo a través de una generación de niños llamados Boris o Vladimir, sino porque aquel recuerdo remoto (no dudo que idealizado, por razones ya dichas) constituye un amuleto. Una de las cosas maravillosas de la Unión Soviética es que aunque su ideología era occidental, su base yacía en un conjunto de pueblos no occidentales, un tanto misteriosos tras siglos de aislamiento. Sobre un mapa inexplorado se construyó todo. Los soviéticos pasaban por calles, túneles y puentes construidos dentro del propio socialismo, casi todo lo que veían, de hecho, provenía del socialismo, o de lo contrario de una tradición por completo alejada de lo occidental. Eso significa que era muy fácil visualizar, a través de ella, un futuro distinto a lo ya conocido. Nuestro país ha tenido que enfrentarse al recuerdo del capitalismo, impregnado hasta en la arquitectura, pero siempre quedará el recuerdo cultural de la Unión Soviética para compensarlo. Desde su caída no ha emergido un proyecto que se le compare, y hasta que eso suceda, nos queda la recompensa que solo hay en lo distante, es decir, lo que ya no puede volver a caer ni corromperse, nos queda el mito, la muy subvalorada nostalgia.

9 pensamientos en “La URSS y la nostalgia. Por Carlos Ávila Villamar

  1. Cuanto me alegra una entrada leíble en menos de 10 minutos de desayuno en tu blog, hay muchos de tus colaboradores que más bien hacen tesis de grado en su espacio (donde hasta ellos mismo se califican porque muy pocos leemos hasta el final ), un blog debería ser una corta o mediana entrada directa al asunto que últimamente escasean.
    Sobre añoranza y la URSS ahora que se celebran los 100 años he leído múltiples enfoques, imágenes de pequeñas celebraciones básicamente de personas mayores en Rusia y sobre todo el intento de renacer de esa controversial figura de Stalin o el stalinismo como final de una corriente ideologica que fracaso a un costo inmenso de vidas humanas. Pero esta idea “Para nuestro país, en cambio, significó la prosperidad. Los cubanos que recuerdan los años ochenta asocian la Unión Soviética a la posibilidad (entonces visible a mediano plazo) de un socialismo global.” no la comparto. Los cubanos y me incluyo en ello porque lo viví, en una inmensa mayoría más que prosperidad veíamos estabilidad en nuestras vidas, un suministro estable de productos de consumo que casi nadie sabía que era como que regalado porque no pagábamos, una economía montada sobre soportes económicos y niveles de consumo que nadie cuestionaba si era rentable, si había ganancia, si tenía futuro porque el futuro del socialismo hasta el último momento fue “luminoso”. Solo después del desmerengamiento como le llamo Fidel fue público que la deuda con la antigua URSS era de US$35.000 millones, en muy corto tiempo fue público que la zafra azucara nuestra principal industria era irrentable y se necesitaba de la operación Álvaro Reinoso para desaparecer 2/3 de los centrales azucareros y sus dependencias, en el 2014 se cumplió esa predicción de Fidel que la deuda externa era impagable y el parlamento ruso aprobó condonar a Cuba el 90% de su deuda con la antigua URSS y quedo en 3 500 millones, es decir que considerando una población de 10 millones al día de hoy y después de condonar el 90% cada Cubano debe a la hoy Rusia 350 mil USD. Vivíamos en una burbuja que los grandes líderes de la revolución nunca quisieron mostrar, se montaron exuberantes planes económicos con el dinero de otros que el propio Fidel Castro desde el 1985 y poniendo como marco la deuda con instituciones financieras del mundo capitalista había anunciado que era impagable. Es por ello señor Carlos Ávila que esa supuesta prosperidad era un espejismo, una gran mentira que nos disfrazaron mientras pudieron los altos dirigentes del país que jamás hablaron claro, cuando vivimos la visita de Gorbachov a principios de 1989 que fue recibido con un largo recibimiento por toda la Habana y despedido como un intruso, fue que despertamos que algo se estaba jodiendo, llegado el momento la prosperidad paso a nuestros recuerdos, el socialismo de bloque a comentarios del pasado y un “periodo especial en tiempo de paz” prolongado por casi 30 años esa realidad que hace que los jóvenes como usted digan “en el momento en el que nací todavía existían objetos cotidianos soviéticos. No hablo de artículos más sólidos, como televisores o automóviles (que los soviéticos fabricaban para toda una vida)”, no cree usted que el fabricar para toda una vida es también otro espejismo suyo.

  2. Carlos, Tu eres mas joven que yo, me ha gustado mucho tu articulo porque lo hablas de tu realidad la cual yo también tuve oportunidad de vivir, este año ha sido significativo porque después de la caída de la URSS, nuevamente se vuelve a hablar de las republicas soviéticas, en Chile también hay recuerdos de ellos, como nos llegaba su cultura a través de los sindicatos yo era muy pequeña y aun lo recuerdo. Después de muchos años me he encontrado con emigrados soviéticos y hablan de que sus días mas felices han sido su vivencia en la URSS, he pensado que la humanidad tiene un periodo de tiempo para repensar sus triunfos y fracasos, la humanidad de hoy tiene poco que ofrecer al futuro por lo tanto estamos obligados a recoger el esfuerzo y sacrificio de millones de personas para construir un futuro sin desigualdad y explotación.

  3. Algo que el amigo Livoo omite: “durante casi seis décadas ha provocado daños a la economía cubana que alcanzan la cifra de 822 mil 280 millones de dólares, tomando en cuenta la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional”,
    http://www.cubadebate.cu/noticias/2017/10/05/disponible-informe-sobre-las-afectaciones-del-bloqueo-a-cuba-pdf/#.WgcJm2iCzIU

    La deuda y el comercio con la URSS permitió compensar esa tremenda agresión contra el pueblo cubano, y al lado de esa cifra descomunal aceptada por la ONU es una bicoca.

    Saludos

  4. Lo que mas se siente es que fallara un proyecto que hacia posible un mundo algo mas humano, volver al mundo sin esperanza en que el hombre debe ser el lobo del hombre, es algo triste.
    De todas formas, solo se retrasa el destino, como sucedio antes con el nacimiento del cristianismo, que detuvo el progreso durante un milenio. Al final el hombre que viajara a las estrellas y conquistara el universo, no lo hara pensando en las ganancias ni sera financiado por los inversionistas privados.

  5. La añoranza por la URSS nace de lo justo de los principios en los cuales se baso:poder a los trabajadores, proteccion social, revolucion cultural, o sea cultura y educacion para todos y no para algunos privilegiados.
    Keeran y kenny, dos autores norteamericanos han intentado un acercamiento a las causas del tragico derrumbe. A las nuevas generaciones les toca descubrir los caminos de construccion socialista y evitar los callejones que conducen a sociedades individualistas, creadoras de hombres egoistas y criminales.
    Octubre mostro y demostro el camino posible, hubieron errores y horrores, pero ese es el camino, lo otro lo soportamos y sufrimos millones de seres en el planeta.

  6. Pingback: La URSS y la nostalgia. Por Carlos Ávila Villamar | argencuba

  7. Livio, que análisis más simplista el suyo; se olvido usted del Bloqueo yanqui; no teníamos otra alternativa que irnos al mercado socialista, al CAME; sin bloqueo hubiéramos tenido la posibilidad de abrir más nuestro comercio con el resto de los países del mundo y le aseguro que el Periodo Especial hubiese sido menos cruel; además hay que ser agradecidos y a la URSS la llevo en mi corazón!!!

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