Socialismo, la palabra angustiosa. Por Carlos Ávila Villamar


La palabra socialismo atraviesa una crisis a nivel global: se usa para fines demasiado disímiles, y sospecho que corre el riesgo de desdibujarse hasta el punto de no significar nada, o casi nada, tal como ha sucedido con la palabra democracia dentro de la izquierda estadounidense, que es más bien un sinónimo de aquella sociedad que el hablante considera mejor. Se ha abandonado la definición que con cierta arrogancia algunos teóricos soviéticos consideraron la definitiva, aquella que veía el socialismo como la abolición casi absoluta de la propiedad privada, y bajo el embrujo de la imagen de justicia e igualdad social que hoy se tiene de los capitalismos nórdicos, suele verse la llamada socialdemocracia como el único modelo posible y sustentable de socialismo, se cree en la domesticación del burgués y en la benevolencia del estado con los más desfavorecidos. Una vez que se llega a esa idea, la de tomar lo mejor del capitalismo y lo mejor del socialismo de corte soviético y construir un híbrido que beneficie a todos, lo que queda es negociar el punto intermedio, qué se toma de cada uno, y ya el mundo estará arreglado. Es sabido, la mente humana tiende a crear oposiciones para entender mejor la realidad, y una vez que se piensa la realidad en base a una oposición simple, lo que queda es viajar a través la escala de grises.

Resulta muy fácil llegar al punto donde se cree que la naturaleza del socialismo es la eficiencia en lo social y la ineficiencia en lo económico, y luego creer que en nuestro país la solución a la crisis es una apertura discreta al capitalismo, que conservando los beneficios sociales diera como consecuencia la creación de una Noruega tropical. Lo que sucede es que hay falacias de todo tipo en esta cadena de pensamiento, y su atractiva simplicidad puede incluso ocultar datos concretos de la realidad que la desmienten.

Para empezar las únicas socialdemocracias exitosas que ha conocido el mundo se han edificado sobre la base de capitalismos altamente desarrollados, ningún socialismo tradicional que se haya abierto a la propiedad privada (ni siquiera la terriblemente desigual China) ha conseguido algo cercano al milagro noruego, por lo menos hasta hoy. De hecho, entre más se abrió la Unión Soviética a la propiedad privada durante los años ochenta, peor le fue en sus índices macroeconómicos. Bueno, dijeron algunos, hasta que no instauremos un verdadero capitalismo no se verá el desarrollo, es el peso de la vieja economía socialista lo que lo dificulta. Sin embargo, instauraron el verdadero capitalismo en 1991 y las cosas se pusieron peor. Solo hay que esperar, dijeron, ya mejorará. Y no mejoraron: el país literalmente tuvo que declararse en bancarrota en 1998, e incluso con las reformas de Putin, que ha aumentado la participación estatal en la economía, el producto interno bruto ruso es hoy inferior no solo al chino o al japonés, sino también al alemán y al italiano. Hace cuarenta años era el segundo más grande del mundo. Entonces replanteemos bien lo que parecía una mera escala de grises: el avance de la propiedad privada no solo no ha garantizado la conservación de los beneficios sociales, tampoco ha significado necesariamente un progreso económico. Digo todo esto porque la crítica más común al socialismo tradicional dice que la práctica ha demostrado que no funciona. Lo justo sería agregar que la práctica además ha demostrado que las aperturas a la propiedad privada tampoco han funcionado para esos sistemas socialistas, y que de hecho hasta ahora la socialdemocracia es una experiencia nórdica producto de condiciones tremendamente específicas: si eres un país capitalista subdesarrollado seguirás siendo un país capitalista subdesarrollado, y las mejoras sociales que un eventual gobierno de izquierda traiga consigo pueden desaparecer a la velocidad del relámpago.

Ahora bien, que una cosa no haya sucedido no es razón suficiente para creer que no pueda suceder. Que no haya existido hasta hoy un socialismo tradicional capaz de superar en desarrollo a la economía capitalista no quiere decir que no sea posible, y para ser justos, que ningún otro país haya podido reproducir el milagro nórdico no quiere decir que no pueda hacerse, al menos no necesariamente.

Mi argumento a favor de la repudiada empresa estatal se basará en un análisis rápido de las economías más prósperas del mundo contemporáneo: no se han desarrollado gracias a la pequeña y a la mediana empresa, sino gracias a los monopolios. No solo una empresa se agranda a medida que se hace eficiente, lo cual es obvio y merecerá luego algunas líneas, el gran secreto de los monopolios es que aumentar el tamaño es una forma de hacerse eficiente. El monopolio es la forma económica más desarrollada que ha dado el capitalismo, y lo paradójico es que su ley de fondo (que el tamaño pueda significar eficiencia) anuncia la posibilidad del socialismo, la posibilidad de que un país aproveche al máximo su paisaje económico.

Toda riqueza, recordemos, proviene directa o indirectamente del trabajo. Podemos por tanto mejorar nuestra vida fabricando cosas, pero es un hecho que hacerlo de manera espontánea e individual nos mantendría en un estado primitivísimo: los múltiples sistemas de relaciones económicas no han sido más que múltiples modos de organizar el trabajo. En algún momento de la humanidad la esclavitud permitió una organización más eficiente del trabajo humano. La amenaza de muerte o tortura, nadie lo dudará, debió ser un incentivo poderoso para trabajar, pero tenía la limitante de que solo podía aplicarse a un porciento de la población (de lo contrario la amenaza de alzamiento era demasiado alta), y por tanto tendía a hacer más perezoso al otro porciento libre, que en vez de trabajar se dedicaba a preparar guerras periódicas, con el fin de una redistribución más favorable de los esclavos. Mejor era inventar un sistema en el que los señores feudales, es decir, los afortunados que por una u otra razón se habían hecho de una fuerza militar, cobraran impuestos al resto de la gente a cambio de protección. La necesidad de pagar impuestos, y la de comer, harían trabajar a los pobres campesinos, pero aquel sistema de relaciones económicas necesitaba tanto la desprotección, la pobreza de las clases más bajas, que terminó quedando obsoleto. Incluso hasta principios del siglo xx el capitalismo conservaba rezagos de la atrasada mentalidad feudal: el burgués prefería la pobreza de su potencial mano de obra, para así permitir salarios más bajos y márgenes de ganancia más altos. No fue hasta épocas muy recientes que la burguesía descubrió que aumentando los índices de consumo del propio proletariado terminaría vendiendo más cosas y por tanto recibiendo ganancias más altas. Notemos cómo en el fondo el progreso se basa en el perfeccionamiento de la gestión del trabajo humano.

Así como las superficies tienen un coeficiente de fricción, y entre más se alise una superficie mejor se aprovechará el trabajo de un vehículo sobre ella (con esto quiero decir su gasto de energía), la humanidad ha creado modos más eficientes de que nuestro esfuerzo traiga resultados. La competencia entre las pequeñas empresas privadas comenzó a ser disfuncional dentro del capitalismo porque implicaba constantes bancarrotas y ruinas, trabajo desperdiciado, y también porque en definitiva una gran empresa, al tener control de un mayor número de factores en el proceso de producción y distribución, al cometer menos errores, puede permitirse mejoras tecnológicas más rápidas y por tanto el abaratamiento de los costes productivos. Los monopolios han hecho posible que las crisis del mundo desarrollado sean a causa de la excesiva y no de la insuficiente producción. Ya he dicho que dentro del capitalismo de nuestros días no solo una empresa al hacerse más eficiente tiende a agrandarse, sino que al agrandarse tiende a hacerse más eficiente: hay un punto a partir del cual el sistema que gestiona el trabajo gracias al interés inmediato de acumular capital, para impulsar entonces una empresa propia, queda obsoleto ante el nuevo, donde los individuos comprenden que es más ventajoso escalar las poderosísimas estructuras corporativas que intentar tontamente competir con ellas. Cada vez el emprendedor capitalista es menos el fundador de un imperio que el funcionario de un imperio que ya existe. Los monopolios suelen durar mucho más que las pequeñas y medianas empresas, y de hecho cada vez es más difícil la aparición de uno nuevo.

En los últimos años los nuevos monopolios han surgido gracias a ese terreno casi virgen que es la informática, cuyo uso generalizado tiene apenas unas pocas décadas de edad. Las empresas relacionadas con la informática experimentan hoy la competencia feroz que en otros campos ya dio como resultado a vencedores prácticamente inamovibles, cuyos únicos movimientos suelen ser fusiones para construir empresas todavía más grandes. Es lógico que de esa arena (la informática) salieran gladiadores enaltecidos por los medios de comunicación del mundo capitalista como ejemplos de emprendedores, personas cuya visión los ha llevado al éxito en un sistema que necesita todo el tiempo recordar sus ventajas, la máxima de que cada hombre puede hacerse a sí mismo. En realidad, de no ser por la informática, en el mundo ya hubiera desaparecido el mito del hombre hecho a sí mismo desde los años noventa.

El actual sistema de monopolios, además, no desaprovecha el deseo natural de emprender, por el contrario: aniquila la competencia más inútil, la burda competencia entre capitales, y se centra en la competencia entre las ideas, los proyectos. Primitivos los tiempos del capitalismo en los que el propietario de cada pequeña fábrica trabajaba para arruinar a la pequeña fábrica vecina, aquellos emprendedores hoy nos parecen barbáricos cuando se les compara con los nuevos, con los que trabajan con un abanico impresionante de cifras y estadísticas, y planifican con precisión cada jugada. Tienen salarios colosales, quizás excesivos, pero a menos que compren acciones en la bolsa constituyen asalariados, es decir, su fuente de ingresos no es la propiedad, no constituyen ya exactamente capitalistas tradicionales.

El crecimiento desmesurado del sector financiero a partir de los años ochenta ha traído como consecuencia la separación de dos funciones que antes estaban mucho más relacionadas en el capitalismo: la propiedad y la gestión empresarial. Antes era común que alguien poseyera una fábrica y se ocupara de gestionarla. Ese alguien era capitalista, es cierto, pero a la vez estaba haciendo función de asalariado, estaba trabajando: en primer lugar porque se ahorraba dinero, en segundo porque le permitía vigilar el negocio en persona, cosa que entonces era muy recomendable, producto de la escasa sofisticación de los mecanismos de control. Sin embargo esos días ya nos parecen lejanos. El capitalista ha llegado a una explotación pura, sin necesidad de gestión siquiera. Las empresas funcionan a la perfección sin él.

En la práctica, el estado norteamericano podría ser hoy dueño de las acciones de todos los grandes monopolios bajo su jurisdicción, y eso no los afectaría en nada. De hecho el diálogo entre lo que hoy constituyen monopolios separados probablemente permitiría gestiones más cómodas y tal vez contribuiría evitaría las detestables crisis económicas. Los adelantos técnicos, las innovaciones, se seguirían produciendo con igual o mayor rapidez que en nuestros días, porque a fin de cuentas los científicos rara vez son accionistas de la empresa para la que trabajan, y los directivos y funcionarios que hoy compiten por las acciones del lugar donde trabajan, una vez que se anule el propio mercado de acciones y desaparezca el deseo de pertenecer a él, competirán entonces por los beneficios naturales de sus puestos de trabajo, que no serán bajos en lo absoluto, y sobre todo por el reconocimiento social y la felicidad indiscutible de ascender en un sitio.

Entonces, hemos roto la disyuntiva engañosa de mayor o menor apertura a la propiedad privada, en la que tristemente se centra la mayoría de los debates en torno al desarrollo económico en los países con gobiernos de izquierda. En la búsqueda de ese punto imaginario se han derrochado ya demasiadas horas que no se recuperarán jamás. La libre competencia ya ha desaparecido en el capitalismo desarrollado, apenas se restringe al sector de la alta cocina u otros semejantes, en los que la gente odia la impersonalidad de las grandes cadenas de restaurantes. Y la libre competencia no ha desaparecido por leyes, no está prohibido montar una nueva fábrica de enlatados, simplemente ya no es rentable hacerlo, las relaciones económicas del capitalismo se acercan a un punto de quiebre. De hecho, en el caso norteamericano, las leyes llegado un punto ponen trabas a la monopolización, y es esta una de las razones por las cuales la centralización de su economía no se ha producido a un ritmo todavía más vertiginoso. Las leyes antimonopolio en apariencia deberían tener el apoyo de la izquierda, pero en el fondo solo están tratando de perpetuar el modo en el que tradicionalmente funcionó la economía norteamericana durante siglos, están demorando la posibilidad del socialismo. Está claro, para establecer en ese país el socialismo no basta que el estado sea dueño de las acciones de todos los monopolios norteamericanos, numerosas reformas sociales estarían por hacerse, pero intento restringirme al aspecto económico, para no agobiar al lector. Intento mostrar una tensión interna en su sistema de la que pocas veces se habla.

La gran interrogante puede parecer por qué, si la Unión Soviética y tantos otros países pusieron bajo un solo mando sus respectivas economías, quedaron tan atrasadas en el aspecto económico al compararse con el capitalismo más desarrollado. La respuesta es simple: sus economías nunca funcionaron como monopolios, sino como una sumatoria de empresas aisladas, similares en su funcionamiento al precario capitalismo decimonónico existente antes del triunfo bolchevique. Observemos cómo el crecimiento económico de la Unión Soviética comenzó a desacelerarse en la segunda mitad del siglo xx, justo cuando terminó de consolidarse en Occidente el capitalismo monopolista, una forma económica mucho más eficiente. Los soviéticos nunca abandonaron el siglo diecinueve en cuanto a su gestión económica, y recordemos que esa es una de las principales críticas que hizo el Che a su sistema. Los soviéticos no solo no introdujeron sus avances tecnológicos a la producción, no solo desviaron una barbaridad de recursos al sector armamentístico, no solo desatendieron la agricultura y la industria ligera en favor de la industria pesada: su problema matriz estuvo en calcar las herramientas de un capitalismo que no se había desarrollado lo suficiente, y luego tener que competir con el capitalismo ya bien desarrollado. De haber aplicado la manera de pensar de los nuevos monopolios occidentales, hubieran introducido sus avances tecnológicos a la producción, no hubieran desviado tanto dinero al sector armamentístico y definitivamente no hubieran desatendido la agricultura y la industria ligera en favor de la industria pesada. El monopolio piensa en un sistema de ganancias y rentabilidad que no es malo de por sí, lo que es malo es la explotación, que ya es diferente. Los socialismos tradicionales se basaban en una benevolencia insustentable, puesto que se basaba en la ayuda inmediata a la gente, y no en el crecimiento económico, no en la movilidad del dinero. Nuestro país vio estancada su economía cuando intentó construir monopolios de manera artificial, durante los años sesenta, y por el contrario se desarrolló cuando retomó el verdadero monopolio que se había creado en la isla, el azucarero. Lo que sucede es que la experiencia ha demostrado que el mundo es demasiado cambiante como para arriesgarlo todo en la monoproducción. Sobre el caso cubano quisiera escribir un artículo aparte, donde además planteara soluciones concretas.

La palabra socialismo hoy se usa no pocas veces con miedo, superficialidad o hipocresía. He preferido mostrar mi postura de lo que significa socialismo en el aspecto moral en un artículo titulado «El mito del emprendedor». Estas líneas están referidas al aspecto económico. No creo que el silencio de Marx acerca de la transición al comunismo, así como las críticas a los socialistas ingenuos de su época, fueran simple casualidad. Sospecho que Marx intuyó muy bien que al sistema capitalista le faltaba desarrollarse. No era adivino, y no podía saber lo que iban a constituir los monopolios, ni la superproducción, ni el titánico sector financiero, pero quizás intuyó que el punto de quiebre del sistema no podía ser simplemente moral. Por más que nos duela, el conocimiento de la injusticia de un sistema no basta para derrocarlo. Actualmente, a diferencia del siglo xix, el capitalismo trata de regular sus empresas para conservar el ápice de libre competencia que le dio origen y que lo justifica, tal y como los monarcas empezaron a regular a los crecientes burgueses, cuando notaron que los estaban convirtiendo en obsoletos. Creo que desde hace décadas el socialismo constituye una opción cada vez más viable, y no solo para el mundo desarrollado. Tal vez sea en el mundo subdesarrollado donde su victoria se vuelva más posible, dado que en él las contradicciones sociales capitalistas son más fuertes y esto permite a sus pueblos hacer saltos de fe que el miedo a perder la comodidad dificulta a los norteamericanos o a los europeos.

21 pensamientos en “Socialismo, la palabra angustiosa. Por Carlos Ávila Villamar

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  2. Carlos le felicito por el artículo, coincido en todo, excepto en que la URSS no avanzó por no ser su economía un monopolio, sino suma de empresas aisladas.
    Ciertamente, el paralelismo y calco de infraestructuras una y otra vez en cada koljós, industria minera, el equivalente soviet de nuestros “bateyes”, el poco encadenamiento, era terrible, una y otra vez se repetían en cada rama empresarial las mismas funciones en vez de contratarlas, pero hubo otros factores que imagino por brevedad no incluyó, y en mi criterio pesaron más a la postre.
    Uno de ellos es la no asimilación de la obsolecencia programada, la no aplicación ni promoción de resultados científico-técnicos sin un aval político, etc.
    En cuanto al capitalismo actual, hoy día existe el llamado Post-consenso de Washington, donde se le da supuestamente un mayor espacio al Estado, en realidad lo que se hace es descentralizarlo pero con la meta de entregar sus funciones a gobiernos locales, ongs, y finalmente a través de ellas al sector privado, pero no se ve como “el gobierno vendiendo el país al imperio” sino que en cada región, en solitario las autoridades y ongs (financiadas o no por usa y ue) negocian en desventaja con transnacionales y logran “el mejor acuerdo posible” (claro para las transnacionales) esto se ve en Latinoamérica. Creo que la palabra Socialismo no está en crisis, ni la política está en crisis, ni la lucha por la libertad está en crisis, están en crisis lo que han vivido de ella, aplastado en su nombre, abusado de la fe en ella. Los Stalin, Pol Pot, Siad Barre, Saddam Hussein, y otros como Gorbachov, Felipe González, Zapatero, y similares son los que han desprestigiado la idea de la práctica socialista, pero no al Socialismo como idea.

  3. ARTICULO MUY COMPLICADO PERO CREO QUE EN EL FONDO TRATA DE DESPRESTIGIAR=DESACREDITAR=LAS BASES DEL MARXISMO LENINISMO Y DE LA CONSTRUCCION DEL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO Y DE LAABOLICION DE LA PROPIEDAD PRIVADA TRATANDO TAMBIEN DE APOYARSE EN LOS BAJOS INSTINTOS DE ALGUNOS SERES HUMANOS PROPIOS DEL ENGENDRO CAPITALISTA Y CORRUPTO=
    !!AHORA!!UNIDAD ORGANIZADA DE TODOS LOS TRABAJADORES PARA LA CONSTRUCCION DEL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO!!AHORA!!

  4. Manuel, por favor, le pedí una vez no escribir en mayúsculas. Es como gritar.
    Segundo creo que este artículo pretende lo contrario de lo que usted interpreta.
    Saludos

  5. Tomo este post como una reflexión argumentada que se puede estar de acuerdo o no también con argumentos, sin embargo noto, tal vez es mi percepción equivocada, que esos mismos argumentos expuestos no sirven de base para hacer socialismo en un país pobre, “saltos de fe”, no seria lo mas recomendable cuando queremos ser científico en nuestras apreciaciones, tal vez el “método chino” de llegar al socialismo seria por donde tenemos que pasar, nos desarrollamos económicamente hablando llegando a la etapa monopólica y de ahí en guagua al socialismo, Marx nos dejo en el túnel largo con una linterna, al menos podemos alumbrarnos, no es poco, tenemos que seguir caminando.
    Saludos

  6. Es el socialismo o es la barbarie, son los dos únicos caminos. No se puede forzar a la humanidad a transitar por el camino de la codicia y el odio por mas tiempo. Ni se puede convertir la vida en una eterna competencia como señalaba Einstein en su articulo Por que el socialismo?
    O acaso un grupo de privilegiados seguirá acumulando las riquezas mientras que aumenta la miseria cuando hasta ellos mismos necesitan las drogas para poder vivir en el estupido mundo que han creado.
    La humanidad debe lograr detener el holocausto provocado por la codicia y el racismo o antes ellos lograran resolver el exterminio masivo con proyectos de eugenesia al estilo de los Bill Gates, los Rockefellers y otros. O conseguir el arma biologico-genetica para eliminar grupos raciales completos.
    Los seres humanos antes de viajar por las estrellas deberan resolver convivir en casa. El futuro no podra ser para que algunos privilegiados puedan huir de una probable aniquilación nuclear en el planeta como ya se anuncia por Elon Musk otro de los iconos del sistema.
    Cuando la ciencia describe la historia del universo en millones de años con eso de hecho esta certificando las ideas de la evolución y no sera el caso que resultemos peores como seres humanos que nuestros antepasados como bestias salvajes.
    Otras ideas son tonterías que iran quedando en el camino, si tenemos chance de lograr un mundo mejor.

  7. Pingback: El Socialismo buena lectura – carlosardilesblog

  8. Carlos argumenta muy bien los elementos definitorios del socialismo y esclarece imprecisiones y conceptos errados en torno a esta etapa de nuestro desarrollo. Concuerdo con él cuando dice que “el monopolio es la forma económica más desarrollada que ha dado el capitalismo” y “los monopolios han hecho posible que las crisis del mundo desarrollado sean a causa de la excesiva y no de la insuficiente producción.”
    La penetración yanqui en nuestra agricultura a través de la industría azucarera y el latifundio azucarero propició la proletarización y estratificación de nuestro campesinado. Ello luego facilitó la organización de la propiedad de la tierra en granjas y empresas estatales como formas para alcanzar el desarrollo agrícola e industrial.

  9. Quiero compartir con los foristas la siguiente ponencia del curso “Análisis crítico de la economía capitalista” de la Universidad Complutense sobre el “modelo nórdico” que algunos han tomado como objetivo al cual aspirar para Cuba. Vale la pena escuchar la presentación y los comentarios:
    El modelo sueco: análisis de la experiencia socialdemócrata de gestión capitalista

  10. Interesante escrito, concuerdo en muchas cosas en cuanto al desarrollo del capitalismo como forma de propiedad y de producción y de cómo ha ido logrando auto modificarse para seguir desarrollándose, pero discrepo y creo es fácilmente demostrable que es exactamente todo lo contrario esta idea de que “El capitalista ha llegado a una explotación pura, sin necesidad de gestión siquiera. Las empresas funcionan a la perfección sin él.”, la gestión es creo hoy muchísimo más complicada en la misma función que se ha ido globalizando el mundo, lo que sistemas informáticos quizás transparentan o hacen menos visible cómo se logra orden y eficiencia cuando de multinacionales estamos hablando pero que existe gestión casi en tiempo real de cualquiera de las actividades productivas o de servicios en este capitalismo moderno es indiscutible. En cuanto a la socialdemocracia no creo sea nórdica o de condiciones específicas, al día de hoy es la forma más seguida de gobierno a nivel global, indiscutiblemente donde mejores resultados tiene es en el mundo desarrollado pues parte con condiciones de ventaja evidente, pero existen países como Chile que muestran que en las condiciones de américa latina es también funcional, inclusive gobiernos de izquierda como el de Rafael Correa en ecuador jamás desmonto los estándares logrado más bien redirección e intento aplicar a su forma y posibilidades esa socialdemocracia europea que conoce perfectamente. En cuanto el Socialismo mientras tanto no se demuestre lo contrario sigue siendo como he dicho antes un excelente libreto pero imposible de poner en escena. Medio siglo de intentos en diferentes países, bajo diferentes conceptos y aproximaciones terminaron en fracaso, los únicos sobrevivientes resaltables son los Chinos y los Vietnamitas que siguen un socialismo muy específico para su idiosincrasia y posición geográfica. Yo preferiría que me convidaran a intentar otra cosa, la socialdemocracia me parece excelente, probada aunque sea en países en desarrollo que han ido mostrando un real desarrollo.

  11. Bueno, amigo Livio, socialdemócratas fue el Felipe González de los GAL y la Acción Democrática de las guarimbas, ¿en qué lugar del tercer mundo han hecho algo que sirva?

  12. Cuando termine de ver la Mesa Redonda le explicaré a Don Livio la socialdemocracia, fuente de apoyo político al capitalismo, y lo que ha significado para Chile.

  13. Yo si creo que la empresa estatal socialista puede existir desarrollarse y ser eficiente, lo que no creo que prospere como se ha llevado en cuba, la industria estatal socialista tiene que tener independencia económica (con control), sus planes tienen que estar basados en estudios de mercado, que es el que regula la producción, ninguna empresa sea estatal o privada prosperara cuando te asignen un plan de gastos e ingresos y no te puedes salir de ahí, cuando te obligan a comprar tus insumos a proveedores específicos sin darte la posibilidad de buscar alternativas, donde no puedas importar directamente para bajar tus costos de producción y un sin números de etc. los monopolios son empresas grandes y los gerentes de las fabricas, tiendas e industrian no son dueños, es decir la empresa socialista puede existir pero con independencia económica para que pueda desarrollarse y pagando los impuestos necesarios al estado, al final una empresa mas eficiente es mas ingresos para el pueblo, en teoría en un pais socialista los medios de producción están en manos del pueblo, todavía nos falta mucho para que el pueblo en cuba se sienta realmente dueño de las empresas y su beneficios, Fidel dijo en los primeros años de la revolución que cuba en pocos años iba hacer el pais mas desarrollado de américa, con los salarios mas altos, no se cumplió pues una gran responsabilidad la tubo el bloqueo y otra nuestros propios errores.

  14. El articulista olvida que el desarrollo de Cuba por el azucar en los 70 y 80 fue gracias a un precio preferencial dado por el CAME al azucar, a costa de comprar la tecnologia obsoleta de esa organizacion. Ha escogido por otra parte el peor ejemplo para explicar la transicion a una economia capitalista desde una socialista, Rusia, por que no escogio la Rep Checa o Hungria? Por su poblacion habria que escoger para un estudio comparativo Belgica o Portugal, Viet Nam podria ser otro. Ya hace decadas en Cuba no hay socialismo, no puede haberlo con empresas mixtas y un salario medio tan bajo (incluso si le incluimos la educacion y la salud ), con un deficit tan grande en viviendas y consumo de bienes materiales basicos.

  15. Algunas ideas sobre lo que se discute.
    Dr. en Ciencias Históricas e Investigador Auxiliar
    Instituto de Filosofía, Citma, Cuba.

    Las conceptualizaciones teóricas y las acciones prácticas en el organismo social tienden a confirmarse con cierta relatividad, también conducen a evasiones y distorsiones de los contendidos y formas de las proyecciones programadas, al variar su prevista aplicación en la praxis concreta, sin importar en demasía las líneas estratégicas, tácticas e intenciones establecidas de antemano, ni siquiera aquellas que conlleven ideas de re-creación y renovación de probables mejoras públicas y los designios positivos de la voluntad política de los decisores en conjunto con el apoyo democrático de las masas populares.

    En el terreno de lo social tales teorizaciones y prácticas, si no son sistémicas y aun siéndolas, suelen adentrarse en complejas contradicciones, paradojas y perplejidades como consecuencia de las heterogéneas interacciones en la vida real, que no solamente son económicas y sociales, sino que abarcan todo el abanico multicolor de la realidad societaria, el ser humano individual y colectivo en conjunto armónico con la naturaleza; su posible absorción crítica o acrítica por el entorno sociocultural acumulado y el que se reconstruye por las propias prácticas, revolucionarias o deformadas -por el capital o un socialismo deficiente-, (1) en todos los niveles; al entrelazarse, asimismo, con los factores internos / externos, previstos e imprevistos (azares); las múltiples subjetividades de los diversos actores sociales, incluidas las clases sociales con sus diferentes propósitos; las siempre presentes indeterminaciones, las bifurcaciones y procesos emergentes, por lo que acontecen diferentes apropiaciones de tales pensamientos y accionares de acuerdo a los intereses, posibilidades y las capacidades culturales adquiridas por los agentes del cambio, produciéndose una alteración, a veces sustancial, con la finalidad de la planificación indicada, que, en ocasiones, no prevén los impactos negativos que pueden acarrear. (2)

    En tal caso, siempre recurrente, el plan debe reajustarse, rectificarse y modificarse de manera urgente, para que no prosigan las desarticulaciones y deformaciones.

    Tal parece suceder al proceso de implementación de las políticas de actualización del modelo económico y social cubano, (3) cuyo fin es conducir hacia un socialismo próspero y sostenible, además de independiente, soberano, democrático, a lo que se ha de sumar el carácter antimperialista del proyecto. Aunque pensadas para llevarse a cabo sin prisa, pero sin pausa, los derroteros de las mismas han encontrado innumerables retos y ritmos menos acelerados que los ambicionados. Sin ser concebidas tampoco como un reajuste estructural integral -entiéndase reestructuración profunda- (4) y si como un conjunto de reformas, aunque el término no se utilice en el discurso político, y sí, en el académico, las transformaciones enmarcadas en el terreno económico esencialmente, desafían las viejas prácticas de más de cincuenta años de proceso transicional socialista con las introducción de las nuevas propuestas en un complicado entorno nacional, regional e internacional.

    Al decir de la socióloga cubana Mayra Espina, la orientación fundamental hacia la recuperación de la sustentabilidad económica del proyecto socialista es una meta pertinente y decisiva, porque sin sustentabilidad económica no hay proyecto social. Sin embargo, agrega que no parece conveniente violentar el carácter sistémico de lo social y asumir una lógica de intervención-transformación por etapas fragmentadas, donde primero se actúa sobre lo económico y después sobre lo demás, donde lo social queda como preservación de conquistas y lo político más bien pareciera que no está urgido de cambios. (5)

    Como expresara el politólogo Juan Valdés Paz “…el socialismo no puede posponer indefinidamente la democracia que ha prometido (…) uno de los grandes retos que tenemos para superar la sociedad actual, es el tema de plantearnos no solamente reformas económicas, sino reformas en todas las esferas, que den lugar a un mayor desarrollo democrático.” (6) Porque según este autor, no se trata solamente de enunciar la consigna acerca de un ‘socialismo próspero y sostenible’, sino que esta se concientice y forme parte, a través de un debate riguroso, en una cultura de masas, en un discurso hegemónico ya que, al final, en “…todas las esferas nosotros tenemos que asegurar la hegemonía de la cultura socialista, o si no habremos perdido; la oposición y el disenso tienden a agruparse donde precisamente la hegemonía socialista es más débil.” Ello supone una educación y formación de los hombres y mujeres que deben pensar y hacer no sólo desde el ángulo individual, sino también desde una arista consciente colectivista solidaria.

    Entonces, si el socialismo está lejos de haber sido transitado o construido en Cuba, más bien se reinicia o continua en circunstancias históricas más complejas, tal empeño constituye por fuerza un HOY. No se puede, por tanto, dejar al libre quehacer del desarrollo de las fuerzas productivas, una visión economista bajo el signo inexorable del mercado que debe ser regulado por el pueblo [no sólo por el Estado] con el fin de robustecer y hacer más eficiente al país desde el punto de vista económico, alcanzando el bienestar común, para luego retornar y repensar ideopolítica y culturalmente el socialismo. (7)

    Los peligros relacionados ante estas tardanzas, como los comportamientos desideologizadores y de conservatizaciones latentes en la sociedad, nos compulsan a relanzar la persuasión y seducción de una teoría filosófica, política, ética y estética marxista y de otras escuelas que puedan aportar al empeño, (8) para la reconstrucción práctica socialista en el cuerpo societal desde otras perspectivas actualizadas, con novedosos códigos y métodos democráticos, esencialmente participativos desde abajo y con una impronta cultural-civilizatoria de liberación comunista, contrahegemónica y antisistémica al capitalismo.

    En algunas instancias públicas, ya sean partidistas, laborales y barriales, donde se discutieron amplia y profundamente los documentos existió la preocupación que no se expusiera diáfanamente hasta dónde había llegado el proceso revolucionario socialista cubano en medio siglo, tal como lo realizado en el Programa del Partido confeccionado en 1975 y 1986, (9) respectivamente, que por razones no explicadas dejaron de funcionar, a pesar de poseer una interesante perspectiva holística para su tiempo y los venideros. Específicamente, luego de las causas que propiciaron el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas (1984-1986) y las consecuencias de su interrupción en septiembre de 1990, (10) y el violento transcurrir del denominado ‘Período Especial’, el cual no ha concluido. (11)

    O sea, no hubo un análisis histórico-político explícito y comprensible de lo alcanzado -de seguro se poseía-, ya fuera satisfactorio, regular e impropio; tampoco se realizaron los balances adecuados acerca de los puntos de partida que lo antecedían y aquellos que continuaron agravándose o que lograron consensualmente la estabilidad-gobernabilidad política en este tumultuoso espacio tiempo, aunque la crisis económica fue evidente; las experiencias que podían tomarse, aquellas que debían abandonarse, y las nuevas vías para solucionar las contradicciones socioeconómicas, políticas y culturales que se fueron acumulando y creando en un escenario nacional y mundial que ya iba conformándose como completamente diferente.

    Además, muchas de las reuniones fueron fuentes de criterios, opiniones y valoraciones críticas que interpelaban y enriquecían la agenda oficial de tales propuestas, informaciones que fueron recogidas y no se supo el curso de las mismas, porque no fueron devueltas con explicaciones a los núcleos del partido, los comités de base de la juventud y de las organizaciones de masas y sociales, así como al resto de la sociedad civil organizada.

    La falla y omisión ha consistido, a nuestro entender, en que se han aprobado sólo parte de las modificaciones, añadidos y otros argumentos diferentes surgidos de estas discusiones, por cierto, no menos sólidos y argumentados, no sabiéndose el por qué no se tuvieron en cuenta ya que no se ofrecieron las cifras estadísticas, ni las interpretaciones que condujeron a su apartamiento, menos las explicaciones del por qué y cómo sucede ese proceso de selección -no estimamos aquellas que pudieran considerarse oposiciones abiertas- que queda en manos de un grupo, que no sólo es la máxima instancia política del país, sino de asesores y expertos que pocos conocen, aunque puede deducirse que estos especialistas seleccionados, aunque hayan debatido y expuesto sus posiciones, quedaron en franca desventaja ante las ideas de los decisores políticos.

    Entre las ciencias sociales comprometidas y los políticos siempre existirán diferencias de apreciación sobre lo que al final se decide. Los primeros pueden hacer reflexiones pausadas temporalmente y los segundos deben aplicar rápidamente las políticas. Y esa asincronía es normal, sólo que debe existir un equilibrio y códigos de comunicación y coordinación aceptables para unos y otros. No puede existir subordinación y divorcios si están enmarcados en posiciones socialistas revolucionarias.

    De ello, sólo podía dar cuenta los numerosos discursos del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y los del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente del Consejo de Estado y Ministros y Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, solo que haciendo mayor énfasis en lo que habrá que superar en las nuevas condiciones, muchas de ellas heredadas del pasado lejano y reciente.

    Por otra parte, la experiencia demuestra que la implantación de un nuevo sistema es una tarea sumamente complicada cuando se trata de mantener una dirección eficiente, ya que no se puede dar por terminado un nuevo sistema si no se ha diseñado la gráfica, con cierta exactitud, de sus componentes, con el rótulo y la función de cada uno en un orden establecido, pero a la vez, con una dialéctica de síntesis integral y totalidad. (12) La incoherencia, la falta de integración y la fragmentación no son buenas consejeras para llevar a cabo el cambio, aunque este sea de tipo parcial.

    Para ello resulta necesario asegurar el buen funcionamiento de la aplicación en la cual deben y tienen que elaborarse instrucciones precisas, aunque sujetas a mudanzas, sobre la función que le corresponde en el sistema; tener bien definida la trayectoria detallada y el procedimiento en cada una de las partes; y finalmente las tareas correspondientes a cada integrante del sistema, así como los lugares y plazos para realizarlas, entre otros aspectos. Por otra parte, las actividades coordinadas no solo deben tener correspondencia unas con otras, sino que también deben ser realizadas en tiempo oportuno, armonía y sincronización.

    La previsión, descentralización estatal y empresarial, planificación flexible, información coherente y precisa a tiempo, organización, comunicación transparente, coordinación, contabilidad, facilitamiento de las iniciativas y control popular son partes indiscutibles del modelo económico social que desea implantarse en el organismo social nacional.

    A lo que suma, la diversificación de las formas de propiedad, gestión, cogestión y de nuevos sujetos y actores económicos (propiedad estatal, no estatal, mixta, extranjera, cooperativa, pequeña y mediana propiedad privada), configuración de un real mercado de trabajo (como pauta ideal); también de relaciones monetarias-mercantiles, la aceptación del mercado regulado y la acción de la ley del valor en la etapa de tránsito; la concesión de un papel preponderante a la sustitución de importaciones, específicamente en el sector alimentario, con exportaciones de alto valor agregado; el incremento de la inversión de capital extranjero, facilidades para obtener tecnología de avanzada e inserción en mercados internacionales; incremento del protagonismo de la escala del gobierno municipal y local, en especial, la municipalización de las estrategias de desarrollo y la política social; construcción de un universal sistema tributario; orientación a la estabilidad económica y financiera; fin del derroche de recursos naturales, cuidado de la naturaleza y el hombre, etc.

    Porque es un arte de orden relacional el realizar las transformaciones con la participación activa de las personas involucradas, pero no con decisiones tomadas verticalistamente desde arriba, sino con una interacción de las decisiones tomadas desde abajo.

    No es ocioso reiterar que, en el empeño transicional socialista resulta imperioso recurrir a la creación, recuperación y reconstrucción de epistemes transdisciplinarios, síntesis críticas del acumulado histórico de las luchas / saberes de pueblos originarios y de combates sociales (y socioclasistas) / conocimientos contemporáneos, capaces de captar e interpretar crítica y multidimensionalmente, con apta sabiduría política, los momentos trascendentales, los coyunturales y las contingencias para ponerlas a tono con la realidad en el presente, y renunciar a los “ajustes” que accionan como camisas de fuerzas, remitiendo a modelos preconfigurados por presupuestos de un pasado que muestra indiscutidas obsolescencias. (13)

    Si los revolucionarios y marxistas manifiestan en sus programas políticos, tanto mínimos como máximos, la pretensión de poder brindar más de lo que pueden cumplir, además de ser constantemente inexactos y poco discretos, surgirá el recelo que las elaboraciones pecan de fantasía, de estar rezagadas de las necesidades prácticas de la gente, perdiéndose la terrenalidad seductiva de las propuestas. Ello no significa renunciar a la utopía, aquella que ilumina e impulsa la acción, porque las revoluciones auténticas llevan consigo la obsesión de la mística revolucionaria, la fe en el ser humano mejorado, el cultivo de la individualidad en la entrega colectivista-solidaria, por lo que constituye un estado de consciencia y de espíritu, cuando lo que parece insólito, al decir del comandante Ernesto Che Guevara, se convierte en cotidiano. Ese territorio político cultural, en donde las victorias y derrotas no son definitivas, sino puntos de recomienzos.

    Sin embargo, para el socialismo es necesario que la producción nacional aumente y no solamente en el sector primario, según las pautas impuestas por el mainstream del capital internacional; los trabajadores produzcan más para beneficio de ellos y de toda la sociedad; de sustituir importaciones y crecer en exportaciones -más allá del modelo Cepalino-; que las fuerzas productivas logren un elevado desarrollo en medio de un adverso mundo económico que produce globalmente, fragmenta geográficamente el proceso productivo y conserva el dominio del valor agregado a través de una supremacía tecno-científica amparada por sus reglas de propiedad intelectual, un know how que no transfiere a los países más atrasados o en vías de desarrollo.

    Asimismo, las naciones que emprenden el tránsito socialista, urgen de insumos productivos que son elaborados en el exterior, por lo que no resulta tan importante que un producto, incluso con alto valor agregado, lleve el sello nacional si este depende de la importación de los elementales factores productivos, que necesitan además de financiación externa. Hoy en día, el valor de uso de los medios de producción, la producción en sí misma y los medios de consumo se deprecian más rápidamente, por lo que se requiere de productos de alta calidad y que no cumplan su ciclo de uso productivo de manera acelerada.

    A la vez, no está pre-escrito cuáles son las ‘dosis’ de capitalismo que pueden mellar de una u otra manera al socialismo -sin satanizar las formas de propiedad y gestión no estatales, entiéndase privadas, mixtas, etc.-, saber hasta dónde llegarán las viejas y ‘nuevas clases burguesas’ que resurgen a lo interno -mientras sus pretensiones son obvias-, en los instantes en que el socialismo se inserta y adapta críticamente al océano hegemónico capitalista, hoy transnacional neoliberal, que le rodea.

    Como sociedad en la que predomina la escasez, aunque exista cobertura básica de salud, educación, cultura, deporte, asistencia y seguridad social, etc., de equidades no resueltas, desigualdades que han crecido, etc., como consecuencia de las presiones y agresiones externas, más las insuficiencias internas, el ideal comunista corre el peligro de transfigurarse en un imaginario popular de filo castrado, que devenga en egoísmo, individualismo y en una crisis de legitimidad ideológica.

    Porque, en las distintas etapas transicionales, prosiguen manifestándose grados de explotación y la enajenación del ser humano, aquel ‘fetichismo’ de la mercancía que abarca al hombre como sujeto-objeto, en el proceso de producción material y reproducción de la vida, ya que continúa la compra-venta de la fuerza de trabajo.(14) Por ello, uno de los problemas más acuciantes que debe enfrentar el tránsito socialista es el supuesto “principio” de distribución socialista: “de cada cual según su capacidad a cada cual según su trabajo”, trastocado en los manuales, el discurso político y académico, que no está presente en la “Crítica del Programa de Gotha”, porque para Marx el trabajo no era únicamente la fuente de toda riqueza y cultura, sino la fórmula del capitalismo para obtener más ganancias. (15)

    Más contundente si, en el tránsito socialista, no están resueltas, ni siquiera parcialmente remediadas, las problemáticas diferenciadoras entre el trabajo manual y el intelectual, el abstracto y concreto, el simple y el complejo, el individual y el social, el productivo e improductivo, el tiempo de trabajo necesario y el tiempo de trabajo adicional de los trabajadores; tampoco la connotación el valor de uso y el valor de cambio, entre otros.

    Ante tal problemática, Carlos Marx en su obra ‘El Capital’, se dedicó a establecer las diferencias y vínculos de dependencia entre las relaciones de distribución y las de producción, también con las de consumo. (16) De tal forma, las formas redistributivas no pueden verse como algo ajeno o separadas al modo de producción, tampoco en el tránsito, que posee muchas esencias fenoménicas del viejo modo de producción burgués, en específico su derecho burgués más abarcador que en la distribución.

    Por lo que, el ‘modo de producción no debe considerarse solamente en el sentido de la reproducción de la existencia física de los individuos, un determinado modo de manifestar su vida, un determinado modo de vida de los mismos’, porque el capitalismo no es solo un modo de producción de bienes materiales, sino constituye un modo de producción de la vida social, un modo de producción de la subjetividad y un modo históricamente determinado, de apropiación material y espiritual, entiéndase cultural, de la realidad por los seres humanos.

    Resultando errado el tomar como único y esencial la llamada (re)-distribución y hacer un exagerado hincapié en ella, porque la distribución salarial, por ejemplo, y de los medios de consumo es, en todo momento, un corolario de la distribución de las propias condiciones de producción.

    Exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución, es totalmente falso. (17) Y esa historia cual remanente de larga duración prosigue vegetando, sobreviviendo, tal fantasma inevitable, en el tránsito.

    El concepto guevarista del ‘Hombre Nuevo’, sigue siendo una idea fuerza que sintetiza los valores sociales, económicos, políticos, intelectuales orgánicos y culturales-espirituales que la construcción socialista debe generar, como un ideal y un objetivo de un ser humano integral, altruista y sacrificado; patriótico, antimperialista, solidario e internacionalista, que no mutile la individualidad, ni los intereses económicos, entre otros, de la colectividad. Con elevados valores éticos-políticos, en cuya formación se involucran factores objetivos y subjetivos, como son la actitud ante el trabajo, que debe tener presente la concepción axiológica del mismo como autorrealización y deber social, como lo percibe el Che Guevara, en el trabajo voluntario que práctica y aúpa, no concibiéndolo únicamente como vía para el desarrollo de la producción y la productividad, sino que el objetivo fundamental es lograr que se trabaje por la conciencia de estar aportando al desarrollo de la nueva sociedad sin esperar beneficios materiales.

    Que recalca el papel fundamental a desempeñar por los estímulos materiales y espirituales, el rol de la formación, la (auto)-educación y la cultura, así como a través de un lento proceso en el que se coexisten factores ideológicos y morales racionales, vinculados también con necesidades intelectuales, espirituales y culturales, conjuntamente con el desarrollo de la ciencia y la técnica, que deben ser puestas al servicio de los explotados y oprimidos, y de toda la humanidad, sin exclusiones. (18) El Che sostenía que, “…Si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria” (19)

    Otro problema agudo del tránsito socialista, es el modo de pensar y accionar del burocratismo y la tecnocracia, ambos entrelazados con el vulgar economicismo y el productivismo, y en muchas ocasiones, con un pensar liberal y socialdemócrata. “El método burocrático -explicó el compañero Fidel Castro- implica el riesgo, incluso, de sacrificar una serie de principios que son fundamentales para la revolución. Y, sobre todo, hacerle perder -renunciar- a lo que es tan fundamental en la revolución: la iniciativa, el espíritu creador y el entusiasmo de las masas. Porque una revolución es, sencillamente, una tarea de pueblo, no es una tarea de funcionarios administrativos, no es una tarea de dirigentes revolucionarios. Una revolución es una tarea de pueblo. Y el método burocrático está en contradicción absoluta con el principio de la revolución socialista.” (20)

    Sin llegar a ser propietarios, en el amplio espectro del término, van conformando un extraño tejido junto a las clases pequeñas y medias, (21) que van creciendo en el período del tránsito socialista, y que circundan, cuales demonios, las cabezas de algunos de los cuadros y funcionarios de distintos niveles de dirección que, desdichadamente, son nombrados, en la mayoría de los casos, desde arriba o ‘a dedo’; que asumen, de facto y de “jure”, responsabilidades sobre las personas y recursos, ingresos que no sólo están determinados por las funciones que ejecutan, importancia y dimensión, sino que comienzan a aceptar beneficios sobre la base de una supuesta conducta exigida sujeta a normas esquemáticas, sin corresponder y representar realmente al pueblo.

    Tal mecanismo instrumental y antidemocrático convierte a ciertos dirigentes, subjetivamente, en supuestos jefes “impunes e inmunes”, porque el dogma hacia las lealtades ‘necesarias’, se truecan en (des)-virtudes, enraizando las rutinas e inercias al defender sus estatus, prebendas y privilegios, que “ganaron” sin consulta previa, regulación y control de las masas populares, reproduciendo el ‘arribismo’, el ‘espíritu de intriga’ y el ‘servilismo’, además de la corrupción.

    Sin subestimar las condicionantes agresivas del establishment estadounidense, los enemigos y las insuficiencias internas, Cuba no puede ni debe dejarse imponer límites a su libertad y democracia más plena, y si demostrarle al ‘gigante de las siete leguas’ y sus acólitos, los límites de su poder.

    Notas y bibliografía.
    (1) Carlos Marx asentía que la práctica revolucionaria, era un elemento consustancial para el despliegue de una nueva sociedad comunista, incluso en su etapa transicional socialista, porque consistía en que el ser humano podía cambiar, material y espiritualmente (la mentalidad), al mismo tiempo que cambiaban sus circunstancias, pero no automáticamente, sino en un difícil proceso de concientización de auto cambio, fruto de sus actividades, de las propias luchas (o la carencia de ellas), por lo que el desarrollo de las capacidades humanas no sólo se basa en el trabajo, sino a través de las causas-consecuencias, intermediaciones incluidas, de todas las relaciones sociales en las cuales realiza sus actividad teórica y práctica, en que se reproduce e interactúa de forma directa y protagónica en los procesos de producción, distribución y consumo, inmerso en un sistema que debe ser orgánico. Lebowitz, Michael A. (2015): Las contradicciones del “socialismo real”. El dirigente y los dirigidos, Ruth Editorial e Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, La Habana.
    (2) Morín, Edgar (1999): Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, UNESCO, París.
    (3) “Lineamientos de la Política del Partido y la Revolución para el período 2016-2020”, “Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista” y la “Acepción de algunos términos utilizados en la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista y en las Bases del Pan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030”, El “Plan Nacional de desarrollo económico y social hasta 2030: propuesta de visión de la nación, ejes y sectores estratégicos”, Granma digital, 2017; Tabloide, 2017.
    (4) En 2008, el entonces Doctor en Economía e investigador del Centro de Investigaciones de Economía Internacional (CIEI) de la Universidad de La Habana, Pedro Monreal González, brindó una apreciación de las diferencias entre reforma económica y cambio estructural en el sistema de relaciones sociales de la economía cubana. Y si bien señaló que ambos procesos están entrelazados dialécticamente, propuso que las reformas podían anteceder al cambio estructural más profundo. Monreal González, Pedro (2008): El problema económico de Cuba, Espacio Laical, 2/2008; 14 de junio de 2009; http://miscelaneasdecuba.net/media/Pdf1/ElProblemaEconomico.pdf.
    (5) Espina, Mayra Paula (2015): Reforma económica y política social de equidad en Cuba, en Cuba: los correlatos socioculturales del cambio socioeconómico, Coordinado por Mayra Paula Espina y Dayma Echevarría, Editorial Ciencias Sociales y Ruth Casa Editorial, La Habana, p. 219.
    (6) Valdés Paz, Juan (2016): El socialismo no puede posponer la democracia que ha prometido, entrevista concedida a Carolina García Salas y Fernando Luis Rojas, Catalejo, 15 de abril.
    (7) Cruz Capote, Orlando (2015): “Pensar es prever: Posibles escenarios de la guerra de pensamiento en Cuba, Revista Cubana de Ciencias Sociales, filosofi@.cu editorial, Instituto de Filosofía, La Habana, 146-147.
    (8) El marxismo se desarrolla en contradictorios diálogos críticos con otras escuelas y corrientes de pensamiento, incluso burguesas, por lo que debemos apropiarnos críticamente de algunas pistas teórica-prácticas de la Teología de la Liberación, la Pedagogía Popular, la Filosofía de la Liberación, al Pensamiento Crítico, los saberes de los pueblos originales (indígenas) y de los movimientos populares, sociales, políticos, partidos políticos tradicionales y nuevos, que están presentes en Nuestra América, en el Sur geopolítico y en los movimientos antisistémicos, o no, del Norte capitalista desarrollado.
    (9) Plataforma Programática del Partido Comunista de Cuba (1978): Editorial de Ciencias Sociales, La Habana; Programa del Partido Comunista de Cuba (1986): Editora Política, La Habana.
    (10) Castro Ruz, Fidel (1984): Discurso pronunciado en la clausura del VII Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Granma, Suplemento, La Habana, 4 de enero de 1985; Informe Central. Tercer Congreso del Partido Comunista de Cuba (1986): Editora Política, La Habana; En el XXV Aniversario de la Victoria de Playa Girón y de la Proclamación del Carácter Socialista de la Revolución, (1986): revista Cuba Socialista, No. 6, 2da etapa, sep.-oct., La Habana; Por el camino Correcto. Compilación de textos. 1986-1987, Editora Política, La Habana; Por el Camino Correcto (1988): Editora Política, La Habana; En la trinchera de la Revolución. Selección de discursos, (1990): Editora Política, La Habana; En la Trinchera de la revolución (4 de abril de 1990- 19 de abril de 1991), Editorial José Martí, La Habana, 1991; IV Congreso del Partido Comunista de Cuba. Discursos y Documentos, (1992): Santiago de Cuba, 10-14 de octubre de 1991, Editora Política, La Habana.
    (11) El llamado Periodo Especial fue el intento de mantener las conquistas de independencia y soberanía nacional, equidad, justicia y dignificación logradas por más de medio siglo de transformaciones socialistas en Cuba, en medio de situaciones adversas de sobrevivencia con la afectación inevitable en el sistema de valores y conductas morales de la población. El costo social y político, no solo el económico, se arrastra hasta el presente. Sin embrago, es justo reconocer que el mérito de la resistencia en nuestra sociedad hizo posible la propia existencia de la Revolución Cubana en medio de aquellas crisis, lo cual implicó un estímulo y su inserción en el acumulado de las luchas y resistencias populares, indígenas y afrodescendientes que emergieron a lo largo de toda América Latina y el Caribe para enfrentar la embestida de recolonización neoliberal imperialista, a partir de 1992.
    (12) García Oliveras, Julio A. (2016): Algunas reflexiones sobre la implementación de los Lineamientos, Cubadebate, 18 diciembre, La Habana.
    (13) Valdés Gutiérrez, Gilberto (2017): Soñar y pensar en Cuba, filosofi@.cu Editorial, Instituto de Filosofía, La Habana.
    (14) También persiste el racismo, la discriminación por razas y géneros, además los etáreos; el patriarcalismo, el machismo, la xenofobia, la homofobia; permaneciendo, al unísono, la marginación, precarización y la exclusión de sectores del cuerpo societario, la no práctica del ahorro-cuidado de los medios producción; el derroche de los recursos naturales, minerales y humanos; la depredación excesiva de la naturaleza, aunque se luche y se trate de remediarlos y superarlos.
    (15) Marx, C. (2009): Crítica al programa de Gotha, (Glosas marginales al programa del Partido Obrero Alemán), Editorial Ciencias Sociales, La Habana.
    (16) Marx, C. (1973): El Capital, en tres tomos, T. III, Capítulo LI, Relaciones de distribución y relaciones de producción, Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, p. 882 y p. 887.
    (17) Marx, C. (2009): Crítica al programa de Gotha, Ob. Cit., p. 34.
    (18) Guevara de la Serna, Ernesto (1965): El Socialismo y el Hombre en Cuba, en Che presente. Antología Mínima (2011): Editorial Ciencias Sociales, La Habana, p. 230.
    (19) Che Guevara, Ernesto (1963): Entrevista de Jean Daniel, L’Express, Francia, 25 de julio.
    (20) Castro Ruz, Fidel (1961): Palabras pronunciadas en la reunión con los trabajadores bancarios, La Habana, 16 de octubre de 1961. Ediciones Obra Revolucionaria, No. 39, La Habana, p. 8; Machado, Darío L. (1990): Burocracia y Burocratismo, Editora Política, La Habana; Cruz Capote, Orlando (2016): Sobre el burocratismo en el socialismo. Unas breves notas, 16 de junio, http://www.nodo50.org/cubasigloxxi.
    (21) Djilas, Milovan (1960): La nueva clase. Un análisis del régimen comunista, Editorial Librerías Unidas. S.A., La Habana.

  16. Gracias Orlando. Lo voy a imprimir y guardar en mi carpeta. Luego de leerlo y analizarlo emitiré mi comentario.

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